¿Qué aprendimos?

El enfoque artístico y pedagógico, desde su potencial transformador de la memoria, y el reconocimiento de la apropiación social de las memorias en los territorios fueron los aprendizajes transversales de este proceso de sistematización.

Este proceso comenzó reconociendo la importancia del trabajo de co-construcción colectiva y se entiende cómo el encuentro de diferentes voces, que tienen el coraje de narrar lo vivido, lo presenciado y lo dolido. Múltiples historias individuales que se ponen en diálogo y transitan hacia una memoria colectiva, perteneciente a un territorio específico, que conlleva a su vez, a un proceso de construcción de diversas experiencias y proyectos.

Se propuso una sistematización con enfoque transformador, esto es, reconocer que los proyectos de memoria a partir del acompañamiento de las voces, de la capacidad de resiliencia y de sus posibilidades para la reconstrucción de una vida y su tejido social, logran explorar su potencial sanador, reparador y transformador.

En los encuentros con el otro, se abre un espacio para narrar y sacar lo dolido. El cuerpo-sujeto transita al cuerpo-social y habita estos espacios, donde las personas se conectan desde su vulnerabilidad, reconociéndose en el otro y en la otra, e identificando las redes humanas que componen sus territorios. Allí los lenguajes artísticos, surgen como mediadores entre la sociedad y el sujeto, posibilitando espacios, iniciativas, proyectos colectivos, procesos comunitarios, que evidencian una parte del potencial transformador de la memoria.

Por otro lado, en los escenarios, donde la memoria está en el colectivo de la sociedad, se le puede identificar su carácter pedagógico, como una parte de su potencial transformador. La pedagogía de la memoria implica un aprendizaje, en este caso, acerca del conflicto armado colombiano y sus efectos devastadores, de manera que, no repitamos nuestra historia, una vez la conocemos y la entendemos.

En este sentido, se podría decir que una pedagogía de la memoria, es la chispa que enciende una conciencia histórica, aquel aprendizaje crítico acerca de lo que no queremos que se repita. Es aquí, donde el sujeto juega un papel fundamental como sujeto que adquiere una conciencia histórica.

En este orden de ideas, recuperar, articular y potenciar, y sistematizar las experiencias de memoria que se han construido desde los territorios, con un enfoque transformador, tiene un impacto claro en la reparación simbólica y en las garantías de no repetición, en tanto, se construyen, sostienen y mantienen procesos y mecanismos de apropiación social que permitan la difusión de los hechos, la incorporación y la presentación de diversas narrativas, en presencia y permanencia de sectores sociales diversos.

Para concluir, quisiera dejar este último aprendizaje, en el que cada uno de los proyectos sistematizados fue reiterativo. El mismo vértigo que se puede encontrar en el proceso creativo, artístico o pedagógico, está también presente en la tarea de construir una memoria transformadora. Pues la memoria, es también un proceso creativo y de conexiones, ante el reto de la construcción de un mundo, que no ha sido narrado, que se ha silenciado o peor aún, que ha sido destruido.

Se requiere de la intuición, la emoción y el coraje del acto creativo, para humanizar nuestras sociedades, romper silencios y deconstruir los fantasmas del odio y la venganza, para crear y co-crear, procesos que permitan la apropiación social de la memoria, a lo largo y ancho del país.