El amor prohibido

entre Humántahu y Gedeco

Otro de los relatos más relevantes dentro de la cosmogonía emberá es el origen del Sol y la Luna. Esta triste historia de amor, en la cual Caragabí es participe, no solo relata el inicio de estos cuerpos celestes, sino que también narra el principio de los apellidos dentro de la comunidad emberá katío. Este relato trata del amor entre Humántahu y Gedeco.

Hace muchos años, cuando Caragabí estaba organizando el mundo emberá, el Sol y la Luna fueron unos de los primeros pobladores de este mundo. Eran humanos y no astros en el cielo. Humántahu se llamaba el hombre y Gedeco la mujer. Ellos eran hermanos de sangre y se amaban mucho, pero era un amor prohibido. Aun así, su amor era más fuerte y resolvieron unirse sin que Caragabí lo supiera. Lo que ellos no sabían era que Caragabí es el dios que todo lo creó y todo lo ve. Ante esta situación, Caragabí decidió castigarlos separándolos. Acto seguido, convirtió a Humántahu en el Sol y a Gedeco en la Luna.

En un inicio, el Sol y la Luna estaban juntos en el cielo, pero los rayos del Sol quemaban a Gedeco y la Luna congelaba a Humántahu. Ambos le reclamaron a Caragabí por esta situación: «Estoy muy cerca y mis rayos son muy fuertes; debo estar más lejos», dijo Humántahu. Gedeco también se manifestó: «Estoy muy cerca y produzco mucho frío, debo estar más lejos». Caragabí accedió a separarlos aún más, enviándoles de extremo a extremo para que desde allí alumbraran a la Tierra. Es por esta razón que Humántahu solo brilla en el día y Gedeco en la noche.

Gedeco siguió amando profundamente a Humántahu y deseó siempre tenerlo a su lado. Entonces, unos días al mes la Luna comienza a mostrarse en el cielo para enamorar al Sol. Poco a poco le guiña un ojo hasta volverse redondita y luminosa para atraer a Humántahu de nuevo. El Sol ya no la ama como antes y poca atención le pone, Gedeco enfurece hasta ocultarse completamente de nuevo mirando de reojo al Sol. Aun así, la Luna siempre amará al Sol por lo que le coquetea cada mes, y a los días se ocultará otra vez ante el rechazo de su amado.

Caragabí, para evitar que estas uniones prohibidas siguieran sucediendo, reunió a los emberá. Les dijo a los jefes: «De ahora en adelante, cada familia tendrá un nombre para distinguirse de los otros». Luego le apuntó a un indígena y le dijo: «El apellido de su familia será Domicó». Se dirigió a otro y le dijo: «El de la suya Carupia». Continuó dando el apellido a cada familia hasta que los nombró a todos. De esta forma, Caragabí creó los apellidos de los seres humanos para prohibir relaciones incestuosas entre personas de una misma familia.

Caragabí accedió a separarlos aún más, enviándoles de extremo a extremo para que desde allí alumbraran a la Tierra. Es por esta razón que Humántahu solo brilla en el día y Gedeco en la noche.

El amor prohibido

entre Humántahu y Gedeco

Otro de los relatos más relevantes dentro de la cosmogonía emberá es el origen del Sol y la Luna. Esta triste historia de amor, en la cual Caragabí es participe, no solo relata el inicio de estos cuerpos celestes, sino que también narra el principio de los apellidos dentro de la comunidad emberá katío. Este relato trata del amor entre Humántahu y Gedeco.

Hace muchos años, cuando Caragabí estaba organizando el mundo emberá, el Sol y la Luna fueron unos de los primeros pobladores de este mundo. Eran humanos y no astros en el cielo. Humántahu se llamaba el hombre y Gedeco la mujer. Ellos eran hermanos de sangre y se amaban mucho, pero era un amor prohibido. Aun así, su amor era más fuerte y resolvieron unirse sin que Caragabí lo supiera. Lo que ellos no sabían era que Caragabí es el dios que todo lo creó y todo lo ve. Ante esta situación, Caragabí decidió castigarlos separándolos. Acto seguido, convirtió a Humántahu en el Sol y a Gedeco en la Luna.

En un inicio, el Sol y la Luna estaban juntos en el cielo, pero los rayos del Sol quemaban a Gedeco y la Luna congelaba a Humántahu. Ambos le reclamaron a Caragabí por esta situación: «Estoy muy cerca y mis rayos son muy fuertes; debo estar más lejos», dijo Humántahu. Gedeco también se manifestó: «Estoy muy cerca y produzco mucho frío, debo estar más lejos». Caragabí accedió a separarlos aún más, enviándoles de extremo a extremo para que desde allí alumbraran a la Tierra. Es por esta razón que Humántahu solo brilla en el día y Gedeco en la noche.

Gedeco siguió amando profundamente a Humántahu y deseó siempre tenerlo a su lado. Entonces, unos días al mes la Luna comienza a mostrarse en el cielo para enamorar al Sol. Poco a poco le guiña un ojo hasta volverse redondita y luminosa para atraer a Humántahu de nuevo. El Sol ya no la ama como antes y poca atención le pone, Gedeco enfurece hasta ocultarse completamente de nuevo mirando de reojo al Sol. Aun así, la Luna siempre amará al Sol por lo que le coquetea cada mes, y a los días se ocultará otra vez ante el rechazo de su amado.

Caragabí, para evitar que estas uniones prohibidas siguieran sucediendo, reunió a los emberá. Les dijo a los jefes: «De ahora en adelante, cada familia tendrá un nombre para distinguirse de los otros». Luego le apuntó a un indígena y le dijo: «El apellido de su familia será Domicó». Se dirigió a otro y le dijo: «El de la suya Carupia». Continuó dando el apellido a cada familia hasta que los nombró a todos. De esta forma, Caragabí creó los apellidos de los seres humanos para prohibir relaciones incestuosas entre personas de una misma familia.

Caragabí accedió a separarlos aún más, enviándoles de extremo a extremo para que desde allí alumbraran a la Tierra. Es por esta razón que Humántahu solo brilla en el día y Gedeco en la noche.