Aceneth Firigua
Aceneth Firigua es una mujer recia, muy simpática y conversadora. Probablemente, esa facilidad para la palabra la ha hecho una lideresa social que no ha cedido su representatividad a nadie y que se ha dedicado a la política en su natal Cubarral. Hija de una madre cuidadora, ama de casa, y de un padre obrero y campesino, también es nieta de un abuelo que, en su momento, fue muy dedicado a la política. Sin embargo, Aceneth nunca se imaginó que este también sería su camino.
De niña se crio en su pueblo junto con sus abuelos, siempre rodeada de árboles, naturaleza y el agua de muchísimos ríos y cascadas, así como también del alboroto en una casa siempre llena de primamenta. Su abuelo fue un dirigente conservador de la Anapo, y Aceneth pasó su infancia viéndolo reunirse con señores de la capital del país, guardando el trago bueno para esos encuentros y jugando con niños que resultaron ser hijos e hijas de importantes políticos de la época.
En sus vacaciones, iban a la finca a la que sus padres se fueron a trabajar y a fundar, un plan excelente para ella y sus cuatro hermanas menores, a quienes siempre se les veía juntas. Así, andaban «las hijas de don Raúl» con otras niñas de veredas cercanas, entre paseos, charlas y simulaciones de trabajo.
Esa es la época que recuerda con más cariño, la de la escuela, la del estudio. Aceneth cursó hasta tercero de bachillerato cuando se enamoró, con tan solo 16 años. Él era un muchacho, que, como ella, había crecido en el campo y, tan pronto su suegro preguntó lo que estaban haciendo, sin dudarlo, optaron por el matrimonio; una locura de jóvenes que no pudo salir mejor. Él venía de una familia donde el maltrato era el pan de cada día, pero, lejos de repetir la historia, el compañero de Aceneth fue eso: un compañero. Entendió cómo no debía ser una relación ni con su pareja ni con sus hijos, y ambos siempre fueron conscientes de la gran suerte que corrieron acompañándose hasta la muerte de él.
Aceneth siempre quiso volver a estudiar, pero la vida pasó y, al no tener en esa época libertad para hablar sobre educación sexual o métodos anticonceptivos, fue rápido que vinieron dos muchachos a completar la familia, y con ellos las cargas económicas, por lo que rápidamente Aceneth se dedicó a la modistería, un oficio que le permitía estar con sus hijos, en su casa, y aportar monetariamente al sostenimiento del hogar. Su dedicación en este oficio le valió convertirse en aquella época en una de las mejores, si no la mejor, modista de la región, recibiendo clientas de todo el Ariari y el Alto Ariari.
Corrían los años 80 y, en contraste con la vida aparentemente tranquila que podía tener Aceneth, la realidad de la zona era mucho más complicada. Fue en esta década cuando el paramilitarismo, posterior a su afianzamiento en la región del Magdalena Medio, empezó su expansión en los Llanos Orientales de la mano de personal de confianza de Rodríguez Gacha, quien se unió a otros nombres asociados a dicho fortalecimiento paramilitar para consolidar un proyecto anticomunista y hacer frente a los asedios de las FARC-EP en la zona.
Dicha expansión, según informes del DAS, llegó hasta diferentes municipios del Meta, entre los que se cuenta Cubarral¹. En todo caso, si bien las cifras que se pueden consultar en el Observatorio de Memoria y Conflicto (OMC)² muestran que en este municipio no hubo números altos frente a las afectaciones que sufrieron las mujeres debido al conflicto, esto no quiere decir que no ocurrieran cosas que le generaran preocupación a Aceneth, su familia y su comunidad. Aceneth veía cómo la violencia afectaba al pueblo con amenazas y desplazamiento de gente que no se sentía segura. De hecho, aquella finca en la que pasaba sus vacaciones y disfrutaba con sus hermanas hace tiempo había dejado de estar en manos de su familia, pues sus padres la abandonaron ante la violencia presente en la región.
Figura 1. Mapa de víctimas mujeres de hechos de violencia.
Fuente: Observatorio de Memoria y Conflicto (2024).
La conformación histórica de Cubarral como un territorio de mayoría conservadora puede aportar a entender las cifras relativamente bajas de afectaciones y hechos de violencia en el marco del conflicto en general y contra las mujeres. Sin embargo, la realidad territorial era otra y, durante las décadas de los 80 y 90, Aceneth y su familia vieron como la gente decidía irse, ya que temían por su seguridad e integridad. Era una época en la que las vías que conectaban a Cubarral con otros municipios como Acacías, San Martín, El Dorado y El Castillo, que sufrieron más estigmatización y más violencia, se volvieron sórdidos escenarios que daban cuenta del conflicto presente en la región³. Muchas de esas personas que decidieron irse fueron acogidas de paso en el hogar de Aceneth, como una muestra de solidaridad básica para su gente.
Esa era la época en la que Aceneth se destacaba por su modistería en la zona del Alto Ariari y, entre telas, patrones y el sonido de la máquina, Aceneth escuchaba a sus clientas, muchas veces provenientes de aquellos otros municipios, contar cómo los armados de todas las banderas imponían su orden valiéndose, también, de los cuerpos y vidas de las mujeres. Fue hacia comienzos de la década de 1990, entonces, que el camino de Anaceth se cruzó con los de otras compañeras, con las que se propusieron no soltar la mano de aquellas afectadas por la guerra. Empezaba así el germen de la Asociación Meta con Mirada de Mujer.
Es así como la necesidad de apoyo, consuelo, compañía y cuidado empezó a unir a mujeres de diferentes municipios. Sus hogares fueron lugares para el encuentro y el compartir: que un sancocho, que unas onces, que una sentada para escucharle a la otra esas cosas que eran impensables denunciar, por miedo a las represalias de unos y otros grupos armados. En esos espacios, ellas reunieron la fuerza para seguirse encontrando, pensar formalmente en crear una organización y exigir sus derechos en voz alta.
Así, la primera preocupación que tuvieron, como mujeres, fue poder apoyar a aquellas que venían con historias de abusos sexuales en el marco del conflicto, que no sabían dónde denunciar y que, si lo hacían, eran objeto de señalamientos por parte de la sociedad y de revictimizaciones por parte de la institucionalidad. De esta manera, fue gestándose una organización que sigue viva después de tanto tiempo y de atravesar, por lo menos, tres décadas o más de conflicto apoyando a las mujeres para la denuncia, pero también promoviendo la educación sexual y reproductiva entre las niñas y jóvenes de la región, lo que les ha valido la visibilidad y el reconocimiento para profundizar en sus luchas.
Con el fortalecimiento organizativo que se empezó a gestar en lo que devendría en la Asociación Meta con Mirada de Mujer, también se logró generar oportunidades de formación en diferentes temas para las mujeres, pues si bien el anhelo de apoyo y justicia para aquellas que sufrieron abusos sexuales en el marco del conflicto fue su impulso, ellas pronto entendieron que ver a las mujeres salir adelante requeriría mucho más.
Por eso, con el tiempo, la Asociación se amplió hacia otros frentes de lucha y reivindicación, entre ellos, en temas de participación política, pues todos los esfuerzos por mejorar las vidas de las mujeres necesitaban fundamento, apoyo y financiación estatal. Esto redundó en el trabajo que hoy representa Aceneth: la apuesta por ampliar la participación política de las mujeres y el impulso a políticas públicas que tengan en cuenta el enfoque de género en todo el departamento.
Con el camino recorrido y la formación adquirida durante tantos años de trabajo de base, fue en el 2011 cuando decidieron colectivamente lanzarse a los concejos de sus municipios, a través de alianzas que les permitieran el aval, y continuar así con el fortalecimiento de la lucha por los derechos de las mujeres en sus respectivos contextos. De esta manera, con el impulso de demostrar que, contrario a lo que se podría llegar a pensar, las mujeres tenían todas las capacidades para ocupar cargos públicos de elección popular, en la Asociación Meta con Mirada de Mujer decidieron lanzar a siete mujeres en diferentes municipios, de las que quedaron cuatro: Aceneth, en Cubarral, y otras tres compañeras, en El Castillo, Lejanías y El Dorado. Un balance muy positivo que empezó a romper barreras.
Una vez en el Concejo, para Aceneth, el trabajo más duro no fueron las tareas propias que venían con el cargo, sino dar respuesta a punta de dedicación y trabajo a todos los comentarios, que hedían a machismo y patriarcado, que la señalaban de no atender sus labores como madre o como esposa, o que simplemente dudaban de sus capacidades para asumir las labores del cargo. Y, ante eso, la respuesta fue la solidaridad entre mujeres: con Aceneth llegó otra mujer que, si bien era de otro partido, sería su compañera para hacer frente al machismo y a la misoginia que han tenido que enfrentar.
Después de un año, Aceneth logró llegar a la presidencia de esta instancia y, aunque el machismo no ha acabado, hay una gran satisfacción por el camino recorrido, que hoy no solo se ve en un Concejo, donde se ha superado la cuota de participación femenina, sino en la llegada de una mujer a la alcaldía de Cubarral, además de otros importantes avances en la política departamental en relación con el enfoque de género.
Además de su actividad en el Concejo y de los logros en cuanto a hacer llegar a otras mujeres a espacios de deliberación y representación, el trabajo de Meta con Mirada de Mujer, en términos de participación política, también ha redundado en su participación en la elaboración de una política pública de equidad de género para las mujeres del Meta, la cual vio la luz por medio de una ordenanza en el 2012. Así mismo, este año comenzó un proceso de exigencia para la instalación de la Secretaría de la Mujer, la Familia y la Equidad de Género, en la Asamblea Departamental, un proceso que fue posible gracias a la organización y movilización de las mujeres metenses.
Es este recorrido el que permite que Aceneth se convierta en una convencida de la organización de las mujeres como herramienta fundamental para apoyar a quienes han sido víctimas del conflicto armado y de la violencia sexual, y para ampliar las voces que se han querido silenciar a la hora de exigir justicia. Sin duda, en su vida, el hecho de apostar por la organización entre mujeres es un testimonio de la potencia que tiene la sororidad, de la capacidad de las mujeres para romper barreras cuando están unidas y de la importancia de la hermandad para superar la violencia sufrida a causa del patriarcado y del conflicto armado.
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¹ Esta información, así como la referida en el párrafo anterior, se puede consultar en el informe n.º 3 Violencia paramilitar en la altillanura: Autodefensas Campesinas de Meta y Vichada, pp. 65-70, de la serie: Informes sobre el origen y actuación de las agrupaciones paramilitares en las regiones. Disponible en: https://centrodememoriahistorica.gov.co/wp-content/uploads/2020/01/violencia-paramilitar-en-la-altillanura-1.pdf
² Información obtenida del Observatorio de Memoria y Conflicto. Cifras actualizadas a marzo 2022. Con información de 1985 a la actualidad.
³ Así se puede comprobar en informes como Ariari: memoria y resistencia, de la revista Noche y Niebla del Cinep. Disponible en: https://www.nocheyniebla.org/wp-content/uploads/u1/casotipo/Ariari.pdf
Hacemos parte del Archivo Virtual de los DD.HH
Este micrositio es producto del trabajo realizado por el Equipo de Enfoques Diferenciales del CNMH a través del Enfoque de Género durante el año 2024. Durante el proceso realizado se hizo una apuesta testimonial que recoge las experiencias de estas lideresas, así como una articulación con la Dirección de Archivos de Derechos Humanos, por medio de la cual se hace la digitalización y restauración de parte del archivo de la organización destacando las fotografías que las mismas mujeres quisieron compartir como muestra de tres décadas de trabajo.
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