Perdimos
a José
“Busca la verdad
Escucha la verdad
Aprende la verdad
Ama la verdad
Sostén la verdad
Defiende la verdad…
¡Hasta la muerte!”
JUAN HUSS
La vida de José Cardona Hoyos fue arrebatada violentamente en mayo de 1986 en la ciudad de Cali. En esta sección, de la mano y voz directa de su hijo, conoceremos sus recuerdos sobre este doloroso hecho, además nos comparte cómo desea que su padre sea recordado, así como lo que considera fue su principal legado: “un ser humano íntegro, comprometido con la causa de la paz”, según resalta José Cardona Jiménez.
Sin duda, el asesinato de su padre afectó notablemente a su familia, a la labor docente que él desarrollaba y a su proyecto de un nuevo partido político en democracia. Como evidencia el texto de su hijo, la muerte de José Cardona Hoyos también fracturó la apuesta por la paz que él abanderaba, la misma que aún considera sigue vigente en el país.
En esta sección también se puede encontrar un fragmento de la entrevista realizada al investigador Álvaro Guzmán acerca del significado del asesinato de José Cardona Hoyos en el contexto histórico colombiano, así como la apuesta de su hijo por el reconocimiento de la dignidad de su padre, además de las comunicaciones dirigidas al Partido Comunista Colombiano (PCC) y al partido político Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC), con la invitación a aportar a esta iniciativa de memoria, así como la respuesta obtenida.
Perdimos
a José
Busca la verdad
Escucha la verdad
Aprende la verdad
Ama la verdad
Sostén la verdad
Defiende la verdad…
¡Hasta la muerte!
JUAN HUSS
La vida de José Cardona Hoyos fue arrebatada violentamente en mayo de 1986 en la ciudad de Cali. En esta sección, de la mano y voz directa de su hijo, conoceremos sus recuerdos sobre este doloroso hecho, además nos comparte cómo desea que su padre sea recordado, así como lo que considera fue su principal legado: “un ser humano íntegro, comprometido con la causa de la paz”, según resalta José Cardona Jiménez.
Sin duda, el asesinato de su padre afectó notablemente a su familia, a la labor docente que él desarrollaba y a su proyecto de un nuevo partido político en democracia. Como evidencia el texto de su hijo, la muerte de José Cardona Hoyos también fracturó la apuesta por la paz que él abanderaba, la misma que aún considera sigue vigente en el país.
En esta sección también se puede encontrar un fragmento de la entrevista realizada al investigador Álvaro Guzmán acerca del significado del asesinato de José Cardona Hoyos en el contexto histórico colombiano, así como la apuesta de su hijo por el reconocimiento de la dignidad de su padre, además de las comunicaciones dirigidas al Partido Comunista Colombiano (PCC) y al partido político Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC), con la invitación a aportar a esta iniciativa de memoria, así como la respuesta obtenida.
“Así quiero que sea recordado mi padre”
Por José Cardona Jiménez
Con frecuencia me preguntan cómo definiría yo a quien era mi padre. Esta es mi respuesta:
Como un humanista y un demócrata integro. Un colombiano que sacrificó todo, hasta su vida por la paz de Colombia. Un visionario que previó el desangre si no se adoptaba una posición congruente con la mayoría de los colombianos que reclaman cambios profundos, pero de forma no violenta. Un visionario también porque estaba convencido de que el lugar de la guerrilla era en la legalidad y sin armas.
Estoy convencido que mi padre hubiera apoyado con gran entusiasmo la decisión que finalmente condujo a las FARC-EP a acordar la paz con el Estado.
“Así quiero que sea recordado mi padre”
Por José Cardona Jiménez
Con frecuencia me preguntan cómo definiría yo a quien era mi padre. Esta es mi respuesta:
Como un humanista y un demócrata integro. Un colombiano que sacrificó todo, hasta su vida por la paz de Colombia. Un visionario que previó el desangre si no se adoptaba una posición congruente con la mayoría de los colombianos que reclaman cambios profundos, pero de forma no violenta. Un visionario también porque estaba convencido de que el lugar de la guerrilla era en la legalidad y sin armas.
Estoy convencido que mi padre hubiera apoyado con gran entusiasmo la decisión que finalmente condujo a las FARC-EP a acordar la paz con el Estado.
Su asesinato
Mi padre fue expulsado del Partido Comunista Colombiano (PCC) cuando tenía 66 años. En ese momento ya había amenazas anónimas en su contra que comprometían su vida. Mientras eso sucedía, él se dedicó a construir el Partido Revolucionario Colombiano y a editar el periódico Rumbo Popular, en el cual trabajó con sus compañeros Héctor Herrera y Alberto López. Fue en esa misma época en que él comenzó a escribir Ruptura: una camarilla corroe al Partido Comunista Colombiano, su obra política central.
La relación tensa que se configuró entre él y el Partido Comunista Colombiano le generó efectos en su salud y bienestar. La agresión permanente que él vivió, la cual está descrita en su libro, le produjo distintos dolores y malestares.
Su asesinato
Mi padre fue expulsado del Partido Comunista Colombiano (PCC) cuando tenía 66 años. En ese momento ya había amenazas anónimas en su contra que comprometían su vida. Mientras eso sucedía, él se dedicó a construir el Partido Revolucionario Colombiano y a editar el periódico Rumbo Popular, en el cual trabajó con sus compañeros Héctor Herrera y Alberto López. Fue en esa misma época en que él comenzó a escribir Ruptura: una camarilla corroe al Partido Comunista Colombiano, su obra política central.
El recién creado Partido Revolucionario Colombiano y el periódico Rumbo Popular resultaron una nueva trinchera para mi padre quien, a pesar de sus quebrantos de salud, pudo retomar la cátedra de Historia Contemporánea en la Universidad Santiago de Cali (USC), un centro académico de cuyos miembros mi padre recibía gran aprecio y reconocimiento.
Desde su casa en el barrio El Limonar, ubicado en el sur de la ciudad de Cali, mi padre estaba caminando hacia el claustro universitario cuando fue asesinado. El hecho sucedió el 8 de mayo de 1986 frente a la Iglesia Cristo del Perdón, tan solo dos días después de que su libro estuviera disponible para el público en la Librería Nacional.
El asesinato de mi padre fue, sin duda, muy doloroso para nosotros como familia. Yo, particularmente, recuerdo que estaba cerca de la casa cuando me solicitaron llegar allí lo más rápido posible, aunque no me dijeron qué era lo que había pasado, de camino un vecino me dijo: “¡mataron al doctor!”
Yo conocía cuál era el recorrido que él hacía de camino a la USC: pronto ubiqué el lugar. Mi hermana lloraba desconsolada frente al cadáver ensangrentado de mi padre. No había nada que hacer. Avisé a mi hermano Sergio, quien vivía a las afueras de Cali.
En el Instituto de Medicina Legal, se presentaron algunas personas cercanas a nuestra familia. Al día siguiente, se iniciaron las honras fúnebres que resultaron eternas para nosotros.
“Como revolucionario y demócrata, a José Cardona le parecía tentadora la opción de la paz por encima de la opción de la victoria, en razón a que la paz tiene la virtud de permitir la vida, que es la mayor victoria del ser humano”.
Lisandro Duque-cineasta. Palabras en honras fúnebres de José Cardona Hoyos
El funeral fue un encuentro de personas provenientes de todas las tendencias políticas del Valle del Cauca. Incluso sus contradictores políticos se hicieron presentes y al unísono rechazaron el abominable crimen. Reconocieron en José Cardona Hoyos, mi papá, un digno representante de las clases populares y un hombre íntegro.
Pudimos enterrar su cuerpo el domingo 11 de mayo. Nos acompañaron muchos caleños, sus estudiantes y compañeros de lucha política, quienes entonaron canciones hermosísimas en su nombre. Su compañía nos hizo sentir calor fraternal en medio de la infinita tristeza en que nos encontrábamos.
Durante el funeral, el cineasta Lisandro Duque dijo sobre mi padre: “como revolucionario y demócrata, a José Cardona le parecía tentadora la opción de la paz por encima de la opción de la victoria, en razón a que la paz tiene la virtud de permitir la vida, que es la mayor victoria del ser humano”. Ese amor por el amor y la vida fue su legado, no solo para nosotros como familia sino para toda la sociedad colombiana.
En medio de estos actos, noté cómo mi madre asumió, con un rostro que evocaba serenidad, la muerte de mi padre en medio de su infinito dolor. Mi hermana Emma Lucía, con una tristeza que se acompasaba con la resignación, despidió a nuestro padre. Todos como familia llorábamos…y aún lloramos su ausencia. Lo evocamos como un líder político valiente y demócrata, un padre excelente y un ser humano extraordinario.
El recién creado Partido Revolucionario Colombiano y el periódico Rumbo Popular resultaron una nueva trinchera para mi padre quien, a pesar de sus quebrantos de salud, pudo retomar la cátedra de Historia Contemporánea en la Universidad Santiago de Cali (USC), un centro académico de cuyos miembros mi padre recibía gran aprecio y reconocimiento.
Desde su casa en el barrio El Limonar, ubicado en el sur de la ciudad de Cali, mi padre estaba caminando hacia el claustro universitario cuando fue asesinado. El hecho sucedió el 8 de mayo de 1986 frente a la Iglesia Cristo del Perdón, tan solo dos días después de que su libro estuviera disponible para el público en la Librería Nacional.
El asesinato de mi padre fue, sin duda, muy doloroso para nosotros como familia. Yo, particularmente, recuerdo que estaba cerca de la casa cuando me solicitaron llegar allí lo más rápido posible, aunque no me dijeron qué era lo que había pasado, de camino un vecino me dijo: “¡mataron al doctor!”
Yo conocía cuál era el recorrido que él hacía de camino a la USC: pronto ubiqué el lugar. Mi hermana lloraba desconsolada frente al cadáver ensangrentado de mi padre. No había nada que hacer. Avisé a mi hermano Sergio, quien vivía a las afueras de Cali.
En el Instituto de Medicina Legal, se presentaron algunas personas cercanas a nuestra familia. Al día siguiente, se iniciaron las honras fúnebres que resultaron eternas para nosotros.
El féretro de mi padre fue trasladado al Concejo Municipal donde le rindieron un homenaje en cámara ardiente. Muchos caleños le vieron allí por última vez y en ese mismo espacio el alcalde decretó la creación de una institución educativa que llevaría su nombre. En los funerales, todo fue tristeza, como familia estábamos desolados y solo pudimos realizar su entierro cuarenta y ocho horas después de sucedido el hecho, dado que mi hermano José Javier se encontraba en la costa caribe y su traslado hacia Cali tomó su tiempo.
El funeral fue un encuentro de personas provenientes de todas las tendencias políticas del Valle del Cauca. Incluso sus contradictores políticos se hicieron presentes y al unísono rechazaron el abominable crimen. Reconocieron en José Cardona Hoyos, mi papá, un digno representante de las clases populares y un hombre íntegro.
Pudimos enterrar su cuerpo el domingo 11 de mayo. Nos acompañaron muchos caleños, sus estudiantes y compañeros de lucha política, quienes entonaron canciones hermosísimas en su nombre. Su compañía nos hizo sentir calor fraternal en medio de la infinita tristeza en que nos encontrábamos.
Durante el funeral, el cineasta Lisandro Duque dijo sobre mi padre: “como revolucionario y demócrata, a José Cardona le parecía tentadora la opción de la paz por encima de la opción de la victoria, en razón a que la paz tiene la virtud de permitir la vida, que es la mayor victoria del ser humano”. Ese amor por el amor y la vida fue su legado, no solo para nosotros como familia sino para toda la sociedad colombiana.
En medio de estos actos, noté cómo mi madre asumió, con un rostro que evocaba serenidad, la muerte de mi padre en medio de su infinito dolor. Mi hermana Emma Lucía, con una tristeza que se acompasaba con la resignación, despidió a nuestro padre. Todos como familia llorábamos…y aún lloramos su ausencia. Lo evocamos como un líder político valiente y demócrata, un padre excelente y un ser humano extraordinario.
Lisandro Duque-cineasta. Palabras en honras fúnebres de José Cardona Hoyos.
Significado histórico de su muerte
Entrevista a Álvaro Guzmán
Entrevista a Álvaro Guzmán
Por José Cardona Jiménez
En el marco de la promulgación de la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras (Ley 1448 de 2011), tras veinticinco años del asesinato de mi padre, decidí solicitar el reconocimiento de nuestra calidad como víctimas del conflicto armado colombiano. Hice el procedimiento ante la Unidad de Atención y Reparación Integral a las Víctimas (UARIV).
La tarea fue complicada. Primero, porque el caso de mi padre fue atendido en su momento por un juzgado que ya no existe (juzgado de instrucción criminal) y eso hizo muy difícil recurrir a los archivos de su proceso. Y, segundo, porque nuestro reconocimiento como víctimas fue negado durante tres largos años bajo el argumento de que el crimen contra mi padre había sido perpetrado por la delincuencia común, a pesar de la gestión que hicimos mediante tutelas y derechos de petición.
Fue hasta 2014 que el hecho se reconoció como sucedido en el marco del conflicto armado colombiano, después de que entablé una demanda contra el Estado y de aportar numerosas pruebas de la actividad política de mi padre en el Partido Comunista en el Valle y Cauca.
El Estado reconoció en este proceso no solo la calidad de víctima de mi padre, sino el error que había cometido al negarla. En este contexto, el 9 de abril de 2014 me invitaron a la Asamblea Departamental del Valle a participar en la Conmemoración del Día Nacional de la Memoria y la Solidaridad con las Víctimas del Conflicto Armado.
En ese espacio, pude manifestar mi deseo de trabajar en la dignificación de la memoria de mi padre y buscar que las circunstancias de su asesinato se esclarezcan. Además, hablé sobre la importancia que reviste para nosotros el reconocimiento del crimen como una infamia, la necesidad de que la responsabilidad de la perpetración del crimen se asuma y se realice una rectificación sobre lo sucedido.
Adicioné a ello palabras de perdón a quienes nosotros creemos fueron los autores del asesinato, personas pertenecientes a la antigua guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc); y, en concordancia con el legado de mi padre, les hice una invitación al abandono de la lucha armada y les llamé a comprometerse con honestidad con el Acuerdo de Paz.
Desde mi perspectiva, en este escenario se privilegiaron las voces de las víctimas de Estado y de los grupos paramilitares y no fueron escuchadas muchas víctimas de las Farc. Tampoco fue posible mi participación.
Sin embargo, persistí en mi propósito, así que comencé a contactarme con personas que conocían a mi papá, que habían compartido con él.
Conversé con académicos, dirigentes del Partido Comunista Colombiano de distintos niveles y otras personas y estudié una gran cantidad de documentos como una carta que dirigió el académico Medófilo Medina a Alfonso Cano (entonces, máximo dirigente de las Farc) en la que abordaba el largo recorrido de esa guerrilla desde una perspectiva histórica y muy crítica.
Documenté los testimonios que me compartieron e hice entrega de estos ante la Comisión de Esclarecimiento de la Verdad y la Convivencia (CEV), la cual se creó como parte del Proceso de paz con las Farc.
En congruencia con el legado de mi padre, me cuento entre quienes celebran que esta antigua guerrilla haya comenzado y logrado concluir las negociaciones que llevaron a que ella dejara sus armas.
En este nuevo contexto, con ansiedad y tensión me propuse continuar con mi propósito de dignificación de la memoria de mi padre, además de continuar buscando respuestas al hecho que se perpetró en su contra.
En el año 2017, estaba en campaña para la Cámara de Representantes por el Valle del Cauca Luis Alberto Albán Urbano, más conocido como “Marco León Calarcá”, dirigente de la antigua guerrilla de las Farc, ahora movimiento político.
Yo solicité que se me permitiera intervenir en un acto organizado en la sede del Partido Comunista del departamento.
En ese espacio, no hice ninguna pregunta al candidato, pero no escatimé palabras para reconocer la decisión que había tomado el grupo guerrillero al dejar las armas y asumir el proceso de paz. Reconocí también que se hubiera constituido como una opción política legal y democrática, siendo este el llamado de mi padre.
El señor Calarcá se mantuvo en silencio. Luego, personalmente lo interpelé, solicité que el nuevo partido político reconociera el crimen como un error. Solo me dijo: “para eso necesitamos gente…” No entendí qué quiso decir, no pudimos seguir conversando y me marché del recinto.
Yo aún espero la rectificación de los que hicieron parte de la guerrilla de las Farc y de la dirigencia del Partido Comunista Colombiano.
Álvaro Guzmán, académico vallecaucano que ha estudiado extensamente la historia de la violencia y los conflictos sociales y políticos en la región, nos habla sobre la apuesta de José Cardona Hoyos como premonitoria, reconociendo en él a alguien que aportó a pensar en la política de forma distinta.
“Como hijo apuesto por el reconocimiento”
Por José Cardona Jiménez
En el marco de la promulgación de la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras (Ley 1448 de 2011), tras veinticinco años del asesinato de mi padre, decidí solicitar el reconocimiento de nuestra calidad como víctimas del conflicto armado colombiano. Hice el procedimiento ante la Unidad de Atención y Reparación Integral a las Víctimas (UARIV).
La tarea fue complicada. Primero, porque el caso de mi padre fue atendido en su momento por un juzgado que ya no existe (juzgado de instrucción criminal) y eso hizo muy difícil recurrir a los archivos de su proceso. Y, segundo, porque nuestro reconocimiento como víctimas fue negado durante tres largos años bajo el argumento de que el crimen contra mi padre había sido perpetrado por la delincuencia común, a pesar de la gestión que hicimos mediante tutelas y derechos de petición.
Fue hasta 2014 que el hecho se reconoció como sucedido en el marco del conflicto armado colombiano, después de que entablé una demanda contra el Estado y de aportar numerosas pruebas de la actividad política de mi padre en el Partido Comunista en el Valle y Cauca.
En ese espacio, pude manifestar mi deseo de trabajar en la dignificación de la memoria de mi padre y buscar que las circunstancias de su asesinato se esclarezcan. Además, hablé sobre la importancia que reviste para nosotros el reconocimiento del crimen como una infamia, la necesidad de que la responsabilidad de la perpetración del crimen se asuma y se realice una rectificación sobre lo sucedido.
Adicioné a ello palabras de perdón a quienes nosotros creemos fueron los autores del asesinato, personas pertenecientes a la antigua guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc); y, en concordancia con el legado de mi padre, les hice una invitación al abandono de la lucha armada y les llamé a comprometerse con honestidad con el Acuerdo de Paz.
Desde mi perspectiva, en este escenario se privilegiaron las voces de las víctimas de Estado y de los grupos paramilitares y no fueron escuchadas muchas víctimas de las Farc. Tampoco fue posible mi participación.
Sin embargo, persistí en mi propósito, así que comencé a contactarme con personas que conocían a mi papá, que habían compartido con él.
Conversé con académicos, dirigentes del Partido Comunista Colombiano de distintos niveles y otras personas y estudié una gran cantidad de documentos como una carta que dirigió el académico Medófilo Medina a Alfonso Cano (entonces, máximo dirigente de las Farc) en la que abordaba el largo recorrido de esa guerrilla desde una perspectiva histórica y muy crítica.
Documenté los testimonios que me compartieron e hice entrega de estos ante la Comisión de Esclarecimiento de la Verdad y la Convivencia (CEV), la cual se creó como parte del Proceso de paz con las Farc.
En congruencia con el legado de mi padre, me cuento entre quienes celebran que esta antigua guerrilla haya comenzado y logrado concluir las negociaciones que llevaron a que ella dejara sus armas.
En este nuevo contexto, con ansiedad y tensión me propuse continuar con mi propósito de dignificación de la memoria de mi padre, además de continuar buscando respuestas al hecho que se perpetró en su contra.
En el año 2017, estaba en campaña para la Cámara de Representantes por el Valle del Cauca Luis Alberto Albán Urbano, más conocido como “Marco León Calarcá”, dirigente de la antigua guerrilla de las Farc, ahora movimiento político.
Yo solicité que se me permitiera intervenir en un acto organizado en la sede del Partido Comunista del departamento.
En ese espacio, no hice ninguna pregunta al candidato, pero no escatimé palabras para reconocer la decisión que había tomado el grupo guerrillero al dejar las armas y asumir el proceso de paz. Reconocí también que se hubiera constituido como una opción política legal y democrática, siendo este el llamado de mi padre.
El señor Calarcá se mantuvo en silencio. Luego, personalmente lo interpelé, solicité que el nuevo partido político reconociera el crimen como un error. Solo me dijo: “para eso necesitamos gente…” No entendí qué quiso decir, no pudimos seguir conversando y me marché del recinto.
Yo aún espero la rectificación de los que hicieron parte de la guerrilla de las Farc y de la dirigencia del Partido Comunista Colombiano.
En el desarrollo de esta iniciativa de memoria histórica se evidenció la necesidad de conocer los puntos de vista del PCC y el partido político FARC -hoy Comunes- sobre las tesis de la combinación de todas las formas de lucha y lo ocurrido en el caso de José Cardona Hoyos, así como su relevancia en la historia de la izquierda colombiana. Por ese motivo, el 19 de junio de 2020 desde el CNMH se enviaron comunicaciones formales a los representantes de estos partidos solicitando una entrevista para tratar los temas mencionados.
No se obtuvo respuesta de parte del PCC y, formalmente, tampoco del partido FARC. Sin embargo, Luis Alberto Albán Urbano, más conocido como “Marco León Calarcá”, Representante a la Cámara por el partido FARC, conoció la solicitud del CNMH y el 19 de octubre de 2020 respondió a ella en un documento titulado: “Aproximaciones al pensamiento de José Cardona Hoyos sobre la lucha armada. Visto desde un exguerrillero fariano”. En ese texto, Albán Urbano abordó cada una de las preguntas planteadas y puede ser consultado públicamente en este espacio.
En el desarrollo de esta iniciativa de memoria histórica se evidenció la necesidad de conocer los puntos de vista del PCC y el partido político FARC -hoy Comunes- sobre las tesis de la combinación de todas las formas de lucha y lo ocurrido en el caso de José Cardona Hoyos, así como su relevancia en la historia de la izquierda colombiana. Por ese motivo, el 19 de junio de 2020 desde el CNMH se enviaron comunicaciones formales a los representantes de estos partidos solicitando una entrevista para tratar los temas mencionados.