Radiante como el girasol

***

Llegué a Popayán en el año 2006, llegué desplazada de una región de Nariño, tuve que salir de mi territorio por las FARC. Llegué con una mano adelante y otra atrás, pero tenía quién me ayudara, al menos tenía la posada. Fue muy duro, uno eso no lo quisiera volver a vivir, no quisiera que en Colombia se repitiera esta historia, sin embargo, pensando en todos los grupos armados que hay hoy en día, yo me pregunto: «¿Hasta cuándo esto?». Sobre todo, cuando se tiene tantos familiares en la Policía y en el Ejército. Uno espera que no se repita, pero los sucesos se ven cada día más difíciles, yo no quiero que las familias tengan que dejar sus cosas tiradas, perderlo todo, llegar en shock a una ciudad, pensar en qué se va a hacer. Yo quisiera que no se repitiera el desplazamiento en este país, que el pobre campesino no vuelva a ver cómo matan a sus hijos en las mismas fincas en las que cultiva, en el mismo pueblo donde vive. Yo ya lo he vivido y por eso no quiero que se repita, pero ahora hay tanto líder social asesinado, uno no quiere ni oír eso, no quiere prender más el televisor para no escuchar todo esto que pasa.

A los seis meses de llegar a Popayán comencé a trabajar con la organización Nueva Vida en el Cauca, allí lo que hacíamos era ayudarle mucho con el tema de vivienda a la gente, había mucha gente desplazada, de Nariño, del Huila. Uno le colaboraba mucho a la gente, por ejemplo, a llenar los formularios. Había unos cupos de vivienda, entonces uno le ayudaba a la gente para que tuvieran ese subsidio.

Yo quise sacar la casita, pero no pudimos tener esa ayuda porque mi mamá tenía una casa con escritura en el pueblo donde vivíamos y por eso no nos dieron subsidio, pese a que no podíamos volver allí y salimos apenas a tiempo para conservar la vida. Uno se pregunta: «¿Por qué no puedo acceder a un subsidio de vivienda? Me ponen tantos peros, es mucha cosa, ¿por qué el Gobierno habla tan bonito, pero a la hora de uno ir a hacer las solicitudes, hay tantos problemas?». Yo me he sentido muy impotente, por toda parte me salían las cosas mal.
Llegué a la organización por una paisana, ella llevaba 6 años en Popayán, llegó también desplazada, yo llegué buscando un cupo de vivienda y ella me propuso que trabajáramos juntas, me dijo que pensara en lo que nos había pasado a mí y a ella; así, ella me acogió en la organización. Desde ese momento me ha gustado mucho ayudar a la gente, conocer un poco sobre leyes, poder orientar a las personas, así a uno le nieguen sus derechos, trabajo por hacerlos valer y hacerlos cumplir para otros.
Imagen Crónica Girasol2: Collage auto representativo realizado por Girasol

Después de un tiempo, la organización me avaló para que yo la representara en la Mesa de Víctimas del municipio, y allí fue donde nos conocimos con María Elena1. Así empezamos a sacar proyectos juntas, buscamos ayudar a la gente y ayudarnos a nosotras mismas. Después, yo les comentaba a los compañeros de la organización todas las oportunidades que íbamos descubriendo de becas y proyectos, pero a ellos les empezó a dar pereza, me dejaron solita, entonces decidí retirarme. Le pedí a María Elena cabida en la Fundación Hombres Nuevos y Mujeres Nuevas y me acogió. Ella conmigo ha sido muy linda, así que empecé a participar en el programa de comedor para los niños del barrio 31 de Marzo, que la Fundación tiene el sábado. Con María Elena hemos caminado de la mano, repartiendo los mercaditos que le damos a las familias. Ese es el trabajo que a mí me gusta, poder ayudar a la gente.

Mi mamá es adulta mayor, ella tiene 81 años, aún hoy vivimos juntas y pagamos arriendo. Después de que nos vinimos de allá, a ella le pasaron muchas cosas: cáncer, cirugías, quimioterapias, ha sido muy duro, pero hemos ido saliendo adelante con la ayuda del Señor y gracias a mi hija, quien es la que prácticamente me da todo.

Me ha tocado duro porque soy madre cabeza de familia, me ha tocado lucharla. Gracias a Dios mi hija es ya profesional y no ha faltado quién nos colabore. Ahora las cosas están mucho más fáciles para los jóvenes, con mi hija nos tocó muy duro. Yo saqué adelante a mi niña, me dije: «Le voy a buscar universidad». Busqué ayudas como víctima, pero a ella no me le dieron ningún auxilio, los dos primeros semestres me tocó lucharla hasta que logré que ella estudiara; ahora, ella es fisioterapeuta. Yo siempre digo: «Hay que luchar». He dejado de comer, de comprarme cosas para darle todo a mi muchacha; yo trabajaba en lo que fuera y de cualquier forma lograba darle lo de la universidad a la niña. Yo siempre digo que cuando uno quiere, puede, y los hijos le corresponden, uno hace lo que puede para que ellos salgan adelante. Ahora ella ya es mi apoyo, ella dice que soy una berraca, juntas seguimos luchando por la casita.

No me gusta hablar sobre lo que me pasó, yo hice mi proceso psicosocial y me he sacado muchas cosas, pero no me gusta recordar lo que ya pasó. A futuro, lo primordial, y por lo que yo estoy luchando mucho, es por poder acceder a una casa. Me veo organizada con mi hija y mi señora madre, me sueño con un negocio. Yo soy farmaceuta, me gusta el trabajo con la medicina natural. Con la fundación, sueño con que tengamos un local de taller de modistería con las confecciones que hacen las compañeras. Veo que podemos seguir ayudando al comedor y a los adultos mayores, seguir ayudando sin cobrarle a la gente un peso. Yo le pido tanto a Dios que todos estos proyectos nos salgan para poder ayudar y apoyar a las personas. El voluntariado es muy bonito, poder ayudar a la gente, a los niños, me hace feliz y además tengo el estilo, tengo mucha energía para apoyar a los demás, soy radiante, como el girasol.

Esta crónica fue construida por Anturio, miembro de la Fundación Hombres Nuevos y Mujeres Nuevas. Su nombre se reserva para preservar su seguridad.
(1) Lideresa comunitaria y representante legal de la Fundación Hombres Nuevos y Mujeres Nuevas.
Radiante como el girasol

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Llegué a Popayán en el año 2006, llegué desplazada de una región de Nariño, tuve que salir de mi territorio por las FARC. Llegué con una mano adelante y otra atrás, pero tenía quién me ayudara, al menos tenía la posada. Fue muy duro, uno eso no lo quisiera volver a vivir, no quisiera que en Colombia se repitiera esta historia, sin embargo, pensando en todos los grupos armados que hay hoy en día, yo me pregunto: «¿Hasta cuándo esto?». Sobre todo, cuando se tiene tantos familiares en la Policía y en el Ejército. Uno espera que no se repita, pero los sucesos se ven cada día más difíciles, yo no quiero que las familias tengan que dejar sus cosas tiradas, perderlo todo, llegar en shock a una ciudad, pensar en qué se va a hacer. Yo quisiera que no se repitiera el desplazamiento en este país, que el pobre campesino no vuelva a ver cómo matan a sus hijos en las mismas fincas en las que cultiva, en el mismo pueblo donde vive. Yo ya lo he vivido y por eso no quiero que se repita, pero ahora hay tanto líder social asesinado, uno no quiere ni oír eso, no quiere prender más el televisor para no escuchar todo esto que pasa.

A los seis meses de llegar a Popayán comencé a trabajar con la organización Nueva Vida en el Cauca, allí lo que hacíamos era ayudarle mucho con el tema de vivienda a la gente, había mucha gente desplazada, de Nariño, del Huila. Uno le colaboraba mucho a la gente, por ejemplo, a llenar los formularios. Había unos cupos de vivienda, entonces uno le ayudaba a la gente para que tuvieran ese subsidio.

Yo quise sacar la casita, pero no pudimos tener esa ayuda porque mi mamá tenía una casa con escritura en el pueblo donde vivíamos y por eso no nos dieron subsidio, pese a que no podíamos volver allí y salimos apenas a tiempo para conservar la vida. Uno se pregunta: «¿Por qué no puedo acceder a un subsidio de vivienda? Me ponen tantos peros, es mucha cosa, ¿por qué el Gobierno habla tan bonito, pero a la hora de uno ir a hacer las solicitudes, hay tantos problemas?». Yo me he sentido muy impotente, por toda parte me salían las cosas mal.
Llegué a la organización por una paisana, ella llevaba 6 años en Popayán, llegó también desplazada, yo llegué buscando un cupo de vivienda y ella me propuso que trabajáramos juntas, me dijo que pensara en lo que nos había pasado a mí y a ella; así, ella me acogió en la organización. Desde ese momento me ha gustado mucho ayudar a la gente, conocer un poco sobre leyes, poder orientar a las personas, así a uno le nieguen sus derechos, trabajo por hacerlos valer y hacerlos cumplir para otros.
Imagen Crónica Girasol2: Collage auto representativo realizado por Girasol

Después de un tiempo, la organización me avaló para que yo la representara en la Mesa de Víctimas del municipio, y allí fue donde nos conocimos con María Elena1. Así empezamos a sacar proyectos juntas, buscamos ayudar a la gente y ayudarnos a nosotras mismas. Después, yo les comentaba a los compañeros de la organización todas las oportunidades que íbamos descubriendo de becas y proyectos, pero a ellos les empezó a dar pereza, me dejaron solita, entonces decidí retirarme. Le pedí a María Elena cabida en la Fundación Hombres Nuevos y Mujeres Nuevas y me acogió. Ella conmigo ha sido muy linda, así que empecé a participar en el programa de comedor para los niños del barrio 31 de Marzo, que la Fundación tiene el sábado. Con María Elena hemos caminado de la mano, repartiendo los mercaditos que le damos a las familias. Ese es el trabajo que a mí me gusta, poder ayudar a la gente.

Mi mamá es adulta mayor, ella tiene 81 años, aún hoy vivimos juntas y pagamos arriendo. Después de que nos vinimos de allá, a ella le pasaron muchas cosas: cáncer, cirugías, quimioterapias, ha sido muy duro, pero hemos ido saliendo adelante con la ayuda del Señor y gracias a mi hija, quien es la que prácticamente me da todo.

Me ha tocado duro porque soy madre cabeza de familia, me ha tocado lucharla. Gracias a Dios mi hija es ya profesional y no ha faltado quién nos colabore. Ahora las cosas están mucho más fáciles para los jóvenes, con mi hija nos tocó muy duro. Yo saqué adelante a mi niña, me dije: «Le voy a buscar universidad». Busqué ayudas como víctima, pero a ella no me le dieron ningún auxilio, los dos primeros semestres me tocó lucharla hasta que logré que ella estudiara; ahora, ella es fisioterapeuta. Yo siempre digo: «Hay que luchar». He dejado de comer, de comprarme cosas para darle todo a mi muchacha; yo trabajaba en lo que fuera y de cualquier forma lograba darle lo de la universidad a la niña. Yo siempre digo que cuando uno quiere, puede, y los hijos le corresponden, uno hace lo que puede para que ellos salgan adelante. Ahora ella ya es mi apoyo, ella dice que soy una berraca, juntas seguimos luchando por la casita.

No me gusta hablar sobre lo que me pasó, yo hice mi proceso psicosocial y me he sacado muchas cosas, pero no me gusta recordar lo que ya pasó. A futuro, lo primordial, y por lo que yo estoy luchando mucho, es por poder acceder a una casa. Me veo organizada con mi hija y mi señora madre, me sueño con un negocio. Yo soy farmaceuta, me gusta el trabajo con la medicina natural. Con la fundación, sueño con que tengamos un local de taller de modistería con las confecciones que hacen las compañeras. Veo que podemos seguir ayudando al comedor y a los adultos mayores, seguir ayudando sin cobrarle a la gente un peso. Yo le pido tanto a Dios que todos estos proyectos nos salgan para poder ayudar y apoyar a las personas. El voluntariado es muy bonito, poder ayudar a la gente, a los niños, me hace feliz y además tengo el estilo, tengo mucha energía para apoyar a los demás, soy radiante, como el girasol.

Esta crónica fue construida por Girasol, miembro de la Fundación Hombres Nuevos y Mujeres Nuevas. Su nombre se reserva para preservar su seguridad.
(1) Lideresa comunitaria y representante legal de la Fundación Hombres Nuevos y Mujeres Nuevas.