TENIENTE
NICOLÁS ANDRÉS BEDOYA GONZÁLEZ (Q.E.P.D.)
Fuerza Aérea Colombiana
TENIENTE
NICOLÁS ANDRÉS BEDOYA GONZÁLEZ (Q.E.P.D.)
Fuerza Aérea Colombiana
La aviación era su sueño
Nicolás Andrés nació el 3 de septiembre de 1985 en la ciudad de Medellín en el hogar conformado por Nicolás Alberto Bedoya y Ofelia Inés González. Él le llevaba siete años a su único hermano. Para su mamá ellos eran los hijos “a blanco y negro y a color”: Nicolás Andrés, de tez trigueña y ojos cafés, y su hermano, rubio y ojos miel. Ambos crecieron en una familia unida y emprendedora. El padre ha trabajado en una empresa sobresaliente en la industria de los empaques y la madre trabajó en el área de sistemas en sus últimos años laboral.
La niñez de Nicolás Andrés fue un gran tesoro para su familia, pues su alegría, amor, sencillez, orden e inocencia llenó de vida todos los rincones de su hogar. Su afición por Superman fue muy marcada. Posiblemente, de allí surgió su interés a temprana edad por el vuelo y la aviación.
Su habitación siempre estuvo decorada con imágenes de aviones y helicópteros, tal como lo relata su mamá en el libro que escribió en su memoria.
(González A., 2013)
La aviación era su sueño
Nicolás Andrés nació el 3 de septiembre de 1985 en la ciudad de Medellín en el hogar conformado por Nicolás Alberto Bedoya y Ofelia Inés González. Él le llevaba siete años a su único hermano. Para su mamá ellos eran los hijos “a blanco y negro y a color”: Nicolás Andrés, de tez trigueña y ojos cafés, y su hermano, rubio y ojos miel. Ambos crecieron en una familia unida y emprendedora. El padre ha trabajado en una empresa sobresaliente en la industria de los empaques y la madre trabajó en el área de sistemas en sus últimos años laboral.
La niñez de Nicolás Andrés fue un gran tesoro para su familia, pues su alegría, amor, sencillez, orden e inocencia llenó de vida todos los rincones de su hogar. Su afición por Superman fue muy marcada. Posiblemente, de allí surgió su interés a temprana edad por el vuelo y la aviación.
Su habitación siempre estuvo decorada con imágenes de aviones y helicópteros, tal como lo relata su mamá en el libro que escribió en su memoria.
(González A., 2013)
Cuadro pintado por Nicolás Andrés Bedoya González siendo niño. Fotografía: Ofelia Inés González Agudelo, 1993.
Nicolás Andrés Bedoya González durante su entrenamiento de natación para las competencias departamentales. Fotografía: Ofelia Inés González Agudelo, 1995.
Desde los seis años ingresó al Club Huracanes de natación, lo que alternaba con el tenis, deporte que aprendió en el Club el Bosque. En ambas disciplinas deportivas compitió a nivel departamental. En la adolescencia dejó la natación y pasó al fútbol, otro de sus deportes favoritos, entrenando en la Escuela Luis Alfonso Marroquín.
Mientras cursaba el grado once, Nicolás Andrés había decidido ingresar a la Fuerza Aérea Colombiana porque su sueño era ser piloto militar de helicópteros Black Hawk y comandante de una base aérea. Fue un estudiante destacado en el colegio durante su etapa de educación secundaria. Al principio, sus padres y su hermano se sintieron desconcertados de que este joven tranquilo, que gustaba la vida apacible, hubiera elegido un camino tan opuesto a su forma de ser, donde la disciplina y la obediencia están al orden del día.
En el año 2004, ingresó con 18 años cumplidos a la Escuela Militar de Aviación Marco Fidel Suárez de la Fuerza Aérea Colombiana, en la ciudad de Santiago de Cali. Sus familiares estaban felices porque Nicolás Andrés iniciaba la carrera que soñaba, aunque les era difícil soportar la ausencia propia de la vida militar. Como un ritual, sus padres, los lunes y jueves en la noche, estaban al pie del teléfono esperando la llamada de su hijo.
Cada comunicación representaba para sus padres y hermano una inmensa alegría al enterarse de los nuevos aprendizajes que iba adquiriendo con el paso de los días.
Nicolás Andrés Bedoya González y Ofelia Inés González Agudelo en un día de visita familiar en la Escuela Militar de Aviación “Marco Fidel Suárez, ubicada en Santiago de Cali, durante su primer año como cadete. Fotografía: Ofelia Inés González Agudelo a la Escuela Militar de Aviación “Marco Fidel Suárez” 2004.
Retomó la natación como su disciplina deportiva favorita y, además, hizo parte del equipo que representó a la Escuela Militar de Aviación Marco Fidel Suárez en los Juegos Interescuelas de Cadetes.
Cuando finalizó el año 2006, la familia se fue de vacaciones al mar y, recostado junto a la ventana del hotel, mirando al infinito, Nicolás Andrés escribió con arrojo:
Nicolás Andrés Bedoya González a bordo de un planeador. Fotografía: Ofelia Inés González Agudelo, 2007.
Así fue. Se graduó como oficial de la Fuerza Aérea Colombiana en diciembre de 2007 y fue uno de los estudiantes más sobresalientes del curso 80. Inició las prácticas de vuelo en el Comando Aéreo de Combate N.° 4 TC. Luis Francisco Pinto Parra, ubicada en Melgar, Tolima, donde inició su curso de piloto básico de helicópteros.
La última prueba
Foto de perfil de Nicolás Andrés Bedoya González en el grado de Subteniente de la Fuerza Aérea Colombiana. Fotografía: Ofelia Inés González Agudelo, 2007.
Faltaba una semana para la ceremonia de graduación y, dentro de las actividades del curso básico de helicópteros, se debía realizar una última misión de chequeo en helicóptero tipo Bell Ranger 306. A las siete de la noche del 4 de agosto de 2008, despegaron simultáneamente tres aeronaves en formación y sus instructores a bordo. Debían aterrizar en un sitio despoblado conocido como cerro El Paso, a pocos kilómetros del Comando Aéreo de Combate N.° 4.
Cuando el helicóptero que piloteaba Nicolás Andrés tocó suelo, una fuerte explosión, producto de un campo minado preparado por guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC-EP), los sorprendió, destruyó el helicóptero y cegó la vida de Nicolás Andrés, así como la del resto de la tripulación: el teniente coronel Carlos Alberto Gutiérrez Zuluaga y el técnico subjefe William Zambrano Triana1.
Su mamá Ofelia describió así ese momento:
Nicolás Andrés Bedoya González junto al helicóptero Bell Ranger 306, días previos al atentado. Fotografía: Ofelia Inés González Agudelo para el CNMH, 2008.
“Nicolás Andrés está preparado para descender exactamente en un punto despejado que difícilmente deja ver la espesura. A la orden del instructor se dispone con el procedimiento de aterrizaje. Lo hace ágilmente, con cautela. Maniobra perfectamente el helicóptero, manteniendo el control y el equilibrio del aparato. Entra en medio de la arboleda, iluminando el estrecho espacio con la débil luz infrarroja que le permite su casco.
Mientras aterriza se dice mentalmente: “¡Lo logré!… ¡Lo logré!… ¡Me gradué! ¡Tengo mis alas doradas! ¡Soy piloto militar!”.
(González A., 2013).
Nicolás Andrés Bedoya González sobre el plano de un avión de entrenamiento Mentor T-34. Fotografía: Ofelia Inés González Agudelo, 2006.
Sucedido el hecho, la Fuerza Aérea Colombiana expidió un comunicado donde expresó las condolencias por el fallecimiento de sus tres miembros e informó que, según los hallazgos en terreno, “se encontraron evidencias que indican que se trató de un atentado terrorista”2. En la nota se señaló como presuntos responsables a la Columna Móvil Teófilo Forero de las FARC-EP como los autores intelectuales. Otras fuentes periodísticas señalaron al Frente 51 de las FARC-EP3.
La revista Semana llamó la atención sobre una posible reorganización de las FARC-EP en esa zona y titularon la nota de prensa con el interrogante “¿Volvieron las FARC al centro del país?”, ya que desde varios años atrás no se presentaban hechos violentos de conflicto armado en la región, básicamente, desde que se ejecutaron las Operaciones Libertad I y II por parte de las Fuerzas Militares y se aseguró el corredor estratégico que conecta los departamentos de Cundinamarca, Meta y Tolima4.
En efecto este hecho hizo parte del proceso contra ofensivo que, desde el año 2007, lanzaron las FARC-EP desde La Uribe, Meta, cuando alias el Mono Jojoy y alias Romaña ordenaron un plan para recuperar presencia en Cundinamarca, el cual contemplaba el desplazamiento de unos 900 guerrilleros a través de Huila, Tolima y el páramo de Sumapaz, con el objetivo de acercarse a la población de Cabrera5.
Este fue el primer hecho en la historia reciente del país en que se atacaba a personal militar que se encontraba en proceso de entrenamiento, una clara infracción al derecho internacional humanitario (DIH).
La última prueba
Foto de perfil de Nicolás Andrés Bedoya González en el grado de Subteniente de la Fuerza Aérea Colombiana. Fotografía: Ofelia Inés González Agudelo, 2007.
Faltaba una semana para la ceremonia de graduación y, dentro de las actividades del curso básico de helicópteros, se debía realizar una última misión de chequeo en helicóptero tipo Bell Ranger 306. A las siete de la noche del 4 de agosto de 2008, despegaron simultáneamente tres aeronaves en formación y sus instructores a bordo. Debían aterrizar en un sitio despoblado conocido como cerro El Paso, a pocos kilómetros del Comando Aéreo de Combate N.° 4.
Cuando el helicóptero que piloteaba Nicolás Andrés tocó suelo, una fuerte explosión, producto de un campo minado preparado por guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC-EP), los sorprendió, destruyó el helicóptero y cegó la vida de Nicolás Andrés, así como la del resto de la tripulación: el teniente coronel Carlos Alberto Gutiérrez Zuluaga y el técnico subjefe William Zambrano Triana1.
Su mamá Ofelia describió así ese momento:
“Nicolás Andrés está preparado para descender exactamente en un punto despejado que difícilmente deja ver la espesura. A la orden del instructor se dispone con el procedimiento de aterrizaje. Lo hace ágilmente, con cautela. Maniobra perfectamente el helicóptero, manteniendo el control y el equilibrio del aparato. Entra en medio de la arboleda, iluminando el estrecho espacio con la débil luz infrarroja que le permite su casco.
Mientras aterriza se dice mentalmente: “¡Lo logré!… ¡Lo logré!… ¡Me gradué! ¡Tengo mis alas doradas! ¡Soy piloto militar!”.
(González A., 2013).
Nicolás Andrés Bedoya González junto al helicóptero Bell Ranger 306, días previos al atentado. Fotografía: Ofelia Inés González Agudelo para el CNMH, 2008.
Nicolás Andrés Bedoya González sobre el plano de un avión de entrenamiento Mentor T-34. Fotografía: Ofelia Inés González Agudelo, 2006.
Sucedido el hecho, la Fuerza Aérea Colombiana expidió un comunicado donde expresó las condolencias por el fallecimiento de sus tres miembros e informó que, según los hallazgos en terreno, “se encontraron evidencias que indican que se trató de un atentado terrorista”2. En la nota se señaló como presuntos responsables a la Columna Móvil Teófilo Forero de las FARC-EP como los autores intelectuales. Otras fuentes periodísticas señalaron al Frente 51 de las FARC-EP3.
La revista Semana llamó la atención sobre una posible reorganización de las FARC-EP en esa zona y titularon la nota de prensa con el interrogante “¿Volvieron las FARC al centro del país?”, ya que desde varios años atrás no se presentaban hechos violentos de conflicto armado en la región, básicamente, desde que se ejecutaron las Operaciones Libertad I y II por parte de las Fuerzas Militares y se aseguró el corredor estratégico que conecta los departamentos de Cundinamarca, Meta y Tolima4.
En efecto este hecho hizo parte del proceso contra ofensivo que, desde el año 2007, lanzaron las FARC-EP desde La Uribe, Meta, cuando alias el Mono Jojoy y alias Romaña ordenaron un plan para recuperar presencia en Cundinamarca, el cual contemplaba el desplazamiento de unos 900 guerrilleros a través de Huila, Tolima y el páramo de Sumapaz, con el objetivo de acercarse a la población de Cabrera5.
Este fue el primer hecho en la historia reciente del país en que se atacaba a personal militar que se encontraba en proceso de entrenamiento, una clara infracción al derecho internacional humanitario (DIH).
- Semana.com (2008, 5 de agosto) “¿Volvieron las Farc al centro del país?”, disponible en https://www.semana.com/volvieron-farc-centro-del-pais/94401-3/, recuperado el 30 de abril de 2020.
- Semana.com (2008, 5 de agosto) “¿Volvieron las Farc al centro del país?”, disponible en https://www.semana.com/volvieron-farc-centro-del-pais/94401-3/, recuperado el 30 de abril de 2020.
- Semana.com (2008, 5 de agosto) “¿Volvieron las Farc al centro del país?”, disponible en https://www.semana.com/volvieron-farc-centro-del-pais/94401-3/, recuperado el 30 de abril de 2020.
- Afirman en la revista que, según fuentes militares consultadas por ellos, “reductos del Bloque Oriental de las Farc se están abriendo paso nuevamente en el centro del país por orden del ‘Mono Jojoy’ y de ‘Romaña’ que están sacando insurgentes de otros frentes para esta tarea. Muy seguramente, los autores de este atentado hacen partede esta reorganización.” Y agregan que: “estos movimientos de las Farc son presionados por el cerco que hombres del Ejército les hicieron a los guerrilleros en una cuchilla conocida como Altamizal, entre los departamentos de Meta y Cundinamarca.” Tomado de: Semana.com (2008, 5 de agosto) “¿Volvieron las Farc al centro del país?”, disponible en https://www.semana.com/volvieron-farc-centro-del-pais/94401-3/, recuperado el 30 de abril de 2020.
- Ugarriza, Juan. E. & Pabón A., Nathalie, (2017), Militares y guerrillas: la memoria histórica del conflicto armado en Colombia desde los archivos militares 1958-2016, Editorial Universidad del Rosario, Bogotá.
Las ruinas que vacincelando el tiempo
Las ruinas que va cincelando el tiempo
Durante un tiempo prolongado la señora Ofelia no se podía concentrar en sus actividades de capacitación de sistemas, pues en su mente trataba de recrear incesantemente cómo habría sido la escena de ese espantoso suceso que vivió su hijo. Eso la mortificaba y la sumía en profundo llanto y tristeza. Para ella la vida se convirtió en el espectáculo de unas ruinas.
Insignias de grado Teniente, medalla militar ‘Águila de Gules’ y alas doradas de piloto militar otorgadas a Nicolás Andrés Bedoya González. Fotografía: Ofelia Inés González Agudelo, 2019.
Los padres de Nicolás Andrés vieron cómo sus sueños fueron truncados por el ataque de este grupo guerrillero. El hermano de Nicolás Andrés se convirtió en el portador de todas las esperanzas y anhelos de la familia. Es quien les da color a sus vidas. Sus padres sienten que sus logros personales y profesionales son también los logros de su hermano.
Libreta de apuntes de Nicolás Andrés Bedoya González.
Nicolás Andrés Bedoya González en formación militar. Fotografía: Ofelia Inés González, 2008.
El país perdió a un gran piloto. Su ejemplo y experticia fue el reflejo de las decisivas operaciones aéreas que se realizaron para enfrentar y diezmar a los grupos armados organizados que tanto daño han causado a nuestro país.
Trofeo de reconocimiento a Nicolás Andrés Bedoya González por ser el primer puesto del curso No. 4 PBH y busto conmemorativo de sus compañeros del Curso No. 80 de Oficiales. Fotografía: Ofelia Inés González, 2019.
La escritura como desahogo
La escritura como desahogo
Libreta de apuntes de Nicolás Andrés Bedoya González.
Siete meses después de la muerte de su hijo, el 17 de febrero de 2009, un avión fantasma se accidentó cerca del Comando Aéreo de Combate N.° 1, ubicado en Puerto Salgar, Cundinamarca, donde fallecieron dos compañeros del curso N.° 80, el mismo de Nicolás Andrés, que estaban en la tripulación.
A Ofelia la noticia le revivió todas las emociones experimentadas por la pérdida reciente de su hijo y sintió un profundo deseo de solidaridad. Ella quería ofrecer consuelo a las familias que estaban pasando por ese intenso dolor, aunque no sabía cómo hacerlo. Un compañero de trabajo que conocía lo que escribía le sugirió que ella tenía un instrumento muy valioso: sus poemas.
Nicolás Andrés Bedoya González junto a un avión Tucano T-27. Fotografía: Ofelia Inés González Agudelo, 2006.
Motivada por el reconocimiento de su compañero, Ofelia se propuso escribir un libro, pero determinó que los poemas no eran suficientes, así que comenzó a narrar cómo fue su proceso de duelo y al final de cada capítulo incluyó los poemas que tenía. Así, dio vida a su primer libro “En la vida continuas”, que se convirtió en una herramienta de ayuda psicosocial para otras familias que pierden a un ser querido de manera trágica.
Posteriormente, Ofelia escribió un segundo libro titulado Los ojos que nunca cerré, en el cual narra la vida de Nicolás Andrés desde pequeño, el proceso de formación como piloto y de qué manera su ser sigue presente en el ambiente familiar, pues él significaba alegría y bondad en el hogar.
Dice Ofelia, jocosamente, que si llegase a faltarle la memoria en su vejez podría abrir el libro e inspirarse con la historia de ese muchacho tan bonito que está allí relatada. Por ahora, ha sido un mecanismo valioso de desahogo personal.
Nicolás Andrés permanece vivo en cada escrito de la señora Ofelia Inés González Agudelo, en cada pensamiento de su familia y en cada espacio de su hogar. Sus ojos no se han cerrado porque su memoria permanece viva en sus seres queridos, quienes exigen justicia y no repetición.
Portada de los libros en memoria de Nicolás Andrés Bedoya González. Fotografía: Ofelia Inés González Agudelo, 2020.
Sin ti
Tomado de: Los ojos que nunca cerré, 2013
Sin ti
Tomado de: Los ojos que nunca cerré, 2013