TENIENTE CORONEL DE INFANTERÍA DE MARINA

LUIS FERNANDO VELASQUEZ
AGUDELO

Armada de Colombia

TENIENTE CORONEL DE INFANTERÍA DE MARINA

LUIS FERNANDO VELASQUEZ
AGUDELO

Armada de Colombia

De los cafetales
al cuartel

Luis Fernando nació en el municipio de Ciudad Bolívar, Antioquia, límite con el departamento del Chocó en el área de la denominada Troncal del Café, complejo vial que conecta al suroeste antioqueño cuyo eje estructurante ha sido el cultivo de este grano. Ciudad Bolívar se distingue por la calidad del café gourmet que produce, así como por la admiración cultural hacia los arrieros de antaño que colonizaron sus montañas, tal como reza el coro de su himno: “Salve ciudad montañera/donde un puñado de arrieros/urbanizaron los cielos/casi a golpes de mulera” (Alcaldía de Ciudad Bolívar).

En el seno de una familia campesina, compuesta por sus padres y cinco hijos creció Luis Fernando, ayudando a sus padres y abuelos en las labores del cafetal y la arriería. Estudió la primaria en el Centro Educativo Rural Las Mercedes y el bachiller en el Colegio Cooperativo Alejandrino Restrepo. Luis Fernando recuerda con orgullo que obtuvo el primer puesto de esa promoción. Su infancia y adolescencia la resume alrededor del estudio como un alumno aplicado.

Eran los años noventa y el conflicto se agudizó en la zona donde vivía Luis Fernando con su familia. La presencia de guerrillas y paramilitares provocó que el ambiente se alterara. No solo tuvieron que presenciar el patrullaje de hombres armados por los caminos y trochas de la vereda, sino que incluso en una ocasión alguno miembros de estos grupos ingresaron a la vivienda y esculcaron los enseres sin ellos entender qué buscaban. También, a su abuelo que vivía en una finca cercana lo acusaron de ser auxiliador de un grupo armado al que una vez se vio en la obligación de darles aguapanela caliente con arepa ante el temor de que le pudieran causar daño si se negaba.

Luis Fernando Velásquez en su natal Ciudad Bolívar, Antioquia. Fotografía: Luis Fernando Velásquez para el CNMH.

Los Infantes de Marina, suboficiales y oficiales como Luis Fernando cumplieron la dura misión de defender posiciones estratégicas en puntos altos que fueron duramente atacados por los grupos guerrilleros dentro del plan de sostener un copamiento militar sobre el sur del país. Un sobreviviente que fue testigo de la suerte trágica de un gran número de sus compañeros con tratos humillantes. Con gran esfuerzo se repuso al impacto que generó este hecho para continuar lo que siempre quiso desde niño, como alumno destacado: estudiar en la universidad.

Toma de puesto destacado en Cerro Tokyo, Dagua, Valle del Cauca el 10 de marzo de 2001

Luis Fernando Velásquez junto al abuelo el día de su confirmación. Fotografía: Luis Fernando Velásquez para el CNMH, 5 de noviembre de 1994.

Luis Fernando Velásquez en la época de estudiante. Fotografía: Luis Fernando Velásquez para el CNMH.

El sueño de Luis Fernando era estudiar ingeniería industrial y gracias a su buen rendimiento académico ya tenía asegurado el ingreso a cualquier institución de educación superior, pero antes debía prestar el servicio militar obligatorio.

Aprovechó una salida pedagógica del colegio a Medellín para informarse sobre el proceso de reclutamiento. Se dirigió a las instalaciones del Ejército y la Fuerza Aérea, pero ese día no había atención. Alguien le sugirió que entonces fuera a la sede de la Armada de Colombia, cerca de allí. Él acató la sugerencia con la fortuna de que sí estaban atendiendo.

Allá le explicaron que el contingente de infantes de marina regulares ya había sido seleccionado, pero que tenía la posibilidad de ingresar a los cursos de oficiales y suboficiales navales. De acuerdo con los recursos económicos con que contaba su familia decidieron que lo más conveniente era hacer el curso de suboficial y se inscribió. Al terminar el grado once del colegio le informaron que había sido admitido y debía presentarse el 12 de enero del 2000 a la Escuela de Formación de Infantería de Marina en Coveñas, Sucre.

Luis Fernando ya tenía como referente a su papá y su hermano mayor, quienes habían prestado el servicio militar obligatorio. Cuenta él que a su papá le preocupaba el traslado del joven entusiasta hasta la lejana población de Coveñas, sobre todo en aquellos tiempos en que la situación de orden público en las carreteras era difícil. Así narra Luis Fernando cómo fue ese largo viaje al encuentro con su destino como militar:
“Era otras épocas, un poco más difíciles, complicadas, en su momento yo le pregunté a mi papá, o bueno, mi papá estaba preocupado que cómo enviarme desde allá, Ciudad Bolívar, hasta Coveñas…1.
La emoción de la llegada a la Escuela de Formación de Infantería de Marina en Coveñas, Sucre fue algo maravilloso para este aspirante a suboficial, quien llegaba con el firme propósito de destacarse en el periodo de entrenamiento, tal como lo hacía en su colegio.
Luis Fernando hizo el curso de suboficial durante nueve meses. Luego de su ascenso, salió destinado para el Batallón de Fusileros de Infantería de Marina No. 8 (BAFIM 8) en Buenaventura, Valle del Cauca, pero primero debió realizar un largo recorrido, navegó en una lancha de desembarco anfibio tipo LCU desde Coveñas hacia Cartagena de Indias, luego en un avión de Cartagena de Indias hacia Bogotá, posteriormente en un avión de Bogotá hacia Tumaco, lugar donde en esa época funcionaba el Batallón de Instrucción de Infantería de Marina No. 40, del cual recibió el contingente de Infantes de Marina Regulares que iban a prestar el servicio militar en el BAFIM 8, y por último, navegó a bordo del buque ARC Buenaventura desde Tumaco hacia Buenaventura.

Luis Fernando Velásquez en la Escuela de Formación de Infantería de Marina de Coveñas, Sucre. Fotografía: Luis Fernando Velásquez para el CNMH, 2002.

Durante un corto periodo de tiempo, en el cual Luis Fernando cumplió dieciocho años, fue reentrenado junto con dos pelotones de Infantes de Marina de los que habían llegado de Tumaco, los cuales fueron adecuadamente seleccionados, puesto que serían llevados a relevar al grupo asentado en el Puesto destacado de Cerro Tokio El Queremal, en la zona montañosa del municipio de Dagua, Valle del Cauca.

Nublado
por el conflicto

Cerro Tokio es un punto alto de la cordillera occidental aledaño a los Farallones de Cali a 2.400 mts. de altura, en la vereda El Queremal, de Dagua, departamento del Valle del Cauca. Es una puerta de acceso al área selvática de protección ambiental que pertenece al Parque Nacional Natural Los Farallones. Un lugar que permanece nublado la mayor parte del tiempo, dada su pertenencia al denominado Chocó biogeográfico.

Desde mediados de los años noventa en este punto se instalaron antenas de comunicaciones que servían a la Armada de Colombia y Telecom, así como antenas microondas de otras compañías privadas de telecomunicaciones2, quienes en esa época iniciaban a prestar el servicio de telefonía móvil en el país. El Puesto militar destacado de Infantería de Marina de El Queremal hacía custodia de esta infraestructura de comunicaciones.

Para la época del año 2001 en esta región de los Farallones de Cali y la vía al mar, los Frentes 6, 30 y la Columna Móvil Arturo Ruiz de las extintas FARC-EP y el Frente José María Becerra del ELN venían adelantando un proceso de copamiento militar de sus estructuras que tenía asediada a la ciudad de Cali y sus alrededores.

Una de las estrategias de guerra empleadas por estos grupos al margen de la ley fue el secuestro político y económico, que tuvo un incremento inusitado entre los años 1999 y 2002 en la ciudad de Ciudad de Cali y sus alrededores, presentándose eventos de secuestro masivo de alto impacto como el secuestro de la Iglesia La María (mayo de 1999), el secuestro de los estudiantes del Colegio Bolívar (marzo de 2000), el secuestro del Km. 18 (septiembre de 2000) y el secuestro de los diputados de la Asamblea del Valle del Cauca (abril de 2002)3.

El cautiverio de estos casos se desarrolló en los Farallones de Cali, zona de control territorial guerrillero en ese momento. El Observatorio de Memoria y Conflicto ha documentado que entre estos años hubo 128 casos de secuestro, que afectaron a un total de 390 personas4.

También vale la pena señalar la toma militar a la subestación eléctrica de Anchicayá, donde se mantuvo secuestrados a cerca de 150 trabajadores y cinco periodistas durante varios días5. Durante este periodo también ocurrieron significativos ataques de la guerrilla contra la Fuerza Pública que dan cuenta del poderío bélico que llegaron a concentrar en la zona como, por ejemplo, la toma de la estación de Policía de Pance en las goteras de Cali (enero de 1999), sitio de entretenimiento de la sociedad caleña por excelencia, o los enfrentamientos en el corregimiento de Pichindé en 2002 donde pierden la vida 17 soldados del Ejército6.

De manera particular en Dagua tuvo injerencia el Frente 30 y el Frente Urbano Omaira Montoya de las extintas FARC-EP desde los años 80, siendo territorios que le permitían captar recursos producto del contrabando que llegaba por el puerto de Buenaventura, así como también los cobros del denominado impuesto al gramaje desde los años 90, que se le cobraba a los miembros del cartel de Cali por la licencia para producir la hoja de coca en el territorio y movilizar insumos para su conversión en alcaloide. De esta manera el grupo fue creciendo rápidamente en combatientes y armas durante esta década.

Fuente: El País, 2002, 14 de abril.

De igual manera, según Verdad Abierta a partir de información de la Unidad de Restitución de Tierras, se ha documentado que los guerrilleros presionaban a los campesinos para cultivar hoja de coca o salir del territorio, reclutaban jóvenes de manera forzosa y cometían actos de violencia sexual en la zona7.

En el año 1998 iniciaron una ofensiva frontal contra la Fuerza Pública y la institucionalidad destacada en la región que se tradujo en la toma de los centros poblados del Palmar, Cisneros, Vergel y Km. 18, que fue escalando hasta que en marzo de 1999 se tomaron el casco urbano de Dagua, destruyendo con cilindros bomba las sedes de la Policía, la Fiscalía, la Alcaldía y la Caja Agraria8. Otra estrategia de control utilizada sobre la vía al mar fue la instalación constante de retenes ilegales en la que se exigía pagos a los transportadores y viajeros para el tránsito desde y hacia Buenaventura9.

De otro lado, desde el año 2000 hicieron presencia los paramilitares del Bloque Calima de las AUC con el propósito de contener y disputar el dominio de las guerrillas. Su ingreso se dio con un cruento recorrido que iniciaron desde el corregimiento de Zabaletas, jurisdicción de Buenaventura, hasta el corregimiento de El Queremal, de Dagua, dejando a su paso trece campesinos asesinados, ocho desaparecidos, uno herido y bienes destruidos y hurtados. Frente a la llegada de los paramilitares la confrontación en el municipio se agudizó y muchas familias salieron desplazadas de la zona10.

1.“Era otras épocas, un poco más difíciles, complicadas, en su momento yo le pregunté a mi papá, o bueno, mi papá estaba preocupado que cómo enviarme desde allá, Ciudad Bolívar, hasta Coveñas, básicamente, eso era como un dilema ahí, y yo le dije ‘no, pues, deme la plata y yo miro cómo llego y, básicamente, así fue. Llegué a Medellín, allá a la terminal y de ahí fue el viaje en bus a Montería (…) creo que llevaba lo básico: como una mudita de ropa y unos implementos de aseo, eso era como lo único que llevaba; con una maletica y con algo de pasajes para llegar hasta allá y para poder comprar algo en el camino y algo de implementos de aseo era, básicamente, lo que yo llevé. Y la preocupación era cómo llegar hasta allá, entonces, la primera era hasta Montería y el dilema era llegar de Montería a Coveñas porque en su momento no sabía cómo sería, entonces, prácticamente, yo me hacía ahí cerca a la silla del conductor y le preguntaba cada media hora que si ya íbamos a llegar, básicamente, hasta que ya llegué a Montería y el mismo conductor me montó en otro bus, me acuerdo, de pronto, que llegaba como el amanecer en ese momento, era oscuro, llegaba el amanecer, y ya empecé a ver como el sol saliendo así en la costa y como esas lagunas que se forman antes de llegar al mar y como esa topografía diferente, esa geografía tan diferente que no estaba acostumbrado, prácticamente, a verlo, y ya fui acercando hasta que ya apareció el mar a la vista y era, mejor dicho, cosas nuevas. Yo sé que hice varios trasbordos, no recuerdo si fue en Lorica y luego a Coveñas, pero bueno, la verdad es que lo que yo hacía era pregunte, pregunte y pregunte para que no me fueran a dejar en otro lado y finalmente llegué a Coveñas donde decía: Base de Entrenamiento de Infantería de Marina.” (Luis Fernando Velásquez Agudelo, comunicación personal, 16 de julio de 2020).

2.CINEP (2001), Noche & Niebla: Panorama Nacional de Derechos Humanos y Violencia Política en Colombia, No. 19, enero – marzo, disponible en https://www.nocheyniebla.org/wp-content/uploads/u1/19/Niebla19.pdf, recuperado el 30 de noviembre de 2020.

3.El País (2002, 14 de abril) “Farallones: ‘santuario’ del secuestro”, pág. 6A, Cali.

4.Ver cifras del Observatorio de Memoria y Conflicto en http://micrositios.centrodememoriahistorica.gov.co/observatorio/portal-de-datos/el-conflicto-en-cifras/secuestro/.

5.ElTiempo.com (1999, 8 de septiembre) “Combates tras toma de Anchicayá”, disponible en https://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-897270, recuperado el 30 de noviembre de 2020.

6.El País, Ibid.

7.VerdadAbierta.com, (2015, 29 de julio), “¿Cómo fue la guerra de las Farc en Dagua?”, disponible en https://verdadabierta.com/la-guerra-de-las-farc-en-dagua/, recuperado el 30 de noviembre de 2020.

8.Ibid.

9.Ibid.

10.CNMH, (2018), Bloque Calima de las Auc: narcotráfico y depredación paramilitar, Bogotá, CNMH; Cinep, Op. Cit.

Defender la vida
con las uñas

En la madrugada del 10 de marzo de 2001 una gran cantidad de guerrilleros de los Frentes 30, 6 y la Columna Móvil Arturo Ruiz de las extintas FARC-EP atacaron el puesto de Cerro Tokio con el lanzamiento de cilindros bomba, otros explosivos y armas de largo alcance. Dice Luis Fernando que los Infantes de Marina eran solo dos pelotones con menos de 60 hombres, aproximadamente, mientras que la guerrilla habría concentrado cerca de 500 subversivos, lo que califica como un ataque indiscriminado. Algunas fuentes periodísticas al respecto hablaron de una cifra alrededor de 300 combatientes11, pero, de cualquier forma, los guerrilleros superaban ampliamente en número a los Infantes de Marina.

Luis Fernando relata que ellos repelieron con todo lo que más pudieron el ataque, pero poco a poco perdieron posición a raíz del amplio despliegue bélico dispuesto por la guerrilla. Aunque les enviaron el avión fantasma para apoyarlos, fue infructuoso porque la niebla no permitía sobrevolar la zona. El sistema de comunicaciones de ellos era muy débil, pues la mayoría de los bunkers no contaban con radios punto a punto, adicionalmente, al parecer los guerrilleros habían logrado cortar las comunicaciones del puesto previo a la ofensiva12.

Algo que le produce indignación a Luis Fernando son los tratos humillantes y tortuosos a los que fueron sometidos muchos de sus compañeros.

“En la toma, ahí se presentaron varias cosas, varias situaciones: primero, que cuando se tomaron, prácticamente, el cerro, pues, de ahí salieron dos oficiales muertos…13.

Luis Fernando y algunos compañeros cuando corroboraron que los guerrilleros ingresaron al puesto y era inminente perder la vida, saltaron hacia el bosque y se escabulleron entre la bruma. Estuvieron camuflados hasta la medianoche y al salir a la carretera de pronto se encontraron con miembros del Ejército Nacional de Colombia que llegaban a retomar el puesto; estaban a salvo.

Producto del ataque perdieron la vida dieciséis integrantes de la Armada Nacional14. Adicionalmente, diecinueve militares resultaron heridos. También falleció un civil de nombre Segundo Rosero y otro más resultó herido, quienes eran campesinos que laboraban cerca al puesto militar.

Luego del ataque se determinó trasladar las antenas de comunicaciones a otro sitio. Las operaciones del Ejército Nacional de Colombia se intensificaron en toda la región. Por su lado, los paramilitares arreciaron sus acciones en la zona, siendo más intransigentes con la población campesina, a quienes consideraban auxiliadores de las guerrillas. Se estima que cerca de seis mil personas abandonaron el municipio de Dagua durante esa época15.

Las extintas FARC-EP quisieron hacer provecho político del ataque difundiendo un vídeo del ataque en el que celebran el resultado y dan parte de la apropiación de material de guerra arrebatado a la Infantería de Marina. Este material de propaganda política internacional fue traducido a catorce idiomas y servía para alentar la moral de sus tropas16.

Luis Fernando Velásquez durante patrullajes por la selva del pacífico nariñense. Fotografía: Luis Fernando Velásquez para el CNMH.

Para Luis Fernando esta acción lo que buscó fue afectar la interceptación de comunicaciones y las detenciones e incautaciones por narcóticos y contrabando que circulaba por la zona, las cuales afectaban las finanzas ilegales de las extintas FARC-EP.

Luis Fernando comprende que lo que le sucedió a él y sus compañeros hace parte de las circunstancias del conflicto armado de la época, caracterizada por un incremento de acciones criminales por iniciativa de la guerrilla y la utilización de armas no convencionales:

“Sabemos que las guerrillas pasaron de una guerra de guerrillas a una guerra de movimientos, entonces, prácticamente ellos habían crecido mucho en hombres…17.

Las imágenes y sonidos que nunca se borrarán

Los hechos de la toma al puesto de Cerro Tokio por fortuna no provocaron daños físicos en Luis Fernando, pero sí secuelas psicológicas manifestadas en cambios en las relaciones interpersonales y alteraciones repentinas del estado de ánimo que él cree que quedarán de por vida.

Aparte de presenciar el rigor del feroz ataque, a Luis Fernando le fue encomendada la dolorosa labor de reconocer los cuerpos sin vida de sus compañeros. Esto dejó una imagen en su mente que durante los primeros años posterior al hecho le causaba trastornos de sueño y sentimientos repentinos de tristeza. También, las reiteradas detonaciones de los artefactos explosivos provocaron que él se altere cuando oye cualquier estallido como, por ejemplo, los que produce la pólvora en el mes de diciembre o los ruidos extraños en las noches.

“Uno ya salía mucho más cohibido, más prevenido, siempre, a pesar de que nos hicieron ahí un tratamiento psicológico, nos enviaron los psicólogos para la atención …18.

De igual manera se puede reconocer algunos daños socioculturales leves en el relato de Luis Fernando, entendidos como “las lesiones y alteraciones producidas en los vínculos y relaciones sociales” (CNMH, 2013) que se produjeron por haberse enfrentado a la barbarie siendo un joven de escasos dieciocho años. Él confiesa que posterior al ataque se sentía prevenido para salir a las calles, pues pensaba que en cualquier momento podía ser atacado, sensación que se exacerba si se trataba de estar en zonas rurales, además, que se sentía cohibido para entablar relación con algún desconocido.

11. El Tiempo, Op. Cit.

12. Hernández T, Juan C., (2013), “Las Farc y la guerra de movimientos 1991-2001; el caso de las tomas guerrilleras a las bases miliares”, Bogotá D.C., Pontificia Universidad Javeriana, disponible en https://repository.javeriana.edu.co/bitstream/handle/10554/15293/HernandezTorresJuanCarlos2013.pdf?sequence=1&isAllowed=y, recuperado el 30 de noviembre de 2020.

13. “En la toma, ahí se presentaron varias cosas, varias situaciones: primero, que cuando se tomaron, prácticamente, el cerro, pues, de ahí salieron dos oficiales muertos, cuatro suboficiales, doce infantes de marina muertos, pero también, quedaron dieciocho heridos y quedaron unos…dieciocho heridos y algunos que quedaron medio bien, como se dice, a ese lo pusieron…todos los muertos de las Farc, todo eso, a los infantes les tocó cargarlos a la parte alta del cerro, al hombro, los infantes fueron a los que les tocó cargar, prácticamente, a todos los muertos de las Farc y, prácticamente, llevarlos a unas fosas…bueno, no a unas fosas, pero si dejarlos en la parte alta para que ya luego ellos después los movieran, eso fue una parte. La otra fue que en su afán de buscar que quiénes son los comandantes, quiénes son los cuadros, ahí en el caso de un compañero mío que en su momento era el cabo segundo Brand Perdomo, él tenía su camuflado y como ahí hace harto frío, pues tenía un fiyat encima. A él en el bunker alcanzaron a… preguntarle a los infantes que si él era…que si era cabo, si era cabo y, prácticamente, le apuntaban con un arma a la cabeza, que en su momento creo que fue con un revolver, y le disparaban…ósea, mientras le daban, le daban con el pie en el pecho y lo tenían ahí, prácticamente, reducido, prácticamente, lo apuntaban a la cabeza y le disparaban al lado, hasta que, prácticamente, en esta situación él quedó inconsciente, eso es una de las situaciones que le pasó ahí. Pero también, hubo otra situación bastante complicada: a los infantes, después de que cargaron todos los muertos que quedaron de las Farc, a ellos los metieron en un bunker, en su momento estaban construyendo unos bunker de cemento, había unos bunker viejo que eran construidos en sacos terreros, que los llenas de tierra, esos son los bunker normales, los tradicionales, pero en su momento estaban construyendo unos bunker de cemento que no se alcanzaron, prácticamente, a estrenar, bueno, básicamente, ahí metieron a esos muchachos, como dieciocho, los metieron a ese bunker, les pusieron unos cilindros a la entrada y, prácticamente, la intención era volarlos, a ellos los iban a volar ahí dentro, sin embargo, ya cuando todo estaba listo, un comandante, el que estaba ahí, llamó al otro comandante de las Farc y le dijo ‘bueno, ya está todos listo ¿los volamos? ¿qué hacemos? No es sino que dé la orden’, entonces, el otro preguntaría en su momento ‘bueno ¿ellos quiénes son?’, y le dijeron ‘no, pues, todos son regulares, todos están prestando servicio’, y de pronto ‘¿seguro son regulares, no son profesionales?’, ‘no, no, son regulares’, entonces, finalmente dijo, ‘no, esos manes, finalmente, ni tienen la culpa, déjelos que se vayan’, y ahí donde, prácticamente, los dejaron salir y les decían ‘cuidado miran para atrás, que si miran para atrás le disparamos’, y ahí el uno herido con el otro, cargado, como se pudo el uno con el otro, pues prácticamente, fueron saliendo ahí como pudieron, carretera abajo hasta que mucho más abajo pudieron encontrar ya al Ejército Nacional, ya subía, pues, para recuperar el puesto, entonces, básicamente, son situaciones complicadas que se dieron en su momento y que afectan psicológicamente a las personas, a los muchachos, los infantes quedaron bastante traumatizados psicológicamente en ese aspecto y, bueno, después de vivir un trauma de esos, de que los querían volar en un bunker, pues, mucho peor.” (Luis Fernando Velásquez Agudelo, comunicación personal, 16 de julio de 2020).

14. Jofre Iván Granja Martínez; Urbano Martínez Riascos; Oneider Guasá Zapata; Reinaldo Alberto Giraldo; Grande; Rafael Ángel Herrera Marulanda; Maximiliano Martínez Ramírez; Luis Fernando Orozco Vargas; Juan Carlos Alvarado Saavedra; Víctor Bombiela Ortiz; Robinson Manuel Jinete Blanco; Álvaro Muñoz Castro; Francisco Julián Burbano Chaverra; Sandro Jaramillo Marín; Esteven Estupiñán Muñoz; Jorge Alberto Atapuma Oviedo; Cristian Federico García Castillo. (Fuente: Armada Nacional de Colombia).

15.VerdadAbierta.com, Op. cit.

16. Afirma Correa (2006) que “Los actores vinculados al conflicto, tanto legales como ilegales, aprovecharon esa apertura de espacios de interlocución para idear estrategias informativas y por eso se vieron obligados a planear y diseñar nuevas formas de comunicar sus acciones destacadas (propaganda) y otras que pudiesen afectar a sus enemigos (desinformación). Fue así como surgió un nuevo modelo de gestión de la comunicación para la guerra (…)” (Pág. 96). Citando una entrevista a Andrés París, comandante de las Farc-Ep, señala que en el caso específico del vídeo de Cerro Tokio que “Esto caló tanto en el pleno del 2000, que el Secretariado dio la orden de comprar masivamente cámaras para los frentes, crear un manual de filmación e impusieron la obligación de filmar cualquier acción militar que tuviera 90 por ciento de probabilidades de triunfo” (Pág. 102).

17. “Sabemos que las guerrillas pasaron de una guerra de guerrillas a una guerra de movimientos, entonces, prácticamente ellos habían crecido mucho en hombres y en capacidades bélicas, estaba finalizando, creo que era, el gobierno de Pastrana, prácticamente, estaban muy fortalecidos, por todo el país muy fortalecidos, en esa época por todos lados se escuchaban ataques, tomas, voladura de oleoductos, se escuchaban ataques a la Policía, básicamente, las noticias era eso: ataques, ataques, ataques por doquier y no fue ajeno el puesto de Cerro Tokio, El Queremal a esa situación, que es un puesto que era predominante y ellos de alguna manera querían…tenían la intención de tomárselo, y movieron todos sus esfuerzos, todos sus esfuerzos logísticos, todos sus esfuerzos armamentísticos para cumplir con esa misión para lo cual ellos destinaron todos los tipos de armas no convencionales que podrían utilizar, ahí movieron esos cilindros, los pequeños, de veinte, de treinta libras, esos cilindros, prácticamente, en el cerro, ya uno después, yo me di cuenta de que eran cantidades de cilindros que movieron, por decir allá en el cerro tiraron, pues, yo creería que más de cien cilindros nos tiraron, entre cilindros pequeños y cilindros más grandes y ellos tenían, también, fusiles igual que nosotros, inclusive, fusiles de un calibre 7,62, tenían ametralladoras, tenían tubos lanzadores de cilindros, tenían los cilindros, también manejaban tema de explosivos, ósea, ellos habían acumulado un gran poder armamentístico con esa zona de despeje, con el presidente Pastrana y, básicamente, las tomas eran, prácticamente, en masa, normalmente, nosotros éramos dos pelotones y ellos eran más de quinientos, ellos concentraron creo que dos frentes (…) y en esa época los medios con que contaban las fuerzas militares no eran las mejores, yo me acuerdo que, incluso, en su momento el avión fantasma lo alcanzaron a enviar a nosotros para apoyarnos en un cerro alto, un cerro que, básicamente, solo se despeja un poquito al mediodía y de resto pasa nublado, todo el día pasa nublado, día y noche pasaba nublado, y ese avión fantasma lo mandan, pero ese avión fantasma había llegado a las tres de la mañana de haber apoyado al Ejército Nacional en otra operación, entonces, básicamente, los pilotos medio llegaron, estaban descansando, los llamaron y, automáticamente, prendan motores y arranque para el otro lado. Y así era la época, eso era combates en un sector, combates en otro y, prácticamente, había tanta guerrilla en tantas partes del país que tenían, prácticamente, asediada a toda la Fuerza Pública, a las Fuerzas Militares, a la Policía, a todo el mundo, prácticamente, nos tenían asediados y, el sistema de comunicaciones de nosotros no era muy fuerte, habían algunos medios de comunicación pero no como hoy en día, eso fue ya hace veinte años, celulares, prácticamente, no había, si había un celular era mucho; sistemas de comunicación un radio de pronto, dos radios, a nivel de nosotros Fuerzas Militares pero no había más; y apoyos, no hay como esa cantidad de helicópteros como hay hoy en día o esa cantidad de apoyos que vemos que hay de pronto, más apoyo de combustibles y toda esa cuestión, no, en su momento todo era incipiente, prácticamente, todo se hacía con las uñas, con lo que había y con eso se cumplía, prácticamente, la misión, siempre estábamos bastante en desventaja, las carreteras no es las que tenemos hoy en día, los helicópteros para hacer los relevos era un helicóptero y le tocaba ‘haga piernas’ y ‘haga piernas’ porque no había más, entonces, prácticamente, había muchas deficiencias, no estaba ese fortalecimiento de las Fuerzas Militares en su momento, no, estábamos, prácticamente, con lo básico, operando con lo básico, era una manera muy limitada.” (Luis Fernando Velásquez Agudelo, comunicación personal, 16 de julio de 2020).

18. “Uno ya salía mucho más cohibido, más prevenido, siempre, a pesar de que nos hicieron ahí un tratamiento psicológico, nos enviaron los psicólogos para la atención y nos hicieron unos ejercicios como para mitigar todo ese tipo de cosas, uno de todas maneras eso le queda de por vida esa situación, y yo me acuerdo en un momento que salí de permiso, de vacaciones, algo así, creo que fue para una fecha de diciembre, normalmente, tiran papeletas y ese tipo de cosas y no, fue un poco difícil porque medio sonaba una y yo ya, prácticamente, me tiraba al piso, me tiraba al piso porque sentía que era eso y en la noche uno en la noche cualquier ruidito, cualquier cosita, uno ya estaba como con esa alerta y, prácticamente, uno se sobresaltaba y caía, prácticamente, uno de pie, inclusive hubo un caso en el batallón después de que nos reunieron y nos sacaron al batallón que hicieron un ejercicio con unas granadas, unas MGL ahí, unas granadas, ahí muy cerca al batallón, estaban haciendo como un ejercicio de tiro, en un polígono y, entonces, los muchachos, o nosotros, porque estábamos como saliendo de guardia porque habíamos soltado guardia a las seis de la mañana y nos correspondía descanso hasta el mediodía y sonaron eso y, prácticamente, apenas sonó la primera granada que cayó ahí cerca, todos salieron a atentos, disparados a buscar los fusiles y a buscar las trincheras del batallón que todo el mundo dijo ‘no, no, no, tranquilos, esto es un ejercicio, un ejercicio’; les tocó calmar la gente porque se vivía una situación de estrés bastante complicada.” (Luis Fernando Velásquez Agudelo, comunicación personal, 16 de julio de 2020).

“El que quiere puede y si lo buscan lo logran”

Luis Fernando recibió atención psicológica inmediata pasó el evento de Cerro Tokio. Cuenta que varios profesionales de la Armada de Colombia viajaron de Bogotá a Buenaventura y les dieron una buena atención de contención. Ya recuperado recibió la orden de trasladarse al puesto militar de Punta Soldado, en el municipio de Buenaventura, departamento del Valle del Cauca. En un principio se sintió prevenido de regresar a un lugar apartado. Durante este periodo tuvo que sortear otra difícil prueba como fue el paludismo.

Luis Fernando Velásquez en el Batallón de Infantería de Marina N° 40 en Candelilla de la Mar, Tumaco, Nariño. Fotografía: Luis Fernando Velásquez para el CNMH.

Luis Fernando Velásquez Agudelo a bordo de un Buque de Desembarco Anfibio de la Armada Nacional. Fotografía: Luis Fernando Velásquez para el CNMH.

A pesar de lo duro de sobrevivir a un ataque de la magnitud del ataque a Cerro Tokio su convicción siempre fue seguir en la Armada de Colombia. Gracias a su disciplina aprovechó el llamado a realizar curso extraordinario de oficial de Infantería de Marina en la Escuela Naval de Cadetes “Almirante Padilla” en el año 2002 y pasó, rápidamente, de Cabo Segundo a Subteniente. En diciembre se graduó y fue asignado a los Montes de María, otra zona de conflicto muy agudo. Luis Fernando piensa que “regresó a lo mismo” que había vivido en Dagua, porque debió enfrentar situaciones muy complejas de orden público, aunque por fortuna nunca con resultados tan trágicos como en Cerro Tokio.

Enfocarse en el estudio con esmero y dedicación ha sido la herramienta para Luis Fernando superar lo que le pasó en Cerro Tokio y aportar hoy en día a una Armada de Colombia mucho más preparada que hace cerca de veinte años, cuando siendo muy joven salió a enfrentar la amenaza de las guerrillas en el conflicto armado colombiano y tuvo que defenderse del embate de dichos grupos armados ilegales.

El sueño de Luis Fernando de estudiar una carrera profesional se ha cumplido sobre la base del esfuerzo y la disciplina, lo cual no ha sido fácil por el ejercicio de sus funciones militares. Siguió siendo el estudiante aplicado como lo fue cuando era niño y eso lo enorgullece porque demuestra que “¡el que quiere puede y si lo busca de alguna manera lo logra!”. En la actualidad es un alto oficial de la Armada Nacional que le continúa prestando sus servicios al país:

“Si, claro, mi intención desde un inicio era siempre estudiar, como mi meta, más sin embargo eso se vio postergado bastante tiempo por lo que…19.

Luis Fernando Velásquez Agudelo como Teniente Coronel de Infantería de Marina en el Batallón Fluvial de Infantería de Marina No. 33 en Tres Esquinas, Caquetá. Fotografía: Luis Fernando Velásquez para el CNMH, 2020.

Hoy pide que se recuerde a sus compañeros como unos dignos representantes del pueblo colombiano que entregaron su vida en el cruento ataque de Cerro Tokio, unos hombres valientes que con una corta preparación defendieron el puesto destacado hasta donde más pudieron y su sacrificio fue un aporte a que actualmente las personas tengan una mayor tranquilidad y que la economía del avance porque se puede movilizar la mercancía sin mayores problemas manteniendo libres las vías que conectan al principal puerto colombiano en el pacífico con el resto del país.