SOLDADO PROFESIONAL (R)
NELSON ENRIQUERAMÍREZ LEAL
Ejército Nacional de Colombia Club Héroes de Honor
SOLDADO PROFESIONAL (R)
NELSON ENRIQUERAMÍREZ LEAL
Ejército Nacional de Colombia Club Héroes de Honor
“Yo no quería
que eso se quedara así”
Nelson nació el 9 de octubre de 1983 en los barrios del sur de Bogotá. Es el mayor de tres hermanos de un hogar conformado por su padre, un trabajador pensionado de la industria del cemento, que lleva su mismo nombre, y la señora Amelia Leal, siempre dedicada a las labores del hogar. Nelson pasó una infancia en medio de un hogar donde se cultivó el valor de la humildad.
Recuerda que, en esos primeros años de vida, se hablaba mucho de la violencia, de las bombas y aviones derribados por Pablo Escobar. Cuando eran niños, él y su hermano Juan Carlos vivían en lo que describe él como un “mundo diferente”, alrededor de las películas de Disney, el yermis1, la lleva2 y especialmente el fútbol, que aparecía como fuera:
“el fútbol desde pequeño tuvo una connotación bastante importante, con ellos [los amigos del barrio San Jorge y su hermano] jugábamos para arriba y para abajo detrás del balón, y si no había un balón…3.
Nelson Enrique Ramírez Leal en su primer año de vida. Fotografía: Nelson Enrique Ramírez Leal para el CNMH, 1984.
De los catorce a los dieciocho años, Nelson participó en los campeonatos Intercolegiados de microfútbol, entrenó con el profesor Hugo Acosta e hizo parte de la selección juvenil de Bogotá junto a otros jóvenes que, con el tiempo, se convirtieron en campeones mundiales. Recuerda que llegaba a su casa con los tenis rotos, que su papá le había comprado para el colegio, por lo que debía sacar una parte del dinero que le daban por jugar un fin de semana para comprar unos nuevos; esa era la esencia del microfútbol en esa época, dice Nelson.
Durante ese tiempo, sucedió un hecho trágico que marcó su familia y su vida. En el año de 1997 su tío, Nader Misael Ramírez, un soldado voluntario del Ejército Nacional, murió en el campo de batalla en un hecho conocido como la toma de San Juanito, Meta, por parte de las extintas FARC. Este suceso trajo una serie de consecuencias familiares:toma de San Juanito, Meta, por parte de las extintas FARC. Este suceso trajo una serie de consecuencias familiares:
“se llevó a mi abuelo y se llevó a mi abuela, primero se fue mi abuelo, murió por pena moral, se enfermó, ya estaba avanzado en edad pero el impacto que le dio la muerte…4.
El tío Nader fue cercano a Nelson; cuando llegaba a la casa de permiso, lo sacaba a jugar y recreaban los entrenamientos militares que él tenía en el Ejército, lo cual influyó conscientemente en Nelson para querer ser soldado. A nivel personal, Nelson generó un sentimiento de venganza frente a los responsables de la muerte de su tío. Reconoce que antes quería vengarse, que eso no se iba a quedar así.
La pérdida de su tío se combinó con la frustración por perder a su novia porque la familia de ella se opuso a que tuvieran una relación hasta el punto de retirarla del colegio y mudarse de barrio. Es así como tomó la decisión de ingresar a ser soldado regular en el año 2002.
Casualmente, las incorporaciones del Ejército se realizaban en la misma cancha donde entrenaba, la cancha del Parque Metropolitano Cayetano Cañizares de la localidad de Kennedy. A Nelson, estar allí le traía bastantes nostalgias y alegrías porque en esa cancha fue donde se formó para ser jugador de microfútbol, y ahora lo estaba encaminando para ser soldado.
La cancha estaba dividida en dos secciones: una era para el contingente que se iría para Apiay, Meta y la otra, para Larandia, Caquetá. Nelson y un gran amigo que lo acompañaba estaban convencidos por estar en la sección del Meta, así que cumplieron con todos los requisitos y fueron trasladados para esta zona del país.
En el servicio militar, Nelson aprendió a valorar la sopa por la que renegaba en casa. Extrañaba a su hermano con el que veía películas o jugaba Nintendo y a su hermana que lo consentía. Debió acostumbrarse a desayunar a las 3:30 a.m. y no poder pedir más, bañarse y tender la cama rápido. Por fortuna la disciplina que traía de las bandas de guerra y los entrenamientos de microfútbol le ayudaron a acoplarse mejor a este estilo de vida, especialmente, a situaciones adversas como estar un día entero al sol y al agua en un retén, dormir en el piso, cargar los víveres o soportar los hostigamientos. Aunque este estilo de vida es riguroso, es solo una muestra incompleta de lo que significó combatir en el conflicto armado del país.
Terminó el servicio militar convencido de que esa era su vida y con el deseo de formarse y tener soldados a cargo, por lo que se dedicó a terminar el bachillerato e inscribirse al curso de suboficiales del Ejército en la Escuela Sargento Inocencio Chincá de Tolemaida, en Melgar, Cundinamarca. Ya llevaba seis meses en la escuela cuando su familia entró en una difícil situación económica en la que estuvieron en riesgo de perder la casa. Por lo tanto, Nelson tuvo que suspender la carrera y regresar a su casa para ayudar a sus padres.
Nelson Enrique Ramírez Leal durante la prestación del servicio militar obligatorio en el Batallón Carlos Arturo Vidal, en el Cantón Militar de Apiay, Meta. Fotografía: Nelson Ramírez Leal para el CNMH, 2001.
Sus compañeros de curso lo buscaron dos años después para animarlo a que continuara su carrera o ingresara como soldado profesional, lo que hizo en septiembre de 2007. Esta vez lo asignaron al Fuerte Militar de Larandia, Caquetá, para luego hacer parte del Batallón Orgánico N.° 55 Mayor Carlos Vidal Aponte, que hacía parte de la Fuerza de Tarea Conjunta Omega N.° 6. Antes de irse, organizó una apoteósica fiesta de despedida porque, en el fondo de sí mismo, no sabía si algún día volvería, como le pasó a su tío. Sabía que entraba en un momento difícil del conflicto, pues el Gobierno nacional estaba en una estrategia de toma del territorio para diezmar a las FARC.
1. Juego de equipo consistente en ubicar una pila de piedras o tapas sin que sea tocado por un balón que es lanzado por uno de los jugadores evitando que alcen la pila mencionada.
2. Juego de equipo en el que una persona debe alcanzar a los demás y tocarlos con su mano pasándole el rol a otro jugador.
3. “el fútbol desde pequeño tuvo una connotación bastante importante, con ellos [los amigos del barrio San Jorge y su hermano] jugábamos para arriba y para abajo detrás del balón, y si no había un balón había un tarrito de Tampico y lo llenábamos de plástico, y si no había el tarrito de Tampico, pues nos inventamos la pelota de trapo y con ellos jugábamos cuca patada Nuestra niñez fue muy marcada, para mí, por el fútbol” (Nelson Ramírez, comunicación personal, 7 de noviembre de 2020).
4. “se llevó a mi abuelo y se llevó a mi abuela, primero se fue mi abuelo, murió por pena moral, se enfermó, ya estaba avanzado en edad pero el impacto que le dio la muerte de su hijo fue muy duro, para mi padre fue difícil, para nosotros como familia fue duro porque mi tío hasta compartía mucho tiempo nos nosotros en Bosa, él nos visitaba y vivió con nosotros en Bosa, antes de que se fuera de Profesional (…) ellos vivían en una finca en La Chamba, Tolima, toda la familia se desintegró, la herencia quedó y todos mis tíos se pusieron a pelear por esa herencia, y eso hizo que la familia se separara, se acabó eso que hacíamos de niño porque en las vacaciones íbamos todos, son nueve tíos, imagínate la cantidad de sobrinos y sobrinas reunidos en una sola finca en junio o en diciembre, en navidad; eso era espectacular, mi niñez fue muy bonita por eso, pero después ya todo se redujo a que todo se acabó ¡y lo acabó el conflicto armado!” (Nelson Ramírez, comunicación personal, 7 de noviembre de 2020).
Un “parto” sin final feliz
“era una selva bastante tupida, yo nunca había visto una selva tan hermosa como la del Caquetá, y es una zona que desde el aire tú ves como si fuera un tapete, hermosa diversidad de ríos…5.
El 3 de febrero Nelson fue el ranchero6 de su escuadra y estaba terminando de desayunar cuando fueron asediados. Ese día preparó huevos con arepa y chocolate, “un privilegio” en medio de la selva. Una mujer pasó al galope sobre un caballo y cuando los vio se detuvo intranquila y se devolvió. Enseguida, se acercó un campesino de un caserío aledaño y les pidió que se retiraran, ya que corrían peligro. El ambiente estaba extraño y el teniente les ordenó apurar la reanudación de la marcha. Estuvieron caminando pocos minutos cuando se escuchó la explosión de un cilindro bomba que cayó sobre el punto donde desayunaban.
Nelson Enrique Ramírez Leal durante el periodo como soldado profesional del Ejército Nacional. Fotografía: Nelson Enrique Ramírez Leal para el CNMH, 2007.
“Resulta que cuando entramos, registramos la zona y nuestro teniente dijo ‘quedémonos acá, vamos a pernoctar, acá vamos a hacer el almuerzo, sí mi mayor no da ninguna orden seguimos avanzando…7.
Más adelante, tuvieron contacto con el enemigo y se pasaron la tarde en combates. Avanzaron en medio de la selva porque habían tenido varios eventos por el camino. Otra escuadra, que sí avanzó por el camino, fue atacada y un uniformado resultó muerto, lo que los impactó anímicamente. El combate duró hasta la noche, cuando los subversivos huyeron hacia unas cabañas que se veían a lo lejos, por lo tanto terminaron los combates por un corto periodo de tiempo.
Se quedaron en ese punto a pernoctar en el suelo, cubiertos por un plástico, pues debido a la situación no podían extender equipos de campaña. Era tanto el cansancio que Nelson cerró sus ojos profundamente hasta la hora que debía prestar guardia. A las cinco de la mañana del día siguiente, llegó el helicóptero que extraería el cuerpo sin vida del compañero; enseguida, la orden fue avanzar. Divisaron algo extraño por el camino y al registrar el área se dieron cuenta de que se trataba de un laboratorio de procesamiento de cocaína rodeado de cultivos de hoja de coca.
“el dolor era impresionante, yo los asocio a los dolores de parto porque yo veo que las mujeres gritan con un dolor intenso, pero que todo termina al final en felicidad y lágrimas, pero la mía no…8.
Nelson se sentía culpable de echar a perder la operación y les pidió perdón a sus compañeros por activar la mina, pero estos le explicaron que no fue su culpa y que por fortuna el hecho había sucedido en horas de la tarde y no en la noche, pues habrían podido morir todos. Lo trasladaron hasta el hospital de Florencia, Caquetá, donde le hicieron la amputación del pie veinte centímetros por debajo de la rodilla.
El departamento del Caquetá ha sido uno de los más afectados del país por víctimas de minas antipersonal y municiones sin explotar. El Observatorio de Memoria y Conflicto registra un total de 775 víctimas entre los años de 1985 y 2019, concentradas en un periodo alto entre el 2004 y el 2010, cuando sucedió el 68 % de estos casos, tiempo durante el cual sucedió el percance de Nelson. En el municipio de La Montañita se registran 192 víctimas de minas antipersonal, que representan una cuarta parte del total departamental. De estos, el 63 % pertenecían a la Fuerza Pública.
Nelson Enrique Ramírez Leal durante el periodo como soldado profesional del Ejército Nacional. Fotografía: Nelson Enrique Ramírez Leal para el CNMH, 2007.
4. “se llevó a mi abuelo y se llevó a mi abuela, primero se fue mi abuelo, murió por pena moral, se enfermó, ya estaba avanzado en edad pero el impacto que le dio la muerte de su hijo fue muy duro, para mi padre fue difícil, para nosotros como familia fue duro porque mi tío hasta compartía mucho tiempo nos nosotros en Bosa, él nos visitaba y vivió con nosotros en Bosa, antes de que se fuera de Profesional (…) ellos vivían en una finca en La Chamba, Tolima, toda la familia se desintegró, la herencia quedó y todos mis tíos se pusieron a pelear por esa herencia, y eso hizo que la familia se separara, se acabó eso que hacíamos de niño porque en las vacaciones íbamos todos, son nueve tíos, imagínate la cantidad de sobrinos y sobrinas reunidos en una sola finca en junio o en diciembre, en navidad; eso era espectacular, mi niñez fue muy bonita por eso, pero después ya todo se redujo a que todo se acabó ¡y lo acabó el conflicto armado!” (Nelson Ramírez, comunicación personal, 7 de noviembre de 2020).
5. “era una selva bastante tupida, yo nunca había visto una selva tan hermosa como la del Caquetá, y es una zona que desde el aire tú ves como si fuera un tapete, hermosa diversidad de ríos, y cuando entras en situación de todo mundo te está lloviendo balas, eso es una cosa que nunca me voy a quitar de la cabeza y es que a nosotros nos recibieron a punta de plomo, casi nos derriban los helicópteros, llegar abajo, tirar equipos, tirarse, darse cuenta que por todo lado te estaba lloviendo granadas, plomo fueron experiencias muy difíciles porque nunca las había vivido en ese nivel, en ese nivel. Y pues tampoco sabíamos que la operación que estábamos haciendo era muy importante para el país, es que estábamos haciendo una operación dirigida a Raúl Reyes, pues yo dije ‘esta situación es difícil’, no sabíamos hacia quién estaba dirigida porque es información muy secreta, después de un tiempo vine a saber contra quién fue” (Nelson Ramírez, comunicación personal, 7 de noviembre de 2020).
6. Día asignado a cocinar para toda la escuadra militar.
7. “Resulta que cuando entramos, registramos la zona y nuestro teniente dijo ‘quedémonos acá, vamos a pernoctar, acá vamos a hacer el almuerzo, sí mi mayor no da ninguna orden seguimos avanzando y vamos a continuar con la operación’, entonces, nosotros dejamos el equipo, hicimos un punto de descanso, pusimos los equipos en círculos y nos ampliamos en esa misma circunferencia, ahí fue donde colocamos la silla táctica, el fusil, unas personas salieron a hacer su dispositivo de seguridad y nosotros nos quedamos esperando y haciendo el almuerzo. Yo seguí colaborando con lo del almuerzo, yo había ranchado el 3, entonces, uno ayuda para el 4 y nada, cuando terminó esto del almuerzo yo recuerdo que antes de la 1 me acosté a echar una siesta y de 1 a 2 me tocó centinela y de 2 a 4 salí a hacer un desplazamiento, llegué otra vez ahí y el teniente nos reunió y nos dijo que el mayor había dado la orden de que íbamos a dormir y pernoctar en ese punto hasta que ellos nos alcanzaran. Ese fue el error de la operación porque no nos habíamos dado cuenta y nos habíamos metido en un campo minado. Lo que dijo el teniente fue ‘amplíense otra vez en círculo y ubíquense en forma de reloj’, porque nosotros prestamos guardia en la noche como las manecillas del reloj, entonces por guindo o por nylon se conecta de la hamaca 1 a la 2 y de la 2 a la 3 y así nos vamos rotando los centinelasos de la noche, y no puede ser más porque hay que tener presente y consciente que uno debe estar activo toda la noche, entonces una hora es más que suficiente para prestar, ir a descansar y el que llega está más enérgico y todos tenemos el objetivo de estar pendiente de que en la noche no pase nada. Cuando pasó eso digamos que a las 4 yo empecé a limpiar la zona donde iba a poner mi equipo, amarré la hamaca y cuando iba a amarrar el segundo guindo pisó la mina antipersonal, salgo a volar, pierdo la vista y la audición, y quedó en el piso inconsciente, pensé que había muerto porque realmente tuve como una experiencia que estaba en el paraíso de la mano de alguien que me llevaba por medio de muchas nubes.” (Nelson Ramírez, comunicación personal, 7 de noviembre de 2020).
8. “el dolor era impresionante, yo los asocio a los dolores de parto porque yo veo que las mujeres gritan con un dolor intenso, pero que todo termina al final en felicidad y lágrimas, pero la mía no, la mía estaba terminando solo en lágrimas y tragedia, el dolor no me lo aguantaba, duré alrededor de dos horas para esperar el apoyo helicoportado, fue un infierno de dos horas, por mi cabeza pasaron miles de cosas, me quería quitar la vida, no quería que mis padres me vieran así ni mis hermanos y también pensaba que se me había acabado la vida, que todo el mundo me iba a ver diferente, que todo el mundo me iba como a ignorar, que me iban a rechazar, y si la vida era difícil estando normal cómo sería con una condición de discapacidad (Nelson Ramírez, comunicación personal, 7 de noviembre de 2020).
"Las minas que no matan, llegan a asesinar con el tiempo"
Los padres de Nelson solo pudieron llegar a Florencia un día después, totalmente derrumbados en medio de mucho llanto; estaban conmocionados. Dice Nelson que no podían entender la crueldad de cómo una mina antipersonal podía dejar a una persona en ese estado. Como recién ellos se recuperaban de la crisis económica, ahora Nelson pensaba, con impotencia, que se iba a volver otro problema para sus padres y no la solución que pretendía. Sin embargo, este destacado jugador y soldado debió llenarse de valor e intentar darles ánimo porque sabía que iniciaba un largo camino.
Para empezar, debieron trasladarlo de emergencia a Bogotá, ya que se encontraba débil por la pérdida de sangre y en Florencia no se disponía de su tipo. En Bogotá, permaneció durante un mes en recuperación con el apoyo de sus padres, que se turnaban diariamente para estar con él.
Algo que a Nelson le incomodaba mucho era que sus padres tuvieran que verlo quejarse, gritar y llorar, pero el dolor le era insoportable. A la vez, sus padres también sufrían emocionalmente. Por otro lado, Nelson sentía que la familia se fragmentaba, ya que las deudas se incrementaron a raíz de los gastos para asistir a citas médicas, psicológicas, fisioterapéuticas, entre otras. La familia finalmente perdió la casa que tenían y pasaron a pagar arriendo.
Sus padres y sus hermanos debían soportar las pesadillas, los gritos, la rabia, las frustraciones de Nelson. Le aquejaba que no podría continuar su carrera y pensaba que no volvería a jugar microfútbol. Se sumergió en el alcohol y hasta intentó acabar con su vida, pues se negaba a aceptar que pasara el resto de su vida en esa condición:
Nelson piensa que el costo de las pensiones de ellos, las rehabilitaciones, la prótesis, entre otros, tiene una connotación económica considerable para el país. Él cree que eso también hace parte de las intenciones con las que los grupos armados instalan minas antipersonal:
“Aparte para qué son para cuidar sus campos llenos de coca, sus cultivos ilícitos, para cubrirse de la Fuerza Pública, para poder escapar o para causar estas lesiones a los miembros…9.
Una conclusión que saca Nelson de todo lo que vivió en su caso, y el de muchos otros que conoce, es que el impacto de las minas antipersonal es incalculable, “hasta el punto de que puede asesinar con el tiempo”.
Nelson Enrique Ramírez Leal compartiendo con sus padres en una fiesta familiar. Fotografía: Nelson Enrique Ramírez Leal para el CNMH, 2012.
Reencuentrocon el fútbol y el amor
Durante el proceso de rehabilitación integral del Ejército Nacional, Nelson practicó el fútbol con muletas y bastones canadienses. Su acondicionamiento físico fue rápido, ya que ese mismo año viajaría a los Juegos Nacionales Paralímpicos en Cali, aunque escogió la disciplina del tenis de mesa en prótesis, ya que aún veía muy lejos el fútbol.
Nelson se animó a estudiar ingeniería de sistemas, pero alcanzó a cursar dos semestres hasta que nació su primer hijo y debió retirarse, ya que la situación económica no le permitía sostener los estudios y el hogar. Entró a trabajar en la Agencia del Servicio Público de Empleo como promotor de empleabilidad, cargo que le gustó porque él y todos sus compañeros eran víctimas de diferentes sectores sociales y su labor consistía en ayudar a otras víctimas a conseguir un empleo. Cuando lo iban a desvincular, un año después, le hicieron una capacitación neurolingüística con un mensaje que le quedó en su mente: ser su propio jefe.
Por esa época, las Fuerzas Militares estaban convocando a las víctimas de sus instituciones a que conformaran organizaciones de base para participar de los beneficios de la naciente Ley 1448 de 2011 de Víctimas y Restitución de Tierras. En ese marco, se creó la Fundación Héroes de Paz, una organización de víctimas de minas antipersonal y del Ejército Nacional. A Nelson se le ocurrió que quizá podrían jugar microfútbol con prótesis a partir de una experiencia personal que tuvo con unos amigos del barrio:
Nelson Enrique Ramírez Leal dirigiendo el balón durante partido de exhibición con el Fútbol Club Héroes de Honor con el Proyecto Gol & Paz. Fotografía: Nelson Enrique Ramírez Leal para el CNMH, 2017.
Nelson Enrique Ramírez Leal durante un partido de exhibición del Futbol Club Héroes de Honor con el Proyecto Gol & Paz. Fotografía: Nelson Ramírez para el CNMH, 2017.
Varios de sus amigos víctimas respondieron a la invitación y así nació el Fútbol Club Héroes de la Patria que, desde el primero de enero de 2016, se convertiría en el Club Héroes de Honor. Tomar el liderazgo de esta iniciativa era para Nelson un reto muy grande, pues no consideraba fácil estar detrás de un balón en la situación del país. Empezó a hacer parte de la Mesa Local de Víctimas de la localidad de Santa Fe; allí representaba al sector de víctimas de minas antipersonal y participó en muchos eventos y reuniones.
Poco a poco, el proyecto fue creciendo, al punto de que hoy este emprendedor destacado no solo volvió a practicar el deporte que desde niño fue su pasión, sino que lidera una iniciativa de un grupo de hombres que hacen deporte, defienden los derechos de las víctimas militares, previenen a las comunidades rurales de las minas antipersonal e inspiran a la sociedad llevando un mensaje de resiliencia y unión por medio de un balón de fútbol. Si antes Nelson quiso ser suboficial del Ejército Nacional para comandar un grupo de soldados con la idea de tomar venganza, ahora lidera un equipo de deportistas con el que buscan la reconciliación.
Nelson y el Club Deportivo Héroes de Honor han ganado visibilidad a partir de los mensajes positivos que logran movilizar. También han tenido múltiples oportunidades de dar a conocer su labor en emisoras de radio y canales de televisión. A Nelson esto lo llena de mucha alegría porque hoy en día se asume como formador de nuevas generaciones que vienen detrás.
Nelson Enrique Ramírez Leal y su primer amor, Lisser, en el homenaje del Día del Héroe Nacional. Fotografía: Nelson Enrique Ramírez Leal para el CNMH, 2020.
9. “Aparte para qué son para cuidar sus campos llenos de coca, sus cultivos ilícitos, para cubrirse de la Fuerza Pública, para poder escapar o para causar estas lesiones a los miembros de la Fuerza Pública, pues también se vuelven una bomba económica de tiempo para el país, eso es un golpe económico, es un daño innecesario.” (Nelson Ramírez, comunicación personal, 7 de noviembre de 2020).
10. “me salí a jugar y en el primer ejercicio del primer día fue muy chistoso porque le pegué a la prótesis y como no era de muy buena calidad la pierna salió volando, por allá cayó y yo me fui de jeta, pero como era una cancha sintética me pude parar, me dio fue risa y todo mundo tenía la cara asombrada de preocupación, todo mundo estaba como que llamen a una ambulancia ¡ese se nos desbarató! y yo simplemente me paré, me la volví a poner y seguí jugando. Ahí empecé a pensar de que esto como que sí podía ser realidad, entonces después empezaron a haber muchas maratones en Bogotá y unas que nos involucraron mucho como la Carrera de los Héroes, la Matamoros, y entre otras carreras, como las que organizaba Presta tu pierna, la Media Maratón de Bogotá y, digamos, que nos empezamos a encontrar muchos amigos que en el camino de la recuperación nos habíamos visto, entonces yo les decía a todos que si querían participar de la fundación, que iba a trabajar por los derechos y la defensa de los mismos” (Nelson Ramírez, comunicación personal, 7 de noviembre de 2020).