Por el
sendero
El 15 de julio de 1994, el Gobierno nacional y el Frente Francisco Garnica del EPL, con 130 combatientes a su cargo, escogieron el campo de sóftbol de Cañaveral para hacer la entrega de armas de este grupo guerrillero y reintegrarse a la vida civil. Varios de sus integrantes aspiraban al Concejo de Cartagena. La desmovilización, a pesar del alto cubrimiento mediático de la época, trajo, según algunos habitantes, consecuencias difíciles de entender para los cañaveladeros, una de ellas fue la llegada de otras guerrillas a la zona y luego de grupos paramilitares.
Nuevo siglo:
nuevos grupos
armados

Con la llegada del siglo XXI y las nuevas esperanzas, surgieron también las nuevas formas de violencia en el corregimiento. Desde la desmovilización del Frente Francisco Garnica en el poblado ocurrieron cambios, por ejemplo, algunos desmovilizados se quedaron en Cañaveral, se casaron, tuvieron hijos, hicieron una vida, lo cual acrecentó los rumores de otros grupos en la zona. Cañaveral es un corredor natural entre los Montes de María y el canal del Dique, hasta que «los encapuchados», como los llaman los pobladores, recorrían el pueblo en una camioneta por las mañanas y la gente desaparecía sin dejar rastro. Según el portal Rutas del Conflicto:

A finales de 1997 los paramilitares incursionaron en los Montes de María, mediante el frente Héroes Montes de María o bloque Rito Antonio Ochoa, en principio bajo la jurisdicción de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá, Accu, y posteriormente organizadas como Bloque Norte, en los municipios de Arjona, Cartagena, Calamar, Córdoba, El Carmen de Bolívar, San Estanislao, El Guamo, Magangué, María La Baja, San Jacinto, San Juan Nepomuceno, Turbaco, Turbaná, Villanueva y Zambrano, de acuerdo con la Monografía Político Electoral del departamento de Bolívar, de la MOE.

Tiempo después, entre San José de Chiquito y Cañaveral, comenzaron a desplazar campesinos que llegaron a ser atemorizados. Algunos volvieron a sus parcelas, otros las abandonaron. Varios cañicultores querían regresar a sus cultivos hasta que les avisaron que, en San José de Chiquito, a la entrada del caserío, habían ahorcado en un árbol a varios campesinos. En esos años se perdieron los cultivos de maíz y de caña.

Nace el festival
de la Caña

A finales de 1990, cañicultores de la zona deciden organizarse y crean el Festival de la Caña, con el fin de llamar la atención de los dirigentes locales y departamentales. A pesar de las dificultades de esos años, el festival logró consolidarse y ser una luz de esperanza en medio de la terrible situación de los campesinos, azotados por la violencia, el abandono y las pocas ventas de los derivados de la caña.

Poco a poco el festival llamó la atención de los líderes políticos y se llevó las promesas no cumplidas cuando se desmovilizó el Frente Francisco Garnica. Se materializó el festival varios años, aunque fuera parcialmente, sin embargo, la violencia no tuvo tregua y la única autoridad en la zona era una patrulla de la Infantería de Marina.

Nuevos
liderazgos

En la segunda década del 2000 hubo en Cañaveral y en las zonas aledañas una mayor presencia estatal. La Red Unidos y un Punto Vive Digital mostraban que la presencia estatal estaba llegando. También se dotó el puesto de salud, lo cual marcó el inicio del fin de la tradición de las parteras en la zona. También diversas organizaciones de la sociedad civil comenzaron a trabajar con niños, niñas, jóvenes y organizaciones campesinas en la zona.

Un nuevo liderazgo comenzó a emerger en la zona, representado por mujeres, jóvenes, adolescentes y organizaciones campesinas que empezaron a llamar la atención del gobierno local y departamental, se marcó un punto de giro en la historia de Cañaveral.

2015, liderazgos
culturales

La formación recibida por parte de los jóvenes en la organización de grupos culturales, las organizaciones de música, danza, pintura, realización documental, entre otras, propiciaron grandes cambios. Muchos de estos jóvenes vivieron el desplazamiento junto con sus padres o vieron el fin de muchos cultivos de caña, de manera que se convirtió en objetivos trascendentales las propuestas políticas, culturales y empresariales. Esta semilla comenzó a dar sus frutos.
2015-2018, cambios
en marcha
Para los jóvenes de Cañaveral, el camino recorrido hasta ahora no ha sido sencillo. Hacer memoria en una comunidad que aún no está dispuesta a conversar sobre los hechos ocurridos en las últimas décadas e involucrar a diferentes actores comunitarios hace que las nuevas generaciones asuman diferentes roles en su comunidad, con el fin de crear cambios a través del arte y la cultura.
2020, un cómic para narrar nuestra historia
El proceso de construcción de la memoria, a través de los relatos de personas mayores y liderada por los jóvenes de Cañaveral, ha permitido conocer a profundidad sobre estos terribles años de violencia. Visibilizar nuevos testimonios que no se habían contado ha permitido plantear inquietudes a los adolescentes, niñas y niños del corregimiento sobre cómo quieren transformar su comunidad. Así nació el cómic web Memorias del trapiche. Una historia dulce sobre Cañaveral, que contó con el apoyo de la Estrategia de Iniciativas de Memoria Histórica del Centro Nacional de Memoria Histórica.
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