La población de Yurumanguí ha sufrido una serie de impactos devastadores, enfrentándose a violaciones sistemáticas de sus derechos por parte de grupos armados y grandes empresas multinacionales. Estas afectaciones incluyen desplazamientos forzados provocados, así como intentos de despojo de su territorio ancestral. Este constante asedio ha dejado a la comunidad vulnerable, afectando no solo su seguridad y bienestar, sino también amenazando su identidad cultural unida a la historia y la tradición cimarrona. A pesar de estos desafíos, la resistencia de la comunidad ha persistido buscando mantener su legado ancestral.

 

El uso y cuidado del río es fundamental para la comunidad de Yurumanguí para poder tener una vida que se alinee con sus principios culturales. Por esto, se rechaza de manera continua el uso de la tierra para el uso de cultivos ilícitos. El territorio es vida y la vida se defiende y no se vende.

Algunos actores armados han querido utilizar los territorios cercanos al río para el cultivo de coca, no obstante, con esfuerzo colectivo por parte de la comunidad ha rechazado todo este tipo de acciones y jornadas para eliminar de manera manual cualquier rastro de dichos cultivos, conocidas como jornadas de erradicación.

Debido a la constante presencia de actores armados en las comunidades, la comunidad se vio en la necesidad de moverse a lo largo del río en potrillos cambiando sus lugares para vivir. Un ejemplo claro es la situación que se presentó en El Firme en el 2001, las pandillas de Barranco y El Encanto se mudaron a un sector más centralizado del río. En Semana Santa, las personas tuvieron que escapar para salvaguardar su integridad. Al momento de desplazarse hacia Buenaventura el uso de botes grandes como el Bladiveni, marcaron la memoria de la comunidad por su utilidad en los momentos complicados.

La comunidad de la cuenca del río Yurumanguí experimentó además diversas pérdidas que marcaron a la población de manera que trascendió lo físico y lo cultural, afectando directamente las
dinámicas en las que se desarrollaba la cotidianeidad. Las prácticas culturales, las tradiciones ancestrales y el tejido social que se caracteriza por reflejar la identidad de la comunidad sufrieron un grave deterioro a causa del conflicto armado que tuvo lugar en las veredas. La violencia y el miedo impidieron la transmisión intergeneracional de conocimientos y costumbres, rompiendo la cohesión social. La recuperación de estas pérdidas, tanto materiales como culturales, representa un desafío continuo en el proceso de reconstrucción y sanación de la comunidad del río Yurumanguí.

 

Señalamientos

Al ser un territorio que se encuentra en una zona estratégica para los diferentes grupos armados, la comunidad se vio directamente afectada en medio de esta confrontación generando señalamientos de ser cómplices o aliados de estos grupos, lo cual intensificaban las actuaciones violentas en contra de la población y atentaba contra las prácticas culturales y los valores de la comunidad, lo cual generó el confinamiento de la población por parte de la Fuerza Pública.

Asesinatos

Con la llegada de las estructuras paramilitares las masacres fueron aumentando considerablemente generando temor en la comunidad y evitando el goce de las zonas del río, estos hechos fueron los que más dejaron huellas en la memoria colectiva de la comunidad. Los asesinatos selectivos y los hostigamientos que se presentaban en la comunidad afectaron fuertemente las dinámicas sociales.

Violaciones

Las afectaciones a la integridad de las personas en la comunidad de Yurumanguí abordan desde violaciones a los derechos humanos hasta abusos contra lo que representa el territorio para el desarrollo de la cultura misma de la población por parte de actores armados y empresas multinacionales. La lucha de la comunidad se ha centrado en resistir estos actos violentos, destacando su proceso organizativo para fortalecerse, construyendo una resistencia arraigada en la tradición y la determinación de salvaguardar su identidad y su territorio.

Confinamiento

Estas afectaciones en la comunidad generaron un ambiente de temor y sospecha constante, por lo cual se vieron forzados a disminuir sus actividades por miedo a ser víctimas de algún tipo de violencia por parte de los grupos armados. La presencia de actores armados y la violencia generalizada limitaron el acceso a espacios y recursos naturales, lo que impactó negativamente en la vida social y económica de la comunidad. Este confinamiento, llevó a un aislamiento y vulnerabilidad de la población, dificultando las prácticas cotidianas.