Mercy Carrion

Sin pan no hay paz: Mercy Carrión y el empoderamiento económico de las mujeres como base para la paz

Mercy Carrión es una mujer de crianza campesina que aún trabaja la tierra para su sustento, pero, ante todo, es una comerciante; los estereotipos y mandatos de género no la han determinado, y ha sabido hacerles el quite toda su vida. De seis hermanas, es la única que aprendió a montar bici y que conduce moto, su pelo lo prefiere bien cortico desde que tenía 15 años y el matrimonio no ha sido, para ella, un escenario de realización como mujer. Muy al contrario, esta realización la ha encontrado sembrando la tierra, negociando en el campo y trabajando por los derechos de las mujeres.

De su infancia, Mercy recuerda ir a las misas de gallo los 24 de diciembre con su padre. El camino siempre le gustó, pues era una procesión de amistades, vecinos y vecinas que siempre tenían algo para compartir, lo cual le ha dejado un recuerdo del sentido de comunidad que, para ella, ya no está tan presente en su territorio.

También recuerda esas jornadas de juego en las cunetas, a los alrededores de la finca, que se llenaban de agua con la lluvia, a las que se unía a pesar de la inconformidad de su padre, a quien no le gustaba que fuera parte de esas «recochas» con tantos hombres. 

Creció en una finca familiar, que sigue en pie a las afueras del casco urbano de Guamal, junto con sus cinco hermanas y cuatro hermanos. Desde chica, aprendió las labores del campo en donde contribuían familiarmente y, al contrario de sus hermanas, ella sí se animó con su padre a agarrar fruta de la finca para venderla y hacerse sus pesos cuando apenas tenía 10 años de edad. También fue para esa época que Mercy viajó a Bogotá con una amiga de la familia que se dedicaba a comprar y vender ropa, pues le gustaba cómo se movía con los negocios, y fue su oportunidad para comprarse unos zapatos de hebilla y buen material con su propio esfuerzo: un lujo impensable en una casa con nueve hermanos.

Desde muy temprana edad, Mercy vio las dificultades que representaban para sus padres hacerse cargo de 10 hijos e hijas, así que prontamente buscó su propio camino: terminó su bachillerato comercial en Villavicencio y buscó empezar su propia familia, casándose a los 19 años con quien sería el padre de sus hijos, pero no su compañero de vida. Hoy en día cree que el matrimonio, definitivamente, no es para ella y, de hecho, al reflexionar sobre su vida, cree que uno de los mayores obstáculos en su camino ha sido, justamente, esa dinámica de matrimonio que espera cierto comportamiento por parte de las mujeres. 

En efecto, como ama de casa duró tan solo un año, luego del cual, ante lo limitados que eran los aportes de su entonces pareja, decidió volver a lo que sabía hacer para asegurar el sostenimiento de sus hijos. Empezó entonces a vender fruta, lo que mejor se le daba, a hacer otros rebusques y trabajos, volvió —aún casada— a Guamal y, gracias a su carácter simpático, que hacía que en su colegio aún la recordaran con cariño, pudo arrendar la cooperativa de la institución y se dedicó a ella un tiempo. 

Corría el fin de los años 90, ya se había separado y sus dos muchachos eran lo más importante; es en esta época cuando Mercy sintió un recrudecimiento del conflicto. El auge petrolero empezaba en la región y los grupos armados disputaban territorios y ganancias. Para 1996, estaba trabajando como vendedora ambulante y tenía su carro de perros calientes en frente de la estación de Policía de Guamal, vendía bien y era amiga de la policía, que le dejaba guardar su medio de trabajo. En agosto de ese año alguien llegó a su puesto, compró todo el surtido y ella guardó su carro sin saber que terminaría siendo afectado por un atentado de la guerrilla a la estación¹. 

A raíz de eso, la tensión en el ambiente y la desconfianza entre los habitantes era latente. Después del atentado, ella siguió trabajando con su carro de perros, pero reiteradamente llegaba a su puesto de trabajo un hombre que le hacía preguntas, hasta que fue evidente que pertenecía a la guerrilla. No mucho después de aquel atentado, Mercy vendió su carro y se dedicó a otros trabajos y oficios.

De esta época, también recuerda acompañar a sus hijos al colegio. Muy distinto a su infancia, cuando podían ir solos sin mayor inconveniente, en estos momentos los grupos armados ocupaban los espacios cercanos a las instituciones educativas y no iba a permitir que se llevaran a sus muchachos. Se consiguieron unas monaretas y se iban por la carretera en ellas, siempre temerosa de las motos que pasaban, pues no se sabía quién podía ir en ellas; si sentía una, se lanzaba al monte con los niños y esperaban a que pasara para seguir su camino. 

La vida de Mercy, como la de tantas otras mujeres en el país, está marcada por su empuje para proveer a sus hijos. Ha sido ese camino el que la ha convencido de la importancia de insistir en el empoderamiento económico de las mujeres, pues si estas no tienen pan para llevar a sus mesas, ninguna construcción de paz será posible. 

Con todo ese recorrido y el largo listado de rebusques, emprendimientos y trabajos, Mercy siempre ha tenido claras sus capacidades para los negocios y para el campo, pero no fue sino hasta que empezó a acercarse a la Asociación Meta con Mirada de Mujer que identificó esa vocación por el liderazgo. Nancy Gómez, fundadora, la conocía y la había invitado en varias ocasiones, pero ella solo se animó hasta el 2006, después de sentirse coaccionada en su trabajo para apoyar políticamente a un candidato, algo con lo que no quiso transar, así que se animó a participar en proyectos y a impulsar líneas de trabajo económico como parte de las iniciativas de la Asociación. Un aporte fundamental, que hoy en día la tiene como presidenta de esta. 

Para esta lideresa, la Asociación realizaba el tipo de trabajo que siempre le ha gustado: no tenía que estar subordinada a nadie, ya que avanzaban de manera asociativa y horizontal, así que, una vez parte de esta organización, con toda su experiencia, pronto empezó a ayudar a otras mujeres a identificar sus fortalezas y ponerlas a funcionar en favor de ellas. Gracias al impulso de este trabajo, la Asociación ha podido apoyar iniciativas individuales y familiares para las mujeres, se han dado cuenta de que estos proyectos tienen más sostenibilidad que otros de mayor envergadura, y hoy en día se enorgullecen de iniciativas como la producción de huevos criollos, criados a punta de silo, la cual ha salido adelante hombro a hombro con la Asociación de Campesinos de Guamal. 

De igual manera, han promovido conjuntamente ferias y mercados campesinos que sin duda aportaron a que las mujeres creyeran en ellas mismas para desarrollar su economía de manera autónoma. Frente a esto, Mercy comparte, con sus compañeras, el orgullo de ver cómo han quedado instaurados en diferentes lugares del Meta las iniciativas de mercados campesinos, hoy en día apoyados hasta institucionalmente. También se llenan de orgullo al ver su puesto comercial en el Mirador de San Martín, un punto turístico que también ellas impulsaron y que hoy hace parte de la ruta turística Embrujo Llanero. 

Actualmente, Mercy vive tranquila en su casa, comparte una parcela de tierra para sembrar con un amigo, y hace cremas y champús, pero lo que más le agrada es ser una persona de confianza para su comunidad: que le pidan consejo, poder darlo, le llena de satisfacción. Además de su rol en la Asociación, es presidenta de la junta de acción local en su barrio y es consejera territorial del departamento para el sector mujer. 

Si bien es incrédula de todos los discursos que hablan sobre construcción de paz, pues siente que parecen solo promesas sin materializaciones concretas, Mercy es consciente de que sus esfuerzos tanto individuales como colectivos han sido fundamentales para este propósito. Ella ha visto cómo, a través de las iniciativas impulsadas, mujeres que fueron víctimas de violencia sexual han podido salir adelante y desarrollar sus vidas; además, resalta algo fundamental: ningún hijo o hija de sus compañeras de camino se ha ido para la guerra, lo cual es sin duda un aporte fundamental.

 

━━━━━━━━━━
¹
Llano 7 Días. (1996, agosto 8). Feroz escalada de las FARC en Meta. El Tiempo. https://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-463153

Hacemos parte del Archivo Virtual de los DD.HH

Este micrositio es producto del trabajo realizado por el Equipo de Enfoques Diferenciales del CNMH a través del Enfoque de Género durante el año 2024. Durante el proceso realizado se hizo una apuesta testimonial que recoge las experiencias de estas lideresas, así como una articulación con la Dirección de Archivos de Derechos Humanos, por medio de la cual se hace la digitalización y restauración de parte del archivo de la organización destacando las fotografías que las mismas mujeres quisieron compartir como muestra de tres décadas de trabajo.

Dirección general: María Gaitán | Asesor de la Dirección general con funciones en pedagogía y enfoques diferenciales: Ricardo Torres | Director de la Dirección de Archivos de los Derechos Humanos: Gilberto Alejandro Villa Ayala | | Entrevistas y textos – Enfoque de Género: Angélica Lucía Ramírez Bernal | Digitalización de archivos: Wilson Henry Millán Camacho (DADH) | Audios de historias: Lizeth Johana Pita Londoño (Estrategia de comunicaciones) | Diseño: Axel Rodriguez Peña (Estrategia de comunicaciones | Webmaster: Maykol Yusep Sanchez (Estrategia de comunicaciones)