RUP-
TURA

LA CRISIS CON EL PARTIDO COMUNISTA COLOMBIANO1

“Ruptura: una camarilla corroe al Partido Comunista Colombiano”, el libro de José Cardona Hoyos, publicado dos días antes de su asesinato, recoge sus planteamientos políticos centrales, en los cuales fundamentó su crítica a la combinación de todas las formas de lucha. 

El libro de José da cuenta de las luchas políticas e ideológicas que debió librar en democracia, sin armas, contando solo con la argumentación y la palabra. 

En esta sección, su hijo nos dará un recorrido por la obra de su padre y por las relaciones que guarda ésta con sus experiencias, sus apuestas y su militancia en el contexto de la emergencia de las guerrillas, las transformaciones políticas y organizativas del Partido Comunista Colombiano2 y las divergencias de pensamiento y acción entre sus militantes.

1 Sobre la historia y la dinámica del Partido Comunista Colombiano (sus orígenes, ideología, proyecto político, influencias externas, estructura organizativa, debates internos, entre otros) existen numerosos trabajos académicos y documentos. Además de varias fuentes ya referidas en la primera parte de esta multimedia se sugiere la lectura del artículo del profesor Javier Duque Isaza (2012). “Comunistas. El Partido Comunista Colombiano en el post Frente Nacional”. Estudios Políticos, 41, Instituto de Estudios Políticos, Universidad de Antioquia, pp.124-148.2012. Este documento resulta de utilidad para entender el contexto en el que Cardona Hoyos sostuvo su acción política como destacada figura de ese partido y puede ser consultado en línea en www.scielo.org.co/pdf/espo/n41/n41a07.pdf 

 

 

2 En términos organizativos, todo miembro debe hacer parte de una célula, estructura de base del Partido. Estas son el vínculo inmediato del partido con la población. Cuando existen varias células, se crean comités de radio integrados por delegados de las células con un número entre siete y nueve miembros, con un secretario elegido por sus miembros. En el siguiente nivel, se conforman los comités de zona elegidos por los delegados de comités de radio o de célula que dependen de él. El organismo superior en cada región es la Conferencia Regional integrada por los delegados de las respectivas zonas y de los radios en los comités regionales, los cuales se reúnen cada dos meses.

La Conferencia Regional se reúne cada dos años y tiene tres funciones: discutir, enmendar o aprobar los informes presentados por el Comité Regional; elegir el Comité Regional y elegir los delegados al Congreso del Partido. En esta estructura, el Congreso Nacional, que se reúne cada cuatro años, constituye el organismo superior, el cual tiene como funciones discutir, enmendar o aprobar los informes del Comité Central, aprobar y reformar los estatutos del partido, determinar la línea táctica y elegir su Comité Central. Al congreso pueden asistir los delegados elegidos por las conferencias regionales, además de los miembros del Comité Central. El Comité Central del PCC es el escenario para la toma de decisiones entre uno y otro congreso. Este elige un Comité Ejecutivo de, al menos, once miembros, un secretario general, un secretariado de cinco miembros, una comisión de control financiero y una comisión general de cuadros. Los comités regionales pueden crear comisiones similares a nivel regional (Cf. Estatutos PCC, 1980, capítulo VI). 

Ver Gráfico No. 1

RUP-
TURA

LA CRISIS CON EL PARTIDO COMUNISTA COLOMBIANO1

“Ruptura: una camarilla corroe al Partido Comunista Colombiano”, el libro de José Cardona Hoyos, publicado dos días antes de su asesinato, recoge sus planteamientos políticos centrales, en los cuales fundamentó su crítica a la combinación de todas las formas de lucha. 

El libro de José da cuenta de las luchas políticas e ideológicas que debió librar en democracia, sin armas, contando solo con la argumentación y la palabra. 

En esta sección, su hijo nos dará un recorrido por la obra de su padre y por las relaciones que guarda ésta con sus experiencias, sus apuestas y su militancia en el contexto de la emergencia de las guerrillas, las transformaciones políticas y organizativas del Partido Comunista Colombiano2 y las divergencias de pensamiento y acción entre sus militantes.

1 Sobre la historia y la dinámica del Partido Comunista Colombiano (sus orígenes, ideología, proyecto político, influencias externas, estructura organizativa, debates internos, entre otros) existen numerosos trabajos académicos y documentos. Además de varias fuentes ya referidas en la primera parte de esta multimedia se sugiere la lectura del artículo del profesor Javier Duque Isaza (2012). “Comunistas. El Partido Comunista Colombiano en el post Frente Nacional”. Estudios Políticos, 41, Instituto de Estudios Políticos, Universidad de Antioquia, pp.124-148.2012. Este documento resulta de utilidad para entender el contexto en el que Cardona Hoyos sostuvo su acción política como destacada figura de ese partido y puede ser consultado en línea en www.scielo.org.co/pdf/espo/n41/n41a07.pdf 

 

 

2 En términos organizativos, todo miembro debe hacer parte de una célula, estructura de base del Partido. Estas son el vínculo inmediato del partido con la población. Cuando existen varias células, se crean comités de radio integrados por delegados de las células con un número entre siete y nueve miembros, con un secretario elegido por sus miembros. En el siguiente nivel, se conforman los comités de zona elegidos por los delegados de comités de radio o de célula que dependen de él. El organismo superior en cada región es la Conferencia Regional integrada por los delegados de las respectivas zonas y de los radios en los comités regionales, los cuales se reúnen cada dos meses. La Conferencia Regional se reúne cada dos años y tiene tres funciones: discutir, enmendar o aprobar los informes presentados por el Comité Regional; elegir el Comité Regional y elegir los delegados al Congreso del Partido. En esta estructura, el Congreso Nacional, que se reúne cada cuatro años, constituye el organismo superior, el cual tiene como funciones discutir, enmendar o aprobar los informes del Comité Central, aprobar y reformar los estatutos del partido, determinar la línea táctica y elegir su Comité Central. Al congreso pueden asistir los delegados elegidos por las conferencias regionales, además de los miembros del Comité Central. El Comité Central del PCC es el escenario para la toma de decisiones entre uno y otro congreso. Este elige un Comité Ejecutivo de, al menos, once miembros, un secretario general, un secretariado de cinco miembros, una comisión de control financiero y una comisión general de cuadros. Los comités regionales pueden crear comisiones similares a nivel regional (Cf. Estatutos PCC, 1980, capítulo VI). 

Ver Gráfico No. 1

Una relación
hostil

Fue al interior del Partido Comunista Colombiano (PCC) donde mi padre debió dar las más duras batallas para defender su cuestionamiento a la “combinación de todas las formas de lucha”. No es posible dimensionar esta enérgica y clara interpelación, ni las tesis en relación con la lucha democrática y la solución política del conflicto armado, si no se reconoce su relación con el PCC.

Él mismo percibió el comienzo de una conspiración en su contra y la hizo explicita en su libro, pues como autoridad del PCC en el Valle del Cauca fue agredido por habladurías que se levantaron en su contra y que condujeron a que se comenzaran a desarrollar acciones a espaldas del Comité Regional.

Mi padre solía citar esta frase de Guegorgi Dimitrov, dirigente comunista búlgaro: “Un Partido Comunista no puede hablar oficialmente a sus simpatizantes una cosa y al mismo tiempo hacer lo contrario”. La reiteración de la frase correspondía justamente a como él se sentía con respecto al partido. 

Fuente: Cardona Hoyos (1985). Archivo familiar.

Fuente: Cardona Hoyos (1985). Archivo familiar.

Una relación
hostil

Fue al interior del Partido Comunista Colombiano (PCC) donde mi padre debió dar las más duras batallas para defender su cuestionamiento a la “combinación de todas las formas de lucha”. No es posible dimensionar esta enérgica y clara interpelación, ni las tesis en relación con la lucha democrática y la solución política del conflicto armado, si no se reconoce su relación con el PCC.

Él mismo percibió el comienzo de una conspiración en su contra y la hizo explicita en su libro, pues como autoridad del PCC en el Valle del Cauca fue agredido por habladurías que se levantaron en su contra y que condujeron a que se comenzaran a desarrollar acciones a espaldas del Comité Regional.

Mi padre solía citar esta frase de Guegorgi Dimitrov, dirigente comunista búlgaro: “Un Partido Comunista no puede hablar oficialmente a sus simpatizantes una cosa y al mismo tiempo hacer lo contrario”. La reiteración de la frase correspondía justamente a como él se sentía con respecto al partido. 

Fuente: Cardona Hoyos (1985). Archivo familiar.

Rechazo al
paralelismo

Mi padre entendía el paralelismo dentro del PCC como una acción divisionista o fraccionalista en virtud de la cual militantes del Partido, haciendo trabajo clandestino ante sus propios organismos de dirección, se dedicaban a difundir un discurso político de justificación y apoyo a la lucha armada. Además, bajo el pretexto de que era necesario “acelerar el proceso revolucionario”, predicaban que se requería formar una organización paralela encargada de realizar tareas de apoyo al movimiento armado insurgente o guerrillero.

Desde 1977, el Comité Regional Comunista del Valle, que mi padre dirigía, tuvo que soportar el paralelismo. Algunos militantes del Partido en Yumbo asumieron una postura de desobediencia ante las tareas políticas establecidas por la dirección regional aduciendo que no eran obligatorias.

José Cardona Hoyos junto a Gilberto Vieira durante un acto político en Cali. Fuente: Archivo familiar.

Esta circunstancia fue denunciada ante las autoridades nacionales del Partido Comunista, sin embargo, transcurrieron dos años sin que ocurriera nada.

Antes de ese año, mi padre había identificado otra situación de paralelismo cuando en 1972 Jaime Bateman Cayón, siendo miembro del PCC y estando vinculado a las FARC, llegó a Cali a reclutar miembros del Partido de manera clandestina, a quienes les encargó realizar tareas de apoyo logístico a ese grupo guerrillero. Mi padre denunció este hecho ante el Comité Ejecutivo Central del Partido.

En este mismo año, Jacobo Arenas, uno de los dirigentes de las Farc, pidió a aquellos militantes que venían a Cali a apoyar la lucha armada que no se pelearan con Cardona Hoyos, porque, según él, era un reaccionario (Villamizar, 2017).

Cabe indicar que Bateman fue trasladado de Cali y algunos años después fundó el Movimiento 19 de abril – M19 junto con otros miembros de las FARC, algunos dirigentes de la Alianza Nacional Popular (ANAPO) y gente de otros sectores políticos.

Fue en el año de 1979, durante la XXIII Conferencia Regional del Partido Comunista, cuando Gilberto Vieira (Secretario General del PCC) fue testigo de cómo uno de los paralelistas de la región públicamente prometió destruir el Comité Regional del Valle del Cauca; no escatimó esfuerzos para descalificar la autoridad regional del PCC e insinuó su apoyo total a la insurgencia en detrimento, incluso, de la seguridad de los miembros del Partido. Vieira por su parte, informó al Comité Ejecutivo Central en Bogotá de estos hechos y consideró a uno de sus promotores como “un provocador extremadamente peligroso”.

Durante el gobierno de Julio César Turbay Ayala (1978-1982), en los tiempos del Estado de Sitio y el Estatuto de Seguridad que supusieron la vulneración de los Derechos Humanos, arreciaba la acción armada de las guerrillas, la cual tuvo lugar incluso en Bogotá, donde el M-19 perpetró el robo de armas al Cantón Norte (1979) y la toma de la embajada de República Dominicana (1980).

En ese ambiente político, en 1980 se realizó el XIII Congreso del PCC3. En este, el Partido formuló la línea política central indicando: «la lucha por la democracia se convierte en el centro principal de los objetivos del movimiento revolucionario, en la esencia de la unidad y la alianza popular y en el elemento común de la lucha de masas, tanto reivindicativas como políticas”. 

Por supuesto, mi padre hizo parte de quienes impulsaron esas tesis y, por supuesto, también votó en su favor.

Pese a estas definiciones políticas tan claras, la tensión con el sector que hacía paralelismo no sólo continuó, sino que se agudizó. En el Valle del Cauca, el Comité Regional solicitó al Comité Ejecutivo Central enviar un delegado para ayudar a solucionar el problema de fraccionalismo que se tornaba cada vez más complicado.

En este contexto, algunos militantes apoyaban no sólo a las FARC sino también al M-19, según ellos, con el beneplácito del Comité Ejecutivo Central del PCC. Se trataba en este caso, según mi padre, de “un hecho de absoluta confusión ideológica”. El secretario de organización del PCC, Teófilo Forero, se refirió a la actitud de la dirección regional del Valle del Cauca como “sectaria, intolerante y autoritaria” en relación con el fraccionalismo.

3 Para ver con más detalle las decisiones más importantes de tipo político adoptadas por el PCC en el marco de sus Congresos Nacionales entre 1974 y 1986.

Ver Tabla No. 1

Rechazo al
paralelismo

Mi padre entendía el paralelismo dentro del PCC como una acción divisionista o fraccionalista en virtud de la cual militantes del Partido, haciendo trabajo clandestino ante sus propios organismos de dirección, se dedicaban a difundir un discurso político de justificación y apoyo a la lucha armada. Además, bajo el pretexto de que era necesario “acelerar el proceso revolucionario”, predicaban que se requería formar una organización paralela encargada de realizar tareas de apoyo al movimiento armado insurgente o guerrillero.

Desde 1977, el Comité Regional Comunista del Valle, que mi padre dirigía, tuvo que soportar el paralelismo. Algunos militantes del Partido en Yumbo asumieron una postura de desobediencia ante las tareas políticas establecidas por la dirección regional aduciendo que no eran obligatorias.

José Cardona Hoyos junto a Gilberto Vieira durante un acto político en Cali. Fuente: Archivo familiar.

Esta circunstancia fue denunciada ante las autoridades nacionales del Partido Comunista, sin embargo, transcurrieron dos años sin que ocurriera nada.

Antes de ese año, mi padre había identificado otra situación de paralelismo cuando en 1972 Jaime Bateman Cayón, siendo miembro del PCC y estando vinculado a las FARC, llegó a Cali a reclutar miembros del Partido de manera clandestina, a quienes les encargó realizar tareas de apoyo logístico a ese grupo guerrillero. Mi padre denunció este hecho ante el Comité Ejecutivo Central del Partido.

En este mismo año, Jacobo Arenas, uno de los dirigentes de las Farc, pidió a aquellos militantes que venían a Cali a apoyar la lucha armada que no se pelearan con Cardona Hoyos, porque, según él, era un reaccionario (Villamizar, 2017).

Cabe indicar que Bateman fue trasladado de Cali y algunos años después fundó el Movimiento 19 de abril – M19 junto con otros miembros de las FARC, algunos dirigentes de la Alianza Nacional Popular (ANAPO) y gente de otros sectores políticos.

Fue en el año de 1979, durante la XXIII Conferencia Regional del Partido Comunista, cuando Gilberto Vieira (Secretario General del PCC) fue testigo de cómo uno de los paralelistas de la región públicamente prometió destruir el Comité Regional del Valle del Cauca; no escatimó esfuerzos para descalificar la autoridad regional del PCC e insinuó su apoyo total a la insurgencia en detrimento, incluso, de la seguridad de los miembros del Partido. Vieira por su parte, informó al Comité Ejecutivo Central en Bogotá de estos hechos y consideró a uno de sus promotores como “un provocador extremadamente peligroso”.

Durante el gobierno de Julio César Turbay Ayala (1978-1982), en los tiempos del Estado de Sitio y el Estatuto de Seguridad que supusieron la vulneración de los Derechos Humanos, arreciaba la acción armada de las guerrillas, la cual tuvo lugar incluso en Bogotá, donde el M-19 perpetró el robo de armas al Cantón Norte (1979) y la toma de la embajada de República Dominicana (1980).

En ese ambiente político, en 1980 se realizó el XIII Congreso del PCC3. En este, el Partido formuló la línea política central indicando: «la lucha por la democracia se convierte en el centro principal de los objetivos del movimiento revolucionario, en la esencia de la unidad y la alianza popular y en el elemento común de la lucha de masas, tanto reivindicativas como políticas”. 

Por supuesto, mi padre hizo parte de quienes impulsaron esas tesis y, por supuesto, también votó en su favor.

Pese a estas definiciones políticas tan claras, la tensión con el sector que hacía paralelismo no sólo continuó, sino que se agudizó. En el Valle del Cauca, el Comité Regional solicitó al Comité Ejecutivo Central enviar un delegado para ayudar a solucionar el problema de fraccionalismo que se tornaba cada vez más complicado.

En este contexto, algunos militantes apoyaban no sólo a las FARC sino también al M-19, según ellos, con el beneplácito del Comité Ejecutivo Central del PCC. Se trataba en este caso, según mi padre, de “un hecho de absoluta confusión ideológica”. El secretario de organización del PCC, Teófilo Forero, se refirió a la actitud de la dirección regional del Valle del Cauca como “sectaria, intolerante y autoritaria” en relación con el fraccionalismo.

3 Para ver con más detalle las decisiones más importantes de tipo político adoptadas por el PCC en el marco de sus Congresos Nacionales entre 1974 y 1986.

Ver Tabla No. 1

Retroceso político
para el PCC

En 1982, se realizó la Séptima Conferencia de las FARC. En este mismo año, las elecciones revelaron un fracaso para el Partido Comunista en todo el país: se perdieron curules y posiciones importantes en asambleas y concejos. Los comunistas del Valle perdieron su espacio en la Cámara de Representantes, que José Cardona Hoyos había ocupado durante los últimos ocho años.

Ese impacto político mi padre lo leyó como una consecuencia del impulso bélico que se estaba viviendo y el detrimento que éste generaba en las relaciones que se establecían con las personas. Así explicó lo que el PCC estaba experimentando en esa época:

Fuente: Cardona Hoyos (1985). Archivo familiar.

Retroceso político
para el PCC

En 1982, se realizó la Séptima Conferencia de las FARC. En este mismo año, las elecciones revelaron un fracaso para el Partido Comunista en todo el país: se perdieron curules y posiciones importantes en asambleas y concejos. Los comunistas del Valle perdieron su espacio en la Cámara de Representantes, que José Cardona Hoyos había ocupado durante los últimos ocho años.

Ese impacto político mi padre lo leyó como una consecuencia del impulso bélico que se estaba viviendo y el detrimento que éste generaba en las relaciones que se establecían con las personas. Así explicó lo que el PCC estaba experimentando en esa época:

Fuente: Cardona Hoyos (1985). Archivo familiar.

Pese a la hostilidad,
continúo su lucha

Tras la pérdida de su curul en el Congreso, y por razones económicas, mi padre renunció al lugar que tenía dentro del Comité Ejecutivo Central del Partido, pues él no podía trasladarse a Bogotá cada vez que este organismo se reunía. 

Este hecho fortaleció a sus detractores, quienes querían verlo fuera del organismo de dirección regional. Miller Chacón y Manuel Cepeda Vargas sugirieron que Cardona Hoyos, por su avanzada edad, debía abandonar el cargo de secretario regional del Partido Comunista en el Valle.

Para la XXV Conferencia Regional del Partido Comunista (1982), la delegación del Comité Ejecutivo Central fue conformada por Jesús Villegas, Álvaro Delgado y Miller Chacón. Como mecanismo de solución al problema fraccional en el Partido, ellos propusieron que mi padre y Héctor Herrera renunciaran “voluntariamente” a ser reelegidos como miembros del Comité Regional.

Cardona y Herrera se negaron rotundamente a esta propuesta e indicaron que era violatoria de la democracia interna y una incalificable claudicación ante el grupo divisionista del Partido.

Reunión del Comité Ejecutivo Regional de Valle y Cauca del PCC (De izq. a der.: Pedro Alcántara; hombre sin identificar; José Cardona Hoyos; hombre sin identificar; Gilberto Vieira; Nicolás Buenaventura). Fuente: archivo familiar.

Mi padre fue reelegido como secretario regional y Herrera como secretario de organización, pese a los intentos de oposición del nivel central. Las bases del Partido fueron informadas de las acciones del Comité Ejecutivo Central (CEC), lo que consideraron una falta gravísima a su autoridad. En ese contexto el Comité preparó una resolución de acusación frente al pleno del PCC.

Frente a este hecho, en reunión con los otros miembros del Comité Ejecutivo Regional, mi padre resolvió presentar su renuncia al cargo directivo. Lo mismo hizo Héctor Herrera. 

El ejecutivo regional nombró a Germán Cobo y Alcibíades Paredes como encargados de redactar la respuesta a estas renuncias, las cuales no se aceptaron. Mi padre y Herrera fueron respaldados en el manejo que le dieron al fraccionalismo. 

Ahora bien, en el marco de la Asamblea Regional no se presentaron cuestionamientos al desempeño que tuvieron Cardona y Herrera en sus cargos. Por el contrario, se expuso una fuerte crítica a los delegados del Comité Ejecutivo Central Hernando Hurtado y Miller Chacón, porque se negaron a permitir que los mandos medios del Partido Comunista opinaran sobre asuntos que, según ellos, eran de competencia exclusiva del ejecutivo central. 

Expresiones como estas condujeron a que mi padre calificara al PCC como despótico, dado que la toma de decisiones del Partido se basaba en el centralismo democrático4 y esta forma de acción condujo a que la dirección se asumiera como la única autoridad sobre sus bases:

Fuente: Cardona Hoyos (1985). Archivo familiar.
4 El centralismo democrático es la forma tradicional de toma de decisiones en los partidos comunistas. “Siguiendo la línea clásica de los partidos comunistas, el PCC se constituye como un partido de militantes bajo el principio del centralismo democrático y con una clara tendencia ideológica que no da espacios al pluralismo ni al disenso. Mientras que en las democracias liberales se considera que los partidos políticos no son actores monolíticos-unitarios y que en su interior conviven fracciones y tendencias que dinamizan la actividad del partido y expresan los disensos, matices y puntos de vista opuestos, en el PCC la premisa inmodificable es la unidad de programas, de ideología, de estrategias y de tácticas. En la concepción del PCC la comunión absoluta constituye la condición sine qua non de pervivencia del partido” (Duque Daza, 2012).

Pese a la hostilidad,
continuó su lucha

Tras la pérdida de su curul en el Congreso, y por razones económicas, mi padre renunció al lugar que tenía dentro del Comité Ejecutivo Central del Partido, pues él no podía trasladarse a Bogotá cada vez que este organismo se reunía. 

Este hecho fortaleció a sus detractores, quienes querían verlo fuera del organismo de dirección regional. Miller Chacón y Manuel Cepeda Vargas sugirieron que Cardona Hoyos, por su avanzada edad, debía abandonar el cargo de secretario regional del Partido Comunista en el Valle.

Para la XXV Conferencia Regional del Partido Comunista (1982), la delegación del Comité Ejecutivo Central fue conformada por Jesús Villegas, Álvaro Delgado y Miller Chacón. Como mecanismo de solución al problema fraccional en el Partido, ellos propusieron que mi padre y Héctor Herrera renunciaran “voluntariamente” a ser reelegidos como miembros del Comité Regional.

Cardona y Herrera se negaron rotundamente a esta propuesta e indicaron que era violatoria de la democracia interna y una incalificable claudicación ante el grupo divisionista del Partido.

Mi padre fue reelegido como secretario regional y Herrera como secretario de organización, pese a los intentos de oposición del nivel central. Las bases del Partido fueron informadas de las acciones del Comité Ejecutivo Central (CEC), lo que consideraron una falta gravísima a su autoridad. En ese contexto el Comité preparó una resolución de acusación frente al pleno del PCC.

Frente a este hecho, en reunión con los otros miembros del Comité Ejecutivo Regional, mi padre resolvió presentar su renuncia al cargo directivo. Lo mismo hizo Héctor Herrera. 

El ejecutivo regional nombró a Germán Cobo y Alcibíades Paredes como encargados de redactar la respuesta a estas renuncias, las cuales no se aceptaron. Mi padre y Herrera fueron respaldados en el manejo que le dieron al fraccionalismo.

Ahora bien, en el marco de la Asamblea Regional no se presentaron cuestionamientos al desempeño que tuvieron Cardona y Herrera en sus cargos. Por el contrario, se expuso una fuerte crítica a los delegados del Comité Ejecutivo Central Hernando Hurtado y Miller Chacón, porque se negaron a permitir que los mandos medios del Partido Comunista opinaran sobre asuntos que, según ellos, eran de competencia exclusiva del ejecutivo central. 

Reunión del Comité Ejecutivo Regional de Valle y Cauca del PCC (De izq. a der.: Pedro Alcántara; hombre sin identificar; José Cardona Hoyos; hombre sin identificar; Gilberto Vieira; Nicolás Buenaventura). Fuente: archivo familiar.
Expresiones como estas condujeron a que mi padre calificara al PCC como despótico, dado que la toma de decisiones del Partido se basaba en el centralismo democrático4 y esta forma de acción condujo a que la dirección se asumiera como la única autoridad sobre sus bases:
Fuente: Cardona Hoyos (1985). Archivo familiar.

1984: entre la hostilidad y el despotismo

El congreso en pleno del PCC se llevó a cabo en Bogotá en 1984, cuando ya Belisario Betancur estaba en la Presidencia (1982-1986) y en un contexto en que el Estatuto de Seguridad había sido derogado y se había otorgado amnistía a los grupos armados insurgentes a cambio de su desmovilización (M19, FARC, EPL, ELN). En ese espacio, mi padre entregó a cada uno de los integrantes del Pleno la documentación sobre los episodios de divisionismo a los que había hecho frente y las medidas que había tomado al respecto. Ahí dejó constancia de su rechazo a la lucha armada y afirmó que el lugar de la guerrilla era en la legalidad y sin armas.

También entregó una carta que siete profesores comunistas de la Universidad Santiago de Cali habían redactado para el Pleno con el fin de denunciar las actividades fraccionalistas en el departamento. Ante la intervención de mi padre y la documentación que entregó, nuevamente se manifestó la censura y el despotismo. Así lo relata en su libro:

Fuente: Cardona Hoyos (1985). Archivo familiar.

El Pleno terminó y en este espacio se aprobaron sanciones contra la dirección del Comité del Valle del Cauca. Así, Manuel Cepeda Vargas, Hernando Hurtado, Miller Chacón, Jaime Caycedo y Gilberto Vieira, como miembros del Comité Ejecutivo Central, viajaron al departamento e informaron que mi padre y Herrera habían sido sancionados y separados del Comité Ejecutivo Regional.

José Cardona Hoyos y Gilberto Vieira suscribiendo un documento del PCC. Fuente: archivo familiar.

En ese contexto, el Comité Ejecutivo Regional convocó a un pleno para estudiar la situación y adoptar la decisión más conveniente a los intereses del Partido. El Comité Regional, por una votación mayoritaria (23 de los 29 miembros), resolvió elaborar un texto en que se señalaba que el Comité Ejecutivo Central no tenía razón, pero que había que aceptar su autoridad. Cardona y Herrera fueron reemplazados por Jaime Rico y Germán Cobo.

Fuente: Voz Proletaria (1984, noviembre 22)

Fue en este mismo año que el Partido Comunista Colombiano expulsó a mi padre como militante5. Fue en ese año también que él comenzó a escribir “Ruptura: una camarilla corroe al Partido Comunista Colombiano”, el libro a través del cual continúo compartiendo sus pensamientos y su apuesta por la militancia en la legalidad.

5 Para preservar su unidad, generalmente los partidos comunistas adoptaron una forma de tramitar las diferencias más graves en torno a los asuntos ideológicos, las alianzas políticas y electorales, la combinación de formas de lucha, entre otros, que de manera recurrente terminaron en la expulsión de varios de sus militantes.
Ver Tabla No. 2

1984: entre la hostilidad y el despotismo

El congreso en pleno del PCC se llevó a cabo en Bogotá en 1984, cuando ya Belisario Betancur estaba en la Presidencia (1982-1986) y en un contexto en que el Estatuto de Seguridad había sido derogado y se había otorgado amnistía a los grupos armados insurgentes a cambio de su desmovilización (M19, FARC, EPL, ELN). En ese espacio, mi padre entregó a cada uno de los integrantes del Pleno la documentación sobre los episodios de divisionismo a los que había hecho frente y las medidas que había tomado al respecto. Ahí dejó constancia de su rechazo a la lucha armada y afirmó que el lugar de la guerrilla era en la legalidad y sin armas.

También entregó una carta que siete profesores comunistas de la Universidad Santiago de Cali habían redactado para el Pleno con el fin de denunciar las actividades fraccionalistas en el departamento. Ante la intervención de mi padre y la documentación que entregó, nuevamente se manifestó la censura y el despotismo. Así lo relata en su libro:

Fuente: Cardona Hoyos (1985). Archivo familiar.

En ese contexto, el Comité Ejecutivo Regional convocó a un pleno para estudiar la situación y adoptar la decisión más conveniente a los intereses del Partido. El Comité Regional, por una votación mayoritaria (23 de los 29 miembros), resolvió elaborar un texto en que se señalaba que el Comité Ejecutivo Central no tenía razón, pero que había que aceptar su autoridad. Cardona y Herrera fueron reemplazados por Jaime Rico y Germán Cobo.

Fue en este mismo año que el Partido Comunista Colombiano expulsó a mi padre como militante5. Fue en ese año también que él comenzó a escribir “Ruptura: una camarilla corroe al Partido Comunista Colombiano”, el libro a través del cual continúo compartiendo sus pensamientos y su apuesta por la militancia en la legalidad.

5 Para preservar su unidad, generalmente los partidos comunistas adoptaron una forma de tramitar las diferencias más graves en torno a los asuntos ideológicos, las alianzas políticas y electorales, la combinación de formas de lucha, entre otros, que de manera recurrente terminaron en la expulsión de varios de sus militantes.
Ver Tabla No. 2

El Pleno terminó y en este espacio se aprobaron sanciones contra la dirección del Comité del Valle del Cauca. Así, Manuel Cepeda Vargas, Hernando Hurtado, Miller Chacón, Jaime Caycedo y Gilberto Vieira, como miembros del Comité Ejecutivo Central, viajaron al departamento e informaron que mi padre y Herrera habían sido sancionados y separados del Comité Ejecutivo Regional.

José Cardona Hoyos y Gilberto Vieira suscribiendo un documento del PCC. Fuente: archivo familiar.

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