Caragabi
el creador del mundo embera
- Español
- Embera Bedea
Uno de los personajes más importantes dentro de la cosmovisión emberá es Caragabí. Para los emberá katío del Resguardo de Tahamí-Alto Andágueda, él es el creador del mundo, de la tierra, de los humanos y de los animales. En este relato, es posible conocer de cerca el origen de los emberá, de los ríos y de los mares.
Al principio solo existía un dios, el dios Dachizese, quien de su saliva creó a Caragabí y le entregó todo su poder. Dachizese le dejó a Caragabí el mundo de arriba, donde vivía tranquilamente. Un día decidió bajar a nuestras tierras y se encontró con Tutruicá, un dios que nunca había visto antes. «¿Quién eres tú?», le preguntó Caragabí. «Soy Tutruicá, el dios de abajo», le respondió. Mientras hablaban, Tutruicá le contó a Caragabí que había nacido de la nada, lo que provocó que Caragabí le propusiera un reto: «Vamos a probarnos si somos o no dioses, yo trabajaré con la piedra y tú con el barro».
Después de un tiempo de trabajar con la piedra, Caragabí decidió crear los primeros hombres. Él creó dos muñecos de piedra y los sopló en la frente. De inmediato los muñecos abrieron sus ojos y sonrieron, pero no pudieron caminar. Tutruicá también hizo lo mismo con el barro, pero, a diferencia de Caragabí, sí tuvo éxito. Sus muñecos de barro no solo abrían los ojos y se movían, también hablaban. Caragabí buscó a Tutruicá para que le contara cómo había hecho eso y él se negó a compartir su secreto. Sin darse por vencido, Caragabí envió un mensajero a Tutruicá pidiendo barro y este lo rechazó. En la tercera oportunidad pidió solo un pedacito del tamaño de la lengua de un ave y Tutruicá aceptó la solicitud del mensajero. Caragabí poco a poco hizo crecer el pedacito de barro hasta que pudo formar un muñeco. A este muñeco le introdujo un pedacito de su costilla y luego lo sopló en la frente. Esta vez el muñeco se levantó y habló. Es así como Caragabí creó al primer hombre de nuestro mundo.
Pasados cerca de diez años, Caragabí pensó en darle una compañera a ese primer hombre, por lo que le pidió a Tutruicá, a través de otro mensajero, un pedacito de barro, y este se lo entregó. Caragabí hizo crecer ese barro y a partir de ahí creó a la mujer tal cual como la conocemos. Estaba muy feliz por haber creado al hombre y a la mujer, pero Tutruicá esta vez se dio cuenta de que el mensajero al que le dio el barro pertenecía a Caragabí. Como castigo por este engaño, el dios Tutruicá hizo que los humanos de Caragabí fueran mortales por lo que, con el tiempo, enfermaron y murieron. Esto no le importó a Caragabí, quien les dio libertad a sus creaciones para procrear y poblar la tierra.
Caragabí para nosotros no es solo el creador del mundo, sino también es quien nos dio el agua. Al inicio, el mundo de Caragabí no tenía agua, pero poco a poco los humanos la fuimos necesitando. Entonces él buscó por todas partes y no encontró agua. Un día el dios vio a una mujer que parecía haberse bañado, así que se acercó a ella y le preguntó: «¿Dónde conseguiste agua?». La mujer, llamada Gentserá, le dijo que se dirigiera a lo profundo del bosque. Cuando Caragabí llegó se dio cuenta de que había sido engañado. Al notar la mentira, Caragabí decidió seguir a Gentserá y vio cómo ella traspasaba el gran árbol Jenené a través de una puerta invisible. Caragabí, al acercarse al árbol, vio dentro de él un gran pozo de aguas azules y cristalinas. De inmediato supo que había encontrado el lugar correcto. El dios se acercó a la puerta invisible y tocó cuatro veces hasta que Gentserá preguntó: «¿Quién es?». Caragabí se presentó y le pidió agua una vez más, pero Gentserá se negó. Caragabí, molesto, decidió esperar a que la mujer saliera del árbol Jenené, y apenas la vio salir la cogió por la cintura y la partió en dos. Gensterá se convirtió en una hormiga grande y negra. Esta hormiga con el tiempo tuvo hijos e hijas que cargan en su boca una pequeña gota de agua como castigo por el engaño a Caragabí.
Después de convertir en hormiga a Gentserá, Caragabí trató de tumbar el árbol innumerables veces. Primero nos pidió a los emberá katío talar el árbol con enormes hachas, pero estas se desgastaron muy rápido ante la dureza de la corteza de Jenené. Luego nos convenció de usar hachas más resistentes, hechas de hierro. A pesar de que estas hachas le hacían mucho más daño a Jenené, el árbol cada noche sanaba sus heridas y a la mañana siguiente aparecía como nuevo. Un día Caragabí, cansado de la situación, iluminó el bosque en donde estaba el árbol para que los hombres trabajáramos día y noche hasta derribarlo. Lo intentamos durante días. El árbol no cayó del todo gracias a los bejucos que los sostenían, así que Caragabí ideó otro plan. Con ayuda de los monos y las ardillas desataron el árbol Jenené de sus bejucos. Finalmente, el árbol cayó. Una vez abajo, el mundo se llenó de agua, del tronco del árbol Jenené se crearon los mares Atlántico y Pacífico, de las ramas más grandes surgieron ríos caudalosos como el Atrato y el San Juan, de las ramas más pequeñas nacieron los arroyos, las ciénagas y los lagos.
Caragabí nos creó como seres humanos, concibió nuestro mundo y lo organizó, nos dejó en libertad, respetó la vida y nos dio el título de nuestras tierras. En el pasado, nos dijo: «Críen a sus familias, vivan tranquilos, vivan sin temor». Aún hoy en día nos enseñan sobre Caragabí en nuestras escuelas, nos hablan de cómo se originaron los bosques, las selvas y la vida en nuestro mundo. Es a Caragabí a quien todos los indígenas le pedimos permiso para vivir en el territorio.
Caragabí poco a poco hizo crecer el pedacito de barro hasta que pudo formar un muñeco. A este muñeco le introdujo un pedacito de su costilla y luego lo sopló en la frente. Esta vez el muñeco se levantó y habló. Es así como Caragabí creó al primer hombre de nuestro mundo.
Caragabi
el creador del mundo embera
- Español
- Embera Bedea
Uno de los personajes más importantes dentro de la cosmovisión emberá es Caragabí. Para los emberá katío del Resguardo de Tahamí-Alto Andágueda, él es el creador del mundo, de la tierra, de los humanos y de los animales. En este relato, es posible conocer de cerca el origen de los emberá, de los ríos y de los mares.
Al principio solo existía un dios, el dios Dachizese, quien de su saliva creó a Caragabí y le entregó todo su poder. Dachizese le dejó a Caragabí el mundo de arriba, donde vivía tranquilamente. Un día decidió bajar a nuestras tierras y se encontró con Tutruicá, un dios que nunca había visto antes. «¿Quién eres tú?», le preguntó Caragabí. «Soy Tutruicá, el dios de abajo», le respondió. Mientras hablaban, Tutruicá le contó a Caragabí que había nacido de la nada, lo que provocó que Caragabí le propusiera un reto: «Vamos a probarnos si somos o no dioses, yo trabajaré con la piedra y tú con el barro».
Después de un tiempo de trabajar con la piedra, Caragabí decidió crear los primeros hombres. Él creó dos muñecos de piedra y los sopló en la frente. De inmediato los muñecos abrieron sus ojos y sonrieron, pero no pudieron caminar. Tutruicá también hizo lo mismo con el barro, pero, a diferencia de Caragabí, sí tuvo éxito. Sus muñecos de barro no solo abrían los ojos y se movían, también hablaban. Caragabí buscó a Tutruicá para que le contara cómo había hecho eso y él se negó a compartir su secreto. Sin darse por vencido, Caragabí envió un mensajero a Tutruicá pidiendo barro y este lo rechazó. En la tercera oportunidad pidió solo un pedacito del tamaño de la lengua de un ave y Tutruicá aceptó la solicitud del mensajero. Caragabí poco a poco hizo crecer el pedacito de barro hasta que pudo formar un muñeco. A este muñeco le introdujo un pedacito de su costilla y luego lo sopló en la frente. Esta vez el muñeco se levantó y habló. Es así como Caragabí creó al primer hombre de nuestro mundo.
Pasados cerca de diez años, Caragabí pensó en darle una compañera a ese primer hombre, por lo que le pidió a Tutruicá, a través de otro mensajero, un pedacito de barro, y este se lo entregó. Caragabí hizo crecer ese barro y a partir de ahí creó a la mujer tal cual como la conocemos. Estaba muy feliz por haber creado al hombre y a la mujer, pero Tutruicá esta vez se dio cuenta de que el mensajero al que le dio el barro pertenecía a Caragabí. Como castigo por este engaño, el dios Tutruicá hizo que los humanos de Caragabí fueran mortales por lo que, con el tiempo, enfermaron y murieron. Esto no le importó a Caragabí, quien les dio libertad a sus creaciones para procrear y poblar la tierra.
Caragabí para nosotros no es solo el creador del mundo, sino también es quien nos dio el agua. Al inicio, el mundo de Caragabí no tenía agua, pero poco a poco los humanos la fuimos necesitando. Entonces él buscó por todas partes y no encontró agua. Un día el dios vio a una mujer que parecía haberse bañado, así que se acercó a ella y le preguntó: «¿Dónde conseguiste agua?». La mujer, llamada Gentserá, le dijo que se dirigiera a lo profundo del bosque. Cuando Caragabí llegó se dio cuenta de que había sido engañado. Al notar la mentira, Caragabí decidió seguir a Gentserá y vio cómo ella traspasaba el gran árbol Jenené a través de una puerta invisible. Caragabí, al acercarse al árbol, vio dentro de él un gran pozo de aguas azules y cristalinas. De inmediato supo que había encontrado el lugar correcto. El dios se acercó a la puerta invisible y tocó cuatro veces hasta que Gentserá preguntó: «¿Quién es?». Caragabí se presentó y le pidió agua una vez más, pero Gentserá se negó. Caragabí, molesto, decidió esperar a que la mujer saliera del árbol Jenené, y apenas la vio salir la cogió por la cintura y la partió en dos. Gensterá se convirtió en una hormiga grande y negra. Esta hormiga con el tiempo tuvo hijos e hijas que cargan en su boca una pequeña gota de agua como castigo por el engaño a Caragabí.
Después de convertir en hormiga a Gentserá, Caragabí trató de tumbar el árbol innumerables veces. Primero nos pidió a los emberá katío talar el árbol con enormes hachas, pero estas se desgastaron muy rápido ante la dureza de la corteza de Jenené. Luego nos convenció de usar hachas más resistentes, hechas de hierro. A pesar de que estas hachas le hacían mucho más daño a Jenené, el árbol cada noche sanaba sus heridas y a la mañana siguiente aparecía como nuevo. Un día Caragabí, cansado de la situación, iluminó el bosque en donde estaba el árbol para que los hombres trabajáramos día y noche hasta derribarlo. Lo intentamos durante días. El árbol no cayó del todo gracias a los bejucos que los sostenían, así que Caragabí ideó otro plan. Con ayuda de los monos y las ardillas desataron el árbol Jenené de sus bejucos. Finalmente, el árbol cayó. Una vez abajo, el mundo se llenó de agua, del tronco del árbol Jenené se crearon los mares Atlántico y Pacífico, de las ramas más grandes surgieron ríos caudalosos como el Atrato y el San Juan, de las ramas más pequeñas nacieron los arroyos, las ciénagas y los lagos.
Caragabí nos creó como seres humanos, concibió nuestro mundo y lo organizó, nos dejó en libertad, respetó la vida y nos dio el título de nuestras tierras. En el pasado, nos dijo: «Críen a sus familias, vivan tranquilos, vivan sin temor». Aún hoy en día nos enseñan sobre Caragabí en nuestras escuelas, nos hablan de cómo se originaron los bosques, las selvas y la vida en nuestro mundo. Es a Caragabí a quien todos los indígenas le pedimos permiso para vivir en el territorio.
Caragabí poco a poco hizo crecer el pedacito de barro hasta que pudo formar un muñeco. A este muñeco le introdujo un pedacito de su costilla y luego lo sopló en la frente. Esta vez el muñeco se levantó y habló. Es así como Caragabí creó al primer hombre de nuestro mundo.