Recorriendo nuestra memoria

«La memoria colectiva es esa misma que tejemos a diario con nuestras luchas de resistencia, pero también con nuestras historias de dolor que nos han hecho acreedores del nombre de víctimas, pero más que ese nombre pasivo, doloroso y desolador, nos hemos hecho acreedores, con estas historias que les compartimos, al nombre de supervivientes. Hemos sido testigos directos del sabor amargo que deja el conflicto armado en nuestras vidas; la memoria colectiva constituye un valor social muy importante porque recrea la posibilidad de darle un nuevo sentido a esas experiencia que hemos tenido que vivir» (palabras de Marleny Garzón).

Les compartimos nuestro Jardín de la memoria, donde sembramos historias en dos volúmenes. El primer volumen, que encontrarán a continuación, nació en el año 2014 como resultado de un proceso de acompañamiento psicosocial que los miembros de la fundación recibimos y el cuál nos permitió comenzar a narrar nuestras historias y transformarlas en ejemplos de resiliencia. De esta manera, construimos un libro-arte donde las flores son la metáfora que elegimos para representarnos y para narrar nuestro renacer, tras haber sobrevivido a distintos hechos victimizantes en el marco del conflicto armado, también son el seudónimo que escogimos, por motivos de seguridad, para proteger nuestra identidad. En este espacio encontrarán algunas de nuestras historias individuales, como sobrevivientes del conflicto. Cada una de estas crónicas constituye un medio de expresión que nos ha ayudado a sobrellevar el dolor y el trauma que nos dejó la guerra. Muchas son memorias ancladas en el cuerpo, en los sentidos y en el corazón. Este libro no se puede descargar, pero, si les interesa conocer a fondo este trabajo, el arte original reposa en los archivos de la fundación y pueden contactarnos para conocer más sobre esta iniciativa de memoria.

Jardin de la memoria
Volumen 1
Composición gráfica: integrante de la Fundación expone el libro El Jardín de la memoria

«La memoria colectiva es esa misma que tejemos a diario con nuestras luchas de resistencia, pero también con nuestras historias de dolor que nos han hecho acreedores del nombre de víctimas, pero más que ese nombre pasivo, doloroso y desolador, nos hemos hecho acreedores, con estas historias que les compartimos, al nombre de supervivientes. Hemos sido testigos directos del sabor amargo que deja el conflicto armado en nuestras vidas; la memoria colectiva constituye un valor social muy importante porque recrea la posibilidad de darle un nuevo sentido a esas experiencia que hemos tenido que vivir» (palabras de Marleny Garzón).

Les compartimos nuestro Jardín de la memoria, donde sembramos historias en dos volúmenes. El primer volumen, que encontrarán a continuación, nació en el año 2014 como resultado de un proceso de acompañamiento psicosocial que los miembros de la fundación recibimos y el cuál nos permitió comenzar a narrar nuestras historias y transformarlas en ejemplos de resiliencia. De esta manera, construimos un libro-arte donde las flores son la metáfora que elegimos para representarnos y para narrar nuestro renacer, tras haber sobrevivido a distintos hechos victimizantes en el marco del conflicto armado, también son el seudónimo que escogimos, por motivos de seguridad, para proteger nuestra identidad. En este espacio encontrarán algunas de nuestras historias individuales, como sobrevivientes del conflicto. Cada una de estas crónicas constituye un medio de expresión que nos ha ayudado a sobrellevar el dolor y el trauma que nos dejó la guerra. Muchas son memorias ancladas en el cuerpo, en los sentidos y en el corazón. Este libro no se puede descargar, pero, si les interesa conocer a fondo este trabajo, el arte original reposa en los archivos de la fundación y pueden contactarnos para conocer más sobre esta iniciativa de memoria.