Queremos
contar
nuestra
historia

El 15 de julio de 1994, Cañaveral fue descrito por el diario El Tiempo de la siguiente manera:

[es] un pueblo fantasma. En este corregimiento del municipio de Turbaco, en Bolívar, ubicado a una hora de la turística Cartagena, la pobreza es evidente. No hay gente en sus calles polvorientas y sólo el escándalo de un pick-up lejano testifica que hay vida en la aldea escogida para los diálogos de paz.

Para esa misma fecha, Carlos Mendivil, gobernador de Bolívar, informó que «en vista de la hospitalidad que este pueblo brindó a las negociaciones, se ejecutarán diversas obras. Entre ellas, el arreglo de la vía Turbaco-Cañaveral, la dotación de un laboratorio para el colegio y el mejoramiento del puesto de salud». Sin embargo, el cumplimiento de estas promesas no se ha hecho realidad en Cañaveral, por lo que podría interpretarse que este proceso aún no ha terminado.

Por ellos, a través de audios, fotografías y otras pistas construiremos esta memoria colectiva desde nuestra voz.

Compartimos testimonios y conversaciones entre nosotros, los pobladores de Cañaveral, para que las nuevas generaciones y el mundo conozcan lo que acá sucedió, pero también para que sean un antídoto contra el olvido.

Mujer desplazada

En el año 2002, vivía yo con mi esposo y dos niñas, una de 5 años, una de 3 años, en la finca llamada «Bajo Grande», ubicada en el sector entre Zipacoa y Agua Viva que conducen hacia el corregimiento de San José de Chiquito. Ese fue un lugar donde los grupos armados de la ley se ubicaron en todo ese sector. Fue algo bastante duro para nosotros como campesinos, porque tuvimos que dejar todo abandonado, por lo menos los ranchos donde nosotros vivíamos los quemaron, se perdieron muchos animales, quedó el cultivo y nos dijeron que teníamos que abandonar ese sector, porque ese sector era para ellos, donde ellos iban a ubicarse.

Fue algo que directamente nos afectó espiritualmente, porque nunca tuvimos tranquilidad y, sobre todo, porque el campesino vive bien en el campo y dejar todo abandonado y quemar el lugar donde uno vive es bastante atemorizante. Por lo menos, en el caso mío, tuve que venir al pueblo, dejar a mis hijas prácticamente abandonadas e irme a trabajar, porque directamente no se podía ir a ese lugar.

También, en la finca de Agua Viva, en el sector donde vivía mi papá, también se presentó el grupo al margen de la ley, obligando a mi papá a cocinar. Incluso obligaron a mi papá a que se quitará la ropa que él tenía de trabajo y se diera a ellos para cocinarles. Eso fue algo que me marcó mucho, a nosotros, mi papá principalmente que les cocinó, pero con el temor de que podría llegar otro grupo y, entonces, él estaría inocente en un combate de esos.

Para nosotros fue algo que no podemos olvidar porque, la verdad, en todo el tiempo que nosotros teníamos de estar viviendo en la finca, en la parcelita, nunca lo vivimos, pero gracias a Dios lo hemos superado y confiamos en que vamos a seguir más adelante consiguiendo la paz que tanto anhelamos.

Lider Juvenil

Hablar de construcción de memoria en una comunidad que ha vivido el conflicto armado de una manera muy significativa es un poco difícil porque la gente tiene miedo, se pone quizás prejuicios sobre lo que puede decir para que, más adelante, no vaya a incurrir en su tranquilidad personal.

Como joven líder de la comunidad que quiere reconocer el trabajo hecho enmarcado en la reconstrucción de memoria, lo cual no ha sido nada fácil, guardo la esperanza de que las personas de esta comunidad de Cañaveral puedan hablar, dialogar y expresar todo esos sentimientos que vivieron durante el conflicto armado.

Esperamos que en la historia se relate que, en un pueblo donde se produce la caña, la miel, donde se hace el Festival de la Caña, donde hay jóvenes dispuestos a trabajar por su comunidad, también tiene una secuela del conflicto armado, pero que no se vive con dolor, sino que se vive con la esperanza de un mejor mañana, se vive con la esperanza de que encontrarán la paz, la justicia y la reconciliación que tanto anhelan.

Como jóvenes dispuestos también a ser parte de esta historia, hemos comenzado un proceso, una trayectoria de reconstruir la memoria de esta comunidad, que por tantos años ha sido olvidada y ha sido enmarcada por la marginación y la exclusión de los gobiernos.

Pero eso no es obstáculo para que nosotros queramos sacar adelante todo lo bello y lo bonito que tiene nuestra comunidad a pesar de todas las dificultades. Esperamos que el conflicto armado no sea un dolor, sino que sea un recuerdo donde miremos nuestro pasado, pero que también pensemos en un futuro para los jóvenes, para los niños y para todas las otras generaciones que vienen, quienes encentrarán memorias y sabrán que hay historia y que en Cañaveral, donde se cultiva la miel, donde se hace la mejor panela, también hay gente que le pone el alma a reconstruir su historia, historia sin dolor, historia de reconciliación.

¿Sabes por qué se llama Cañaveral? Me preguntó un muchacho en la calle sabiendo la respuesta. Sin esperar mis palabras, comenzó la historia:

Inicialmente se llamaba Verastica porque aquí vivía un pueblo indígena que se llamaba así. Dicen que ellos cultivaban caña, pero yo no creo, más bien cultivaban yuca o ñame porque los cultivos de caña llegaron con la Colonia, así como en Cuba, donde son afros como nosotros, o como en el Valle del Cauca. En fin, esto se llamaba Verastica hasta 1889, donde se cambió el nombre a Cañaveral por los cultivos de caña en la zona y porque se producía casi toda la caña de la región. Por esta razón, los gobernantes de Turbaco lo declararon como un corregimiento, y así pasamos a ser turbaqueros.

En esos tiempos, en estas tierras no vivía mucha gente. Había de 15 a 30 trabajadores por finca, y venían de Santa Rosa, Arenal, Soplaviento o Arjona. Ellos se dedicaban a la siembra y corte de caña que molían en trapiches de madera tirados por bueyes y así hacían la panela y la miel de caña. Estos productos llamaron la atención de las empresas en Cartagena, entre esas la Licorera de Bolívar que compraba la caña y sus productos generando empleo y riqueza en la zona. Sin embargo, en 1991, la cosa se puso mala y nos dejaron de comprar la miel porque otro proveedor la ofrecía más tecnificada, así que despidieron muchos trabajadores, vendieron fincas y muchas familias abandonaron la zona, otras familias volvieron a la yuca, al maíz, a la venta de bollo limpio o de coco, y poco a poco se fue acabando la caña.

Aunque la verdadera tragedia llegó con la guerra. Allí, en la cancha de sóftbol, se desmovilizó el EPL en 1994 y en 1999 llegaron otros grupos armados. Ahí sí se jodió esto, porque comenzó el desplazamiento, las amenazas, el robo de ganado que pasaba por acá, los secuestros y el miedo, del que no hemos salimos porque si pasa algo nadie se entera.

El muchacho se fue y me dejó la historia a medias.

Queremos
contar
nuestra
historia

El 15 de julio de 1994, Cañaveral fue descrito por el diario El Tiempo de la siguiente manera:

[es] un pueblo fantasma. En este corregimiento del municipio de Turbaco, en Bolívar, ubicado a una hora de la turística Cartagena, la pobreza es evidente. No hay gente en sus calles polvorientas y sólo el escándalo de un pick-up lejano testifica que hay vida en la aldea escogida para los diálogos de paz.

En esos tiempos, en estas tierras no vivía mucha gente. Había de 15 a 30 trabajadores por finca, y venían de Santa Rosa, Arenal, Soplaviento o Arjona. Ellos se dedicaban a la siembra y corte de caña que molían en trapiches de madera tirados por bueyes y así hacían la panela y la miel de caña. Estos productos llamaron la atención de las empresas en Cartagena, entre esas la Licorera de Bolívar que compraba la caña y sus productos generando empleo y riqueza en la zona. Sin embargo, en 1991, la cosa se puso mala y nos dejaron de comprar la miel porque otro proveedor la ofrecía más tecnificada, así que despidieron muchos trabajadores, vendieron fincas y muchas familias abandonaron la zona, otras familias volvieron a la yuca, al maíz, a la venta de bollo limpio o de coco, y poco a poco se fue acabando la caña.

Para esa misma fecha, Carlos Mendivil, gobernador de Bolívar, informó que «en vista de la hospitalidad que este pueblo brindó a las negociaciones, se ejecutarán diversas obras. Entre ellas, el arreglo de la vía Turbaco-Cañaveral, la dotación de un laboratorio para el colegio y el mejoramiento del puesto de salud». Sin embargo, el cumplimiento de estas promesas no se ha hecho realidad en Cañaveral, por lo que podría interpretarse que este proceso aún no ha terminado.

Por ellos, a través de audios, fotografías y otras pistas construiremos esta memoria colectiva desde nuestra voz.

Compartimos testimonios y conversaciones entre nosotros, los pobladores de Cañaveral, para que las nuevas generaciones y el mundo conozcan lo que acá sucedió, pero también para que sean un
antídoto contra el olvido.

Mujer desplazada

En el año 2002, vivía yo con mi esposo y dos niñas, una de 5 años, una de 3 años, en la finca llamada «Bajo Grande», ubicada en el sector entre Zipacoa y Agua Viva que conducen hacia el corregimiento de San José de Chiquito. Ese fue un lugar donde los grupos armados de la ley se ubicaron en todo ese sector. Fue algo bastante duro para nosotros como campesinos, porque tuvimos que dejar todo abandonado, por lo menos los ranchos donde nosotros vivíamos los quemaron, se perdieron muchos animales, quedó el cultivo y nos dijeron que teníamos que abandonar ese sector, porque ese sector era para ellos, donde ellos iban a ubicarse.

Fue algo que directamente nos afectó espiritualmente, porque nunca tuvimos tranquilidad y, sobre todo, porque el campesino vive bien en el campo y dejar todo abandonado y quemar el lugar donde uno vive es bastante atemorizante. Por lo menos, en el caso mío, tuve que venir al pueblo, dejar a mis hijas prácticamente abandonadas e irme a trabajar, porque directamente no se podía ir a ese lugar.

También, en la finca de Agua Viva, en el sector donde vivía mi papá, también se presentó el grupo al margen de la ley, obligando a mi papá a cocinar. Incluso obligaron a mi papá a que se quitará la ropa que él tenía de trabajo y se diera a ellos para cocinarles. Eso fue algo que me marcó mucho, a nosotros, mi papá principalmente que les cocinó, pero con el temor de que podría llegar otro grupo y, entonces, él estaría inocente en un combate de esos.

Para nosotros fue algo que no podemos olvidar porque, la verdad, en todo el tiempo que nosotros teníamos de estar viviendo en la finca, en la parcelita, nunca lo vivimos, pero gracias a Dios lo hemos superado y confiamos en que vamos a seguir más adelante consiguiendo la paz que tanto anhelamos.

Lider Juvenil

Hablar de construcción de memoria en una comunidad que ha vivido el conflicto armado de una manera muy significativa es un poco difícil porque la gente tiene miedo, se pone quizás prejuicios sobre lo que puede decir para que, más adelante, no vaya a incurrir en su tranquilidad personal.

Como joven líder de la comunidad que quiere reconocer el trabajo hecho enmarcado en la reconstrucción de memoria, lo cual no ha sido nada fácil, guardo la esperanza de que las personas de esta comunidad de Cañaveral puedan hablar, dialogar y expresar todo esos sentimientos que vivieron durante el conflicto armado.

Esperamos que en la historia se relate que, en un pueblo donde se produce la caña, la miel, donde se hace el Festival de la Caña, donde hay jóvenes dispuestos a trabajar por su comunidad, también tiene una secuela del conflicto armado, pero que no se vive con dolor, sino que se vive con la esperanza de un mejor mañana, se vive con la esperanza de que encontrarán la paz, la justicia y la reconciliación que tanto anhelan.

Como jóvenes dispuestos también a ser parte de esta historia, hemos comenzado un proceso, una trayectoria de reconstruir la memoria de esta comunidad, que por tantos años ha sido olvidada y ha sido enmarcada por la marginación y la exclusión de los gobiernos.

Pero eso no es obstáculo para que nosotros queramos sacar adelante todo lo bello y lo bonito que tiene nuestra comunidad a pesar de todas las dificultades. Esperamos que el conflicto armado no sea un dolor, sino que sea un recuerdo donde miremos nuestro pasado, pero que también pensemos en un futuro para los jóvenes, para los niños y para todas las otras generaciones que vienen, quienes encentrarán memorias y sabrán que hay historia y que en Cañaveral, donde se cultiva la miel, donde se hace la mejor panela, también hay gente que le pone el alma a reconstruir su historia, historia sin dolor, historia de reconciliación.

¿Sabes por qué se llama Cañaveral? Me preguntó un muchacho en la calle sabiendo la respuesta. Sin esperar mis palabras, comenzó la historia:

Inicialmente se llamaba Verastica porque aquí vivía un pueblo indígena que se llamaba así. Dicen que ellos cultivaban caña, pero yo no creo, más bien cultivaban yuca o ñame porque los cultivos de caña llegaron con la Colonia, así como en Cuba, donde son afros como nosotros, o como en el Valle del Cauca. En fin, esto se llamaba Verastica hasta 1889, donde se cambió el nombre a Cañaveral por los cultivos de caña en la zona y porque se producía casi toda la caña de la región. Por esta razón, los gobernantes de Turbaco lo declararon como un corregimiento, y así pasamos a ser turbaqueros.

En esos tiempos, en estas tierras no vivía mucha gente. Había de 15 a 30 trabajadores por finca, y venían de Santa Rosa, Arenal, Soplaviento o Arjona. Ellos se dedicaban a la siembra y corte de caña que molían en trapiches de madera tirados por bueyes y así hacían la panela y la miel de caña. Estos productos llamaron la atención de las empresas en Cartagena, entre esas la Licorera de Bolívar que compraba la caña y sus productos generando empleo y riqueza en la zona. Sin embargo, en 1991, la cosa se puso mala y nos dejaron de comprar la miel porque otro proveedor la ofrecía más tecnificada, así que despidieron muchos trabajadores, vendieron fincas y muchas familias abandonaron la zona, otras familias volvieron a la yuca, al maíz, a la venta de bollo limpio o de coco, y poco a poco se fue acabando la caña.

Aunque la verdadera tragedia llegó con la guerra. Allí, en la cancha de sóftbol, se desmovilizó el EPL en 1994 y en 1999 llegaron otros grupos armados. Ahí sí se jodió esto, porque comenzó el desplazamiento, las amenazas, el robo de ganado que pasaba por acá, los secuestros y el miedo, del que no hemos salimos porque si pasa algo nadie se entera.

El muchacho se fue y me dejó la historia a medias.