INTENDENTE
CORNELIO GUZMÁN COCA
Policía Nacional
INTENDENTE
CORNELIO GUZMÁN COCA
Policía Nacional
Una profesión de muchos aprendizajes
A la edad de 2 años, en Colombia, Huila, antes de radicarse en Soacha, Cundinamarca (15 de febrero de 1984). Archivo personal del intendente Cornelio Guzmán Coca.
Grado de bachiller con mis padres y mi futura esposa en Bosa Bogotá, 10-12-99. Archivo: Personal Intendente Cornelio Guzmán Coca
Cornelio nació en el año de 1982 en Colombia, Huila, pero desde los dos años ha vivido entre Soacha y Bogotá. Su padre era oriundo de ese municipio huilense y su madre del departamento de Boyacá. Conscientes del estilo de vida que se llevaba en el campo, decidieron que lo mejor para sus hijos era buscar otro ambiente para crecer. Así fue como se trasladaron a donde unos familiares en el barrio León XIII de Soacha, Cundinamarca.
Al graduarse del colegio, Cornelio prestó su servicio militar obligatorio como policía bachiller y luego ingresó a la Escuela de Suboficiales y Nivel Ejecutivo “Gonzalo Jiménez de Quesada”. Su padre fue determinante para escoger este camino al aconsejarle hacer una carrera como policía, ya que le garantizaría un futuro.
En su carrera, Cornelio ha tenido la fortuna de estar la mayor parte del tiempo asignado en Bogotá, aunque en ciertas ocasiones lo enviaron como apoyo a los departamentos de Norte de Santander, Boyacá y Cauca para atender situaciones especiales de orden público. Asegura que el paso por el Cauca fue de los momentos más difíciles en su carrera:
“Estuve en Popayán, dos veces, estuve en El Estrecho, en Galíndez, en El Bordo, me tocó dormir sobre la vía algunos días, lo difícil de esa zona es que cada pueblo queda más o menos 20 minutos…1.
Confiesa Cornelio que la rudeza que caracteriza el servicio policial va generando una especie de coraza en ellos. Recuerda que llevaba apenas cuatro meses en la Policía cuando tuvo que ver morir a la primera persona en su vida. La impresión fue tan fuerte que pasó varios días con mal sueño. Al principio le tenía repulsión a la sangre, sin embargo, de tantas situaciones rutinarias lo fue superando rápidamente, así como su personalidad se fue volviendo menos sensible.
La segunda vez que Cornelio estuvo en Popayán, cumplió labores de escolta de una unidad especial durante seis meses. Con su pareja, a quien conoció en el colegio cuando tenía catorce años y con quien tiene dos hijas, tuvieron una crisis que amenazaba su relación a tal punto en que consideraron separarse. A raíz de estos conflictos, su hija mayor intentó quitarse la vida, lo que fue bastante duro para él, por eso, aprovechando el llamado para hacer el curso de ascenso, solicitó traslado a Bogotá para poder cuidar mejor de su hija.
Cornelio no entendía por qué pasaban esas calamidades, pero la experiencia le hizo no solo “conocer de Dios, sino conocer a Dios”. Poco tiempo después de regresar a Bogotá, debió atender una llamada de emergencia de una ciudadana. Llegó hasta la vivienda y la señora le pidió ayuda porque su hija estaba histérica y se quería quitar la vida. Cuando Cornelio entró a la habitación, encontró una escena grotesca, “como de película de terror”, describe él: las paredes estaban untadas de sangre, la cama chorreaba sangre, la muchacha estaba en ropa interior debajo de las cobijas y solo dejaba ver su rostro. A la mamá le gritaba insultos, que se fuera, que no la quería.
Con la autorización de la señora, le pidió a la joven que le permitiera hablar con ella, se sentó al pie de la cama, le preguntó qué le pasaba y se dispuso a escucharla. En esta ocasión su manera de abordar el caso fue diferente a todas las demás ocasiones en que atendió un intento de suicidio, ya no recriminó a la persona, sino que fue más comprensivo. El aprendizaje que tuvo a partir de la experiencia con su hija fue positivo, aunque duro de asimilar. Tanto así, que lo asemeja a recibir “¡un tablazo en la cara!”.
“en esas situaciones era inevitable acordarme de lo que había pasado con mi hija hacía poquito. Atendí el caso de una manera más humanitaria, aunque no es bueno, pero, en cierto modo…2.
Terroren La Macarena
Terror en La Macarena
Pocos meses habían pasado desde el suceso de su hija y un sábado recibió un requerimiento de su unidad; la Fuerza Disponible o FUDIS. Debía presentarse a primera hora del día siguiente para acompañar la corrida de cierre de la temporada taurina en la Plaza de Toros de La Macarena.
El domingo 19 de febrero de 2017, Cornelio atendió un requerimiento. Se preparó como de costumbre para el operativo y lo transportaron con sus compañeros al lugar donde se reunieron muchos grupos de vigilancia de diferentes estaciones de la ciudad. Hicieron una formación prolongada debido a que ese día el contingente era de aproximadamente quinientos hombres porque se estaban presentando manifestaciones de grupos antitoreo y necesitaban un amplio despliegue policial.
A eso de las 9:45 de la mañana, los enviaron al punto asignado, a la carrera 5 con calle 27, en un dispositivo compuesto por un teniente al mando, un intendente y dieciocho patrulleros, todos compañeros con los que trabajaba habitualmente. Como era temprano, se organizaron para ir a desayunar, ya que el evento empezaba a las tres de la tarde. Él se paró en una esquina, al lado de un armario de teléfonos y, a los pocos minutos, sintió una fuerte explosión que se produjo dentro de este.
(Intendente Cornelio Guzmán Coca, comunicación personal, 17 de septiembre de 2019).
Siete días antes de solicitar el retiro como intendente (15 de enero de 2021). Archivo personal del intendente Cornelio Guzmán Coca
Alumno Escuela ESJIM Sibaté, Cundinamarca. Archivo personal del intendente Cornelio Guzmán Coca.
(Intendente Cornelio Guzmán Coca, comunicación personal, 17 de septiembre de 2019).
1. “Estuve en Popayán, dos veces, estuve en El Estrecho, en Galíndez, en El Bordo, me tocó dormir sobre la vía algunos días, lo difícil de esa zona es que cada pueblo queda más o menos cada 20 minutos, media hora, una hora y cuando hay los paros armados o campesinos que bloquean las vías, cada pueblo que aislado, quedan como islas, porque no hay paso, es la única vía de acceso, entonces es complicado en ese sentido (…) fueron días duros, duré casi un mes y medio viviendo cosas complicados que en mi vida había vivido, pero eso lo hace a uno un poquito más fuerte” (IN Cornelio Guzmán Coca, comunicación personal, 7 de agosto de 2020).
2. “en esas situaciones era inevitable acordarme de lo que había pasado con mi hija hacía poquito, atendí el caso de una manera más humanitaria, aunque no es bueno pero, en cierto modo, es inevitable apersonarse uno de los casos y estuve acompañándola un buen tiempo, mientras su proceso que fue bastante duro, pero a lo que yo voy es a ese cambio de perspectiva: no es solamente ver los toros desde la barrera, sino cuando ya le toca a uno y le entregan la capa y hágale, toreé usted que ya sabe cómo es; muy complicado ponerse uno en los zapatos de otro, ya empieza uno a dejar de criticar sino que empieza como a vivir eso que anteriormente no entendía” (IN Cornelio Guzmán Coca, comunicación personal, 7 de agosto de 2020).
“Un costalito de cosas”
“Un costalito de cosas”
A raíz de la explosión, Cornelio tuvo un trauma acústico por perforación del tímpano izquierdo, con pérdida de la audición del 35 %, así como una laceración parcial en el lado derecho, con pérdida de audición del 10 %. Estos daños son progresivos, así que, probablemente, con el paso del tiempo, irá perdiendo la audición hasta el punto de requerir dispositivos para oír. Una esquirla de la explosión lo hirió en el hueso del ojo izquierdo y, por poco, pierde la visión.
Permaneció poco tiempo en el hospital, pero durante veinte días estuvo con fuertes mareos, que ni siquiera le permitían pararse a caminar dentro de su casa. Los médicos le prescribieron cinco meses de incapacidad total.
Por otro lado, Cornelio tuvo alteraciones del sueño y comenzó a sentir trastornos de ansiedad cuando se encuentra en medio de aglomeraciones, escucha sonidos fuertes o, simplemente, de la nada.
“tengo algunas molestias en el sueño, a veces cuando estoy en la estación o tengo que ir al grupo de la Fuerza Disponible, que fue donde pasaron las cosas, de pronto a reclamar dotación…3.
Ascenso a It. ESJIM en Sibaté Cundinamarca, 30-09-18. Archivo: Personal Intendente Cornelio Guzmán Coca
“es como un costalito de cosas, empieza uno a revolcar y se empieza a recordar de cosas, mi vida se volvió acá como un costalito, entonces, empieza uno a revolcar: las cosas que pasaron cuando no estuve cerca a la casa…4.
“Una persona es fantasma hasta que se hace visible”
Compartiendo con su familia, Archivo personal del intendente Cornelio Guzmán Coca.
Para Cornelio fue muy importante haber sido seleccionado para cursar un seminario sobre proyectos productivos dirigido a las víctimas del conflicto armado que realizó la Pontificia Universidad Javeriana, en el año 2019. Para sorpresa de él, cuando llegó a los cursos, el primer día se encontró con solo dos policías y, además, había exintegrantes de distintos grupos armados, incluso del ELN. Dice él que, al principio, fue duro asimilar el choque ideológico.
“Para uno es duro, es difícil aceptar que la persona que está al lado de uno perteneció al grupo que le hizo el daño a uno, pero poco a poco empieza uno a manejar la resiliencia…5.
Como una bendición más en su vida, dice él, se vio beneficiado con la dotación de una fotocopiadora industrial y una caja registradora, ya que su proyecto productivo consistía en una papelería, que había iniciado en el año 2014 con su esposa, pero, por diversas situaciones, tuvieron que suspender. Ahora, con este impulso, iban a reabrir su negocio, pero, desafortunadamente, sobrevino la emergencia sanitaria de la pandemia del COVID-19 y están esperando a que las condiciones mejoren para reabrirlo.
Al reflexionar sobre el papel de la sociedad frente a las víctimas, Cornelio llama la atención sobre el hecho de que, a él, como a muchos les sucede, le era indiferente el tema hasta que se convirtió en víctima. Por eso dice que “¡una persona es fantasma hasta que se hace visible!”.
(Intendente Cornelio Guzmán Coca, comunicación personal, 17 de septiembre de 2019).
3. “tengo algunas molestias en el sueño, a veces cuando estoy en la estación o tengo que ir al grupo de la Fuerza Disponible, que fue donde pasaron las cosas, de pronto a reclamar dotación, y por alguna razón suena un golpe o un ruido fuerte inmediatamente me altero, me pongo mal, empiezo a temblar, entonces, son cosas que todavía no he podido manejar de manera individual, yo creo que no sé, ya quedaré con eso, no sé cómo será el cuento. A veces estoy trabajando y de alguna u otra manera me empieza esa ansiedad, de que algo de pronto pueda pasar, de que algo pueda suceder” (IN Cornelio Guzmán Coca, comunicación personal, 7 de agosto de 2020).
4. “es como un costalito de cosas, empieza uno a revolcar y se empieza a recordar de cosas, mi vida se volvió acá como un costalito, entonces, empieza uno a revolcar: las cosas que pasaron cuando no estuve cerca a la casa, las veces que estuve en comisiones fuera de Bogotá, las veces que llegué acá con los rastros de sangre, alguna vez que llegué con el ojo morado por un golpe que me dieron, empieza uno a recordar todo eso, viene lo del atentado, viene lo que pasó con la niña, vienen tantas cosas. Y ahora que tiene uno la oportunidad de aprovechar el tiempo se empieza como a que: ‘ay, para que ya no pase esto’, empieza uno a vivir ciertas cosas como más unido, arraigado a la familia; es bonito, realmente las cosas aquí en el hogar gracias a Dios cambiaron para bien, todo gracias a Dios cambió para bien” (IN Cornelio Guzmán Coca, comunicación personal, 7 de agosto de 2020).
5. “Para uno es duro, es difícil aceptar que la persona que está al lado de uno perteneció al grupo que le hizo el daño a uno, pero poco a poco empieza uno a manejar la resiliencia, empieza uno a entender que, por encima del uniforme, por encima del armamento, por encima de órdenes, por encima de lo que sea sigue habiendo personas, así se hace un poco más fácil hasta que, finalmente, se convierte hasta en amistades.” (IN Cornelio Guzmán Coca, comunicación personal, 7 de agosto de 2020).