Al ser este medio la sustentación de alimentación y vida de los Yurumangueños solo se permiten la pesca artesanal y dedican tiempos a la recuperación del entorno natural, son los principales cuidadores del río.
Por medio de la música la comunidad de Yurumanguí le canta a la vida y también a la muerte, pasando de generación en generación gracias a las familias que son el corazón de la música con instrumentos como la guitarra, las maracas, el bombo, el cununo y el guasá. Estos sonidos característicos van acompañando los alabaos en las despedidas de los seres amados, las rondas y arrullos en nacimientos y los adioses en las ceremonias de los chigualos, llenando de melodía las noches para sostener a la comunidad. La música es el alma de las festividades en honor a los santos patronos, marcando así los rituales de la población y es la forma de enseñar a las nuevas generaciones y mantener la cultura viva.
Para la zona media de Yurumanguí, la madera representa un pilar fundamental. Esta brinda lo que se necesita para trabajar y vivir, es como el aire que se respira. Con la madera de los árboles como el sandé, el caracolí y el algarrobo se crean las casas, las bateas y potrillos. La regla de oro en la comunidad: nada de cortar árboles a lo loco. Es necesario seguir métodos como las raleas y la entresaca, y se corta solo en ciertas épocas del año, tal y como lo enseña la tradición.
La minería se basa en la tradicionalidad, por ende, es hecha a batea y manos limpias en el río. Esta forma de buscar oro no le hace mal a la comunidad ni al entorno ambiental. Pero ojo, la minería de los que van con maquinaria pesada, esa si trae grandes problemas. En algún punto de la historia la presencia de actores privados trató de adueñarse de todo el oro, perturbando las reglas de convivencia y generando un gran daño en el territorio.