DÍA INTERNACIONAL DE LA NO VIOLENCIA: 2 DE OCTUBRE
Las voz de la infancia frente a la violencia: memoria, cuidado y posibilidades de transformación
Cada 2 de octubre, el Día Internacional de la No Violencia invita a reflexionar sobre la necesidad de construir sociedades en las que las diferencias puedan tramitarse mediante el diálogo, el respeto y el reconocimiento de la dignidad humana. En Colombia, esta fecha adquiere un significado particular cuando se observa desde las experiencias de quienes han vivido las consecuencias del conflicto armado y, especialmente, desde las voces la infancia y la adolescencia.
Hablar de no violencia implica no solamente rechazar las distintas formas de violencia, sino también preguntarnos por las condiciones que permiten prevenirlas, transformar las relaciones que las reproducen y construir entornos en los que todas las personas puedan desarrollar sus proyectos de vida con dignidad.
En este camino, la memoria histórica cumple un papel fundamental. Recordar, escuchar y reconocer lo ocurrido permite comprender las huellas que la violencia ha dejado en las comunidades y, al mismo tiempo, identificar las capacidades, los saberes y las formas de afrontamiento que han permitido a las personas y los territorios continuar construyendo sus vidas.
Dentro de este ejercicio resulta fundamental escuchar la voz de la infancia; sus experiencias durante el conflicto armado han sido atravesadas por múltiples formas de violencia, pero sus relatos no se reducen a las experiencias de victimización; también contienen preguntas, aprendizajes, sueños, propuestas y maneras propias de imaginar otros futuros.
Reconocer estas voces implica comprenderles como sujetos de derechos, de memoria y de participación, con capacidades para aportar a la construcción de relaciones basadas en el cuidado, el respeto y la convivencia.
Las huellas del conflicto armado en sus vidas
En territorios marcados por la presencia y permanencia de actores armados y por diferentes formas de violencia, la infancia ha experimentado afectaciones profundas y diferenciadas.
Estas afectaciones también se expresan en la vida cotidiana: en el miedo, la incertidumbre, la ruptura de vínculos familiares y comunitarios, las restricciones para jugar, estudiar o desplazarse libremente y la pérdida de espacios seguros para crecer.
Las cifras reunidas en este tablero, que pueden consultarse al final de este texto, permiten aproximarse a la magnitud y a los patrones de estas afectaciones. El tablero registra 41.215 niños, niñas y adolescentes víctimas de los hechos de violencia analizados. Sin embargo, esta cifra puede complementarse con otros registros e investigaciones que permiten dimensionar, desde diferentes perspectivas, la afectación de la niñez y la adolescencia en el marco del conflicto armado.
En particular, la Jurisdicción Especial para la Paz, estableció un universo provisional de 18.677 víctimas únicas de reclutamiento y utilización de niñas y niños por parte de las extintas FARC-EP. A esta dimensión histórica se suma la persistencia de esta forma de violencia en años recientes. De acuerdo con datos de la Defensoría del Pueblo analizados por Human Rights Watch, aproximadamente 1.500 niños, niñas y adolescentes fueron víctimas de reclutamiento por grupos armados desde 2021, con un aumento significativo de los casos reportados a partir de 2023.
Estas cifras provienen de fuentes, metodologías y periodos diferentes, por lo que no deben sumarse ni entenderse como un único universo de víctimas. Leídas en conjunto, permiten reconocer tanto la dimensión histórica del reclutamiento y la utilización de niños, niñas y adolescentes en el conflicto armado como la continuidad de esta problemática en contextos actuales de violencia. Las cifras no deben leerse únicamente como números. También permiten comprender cómo, cuándo y dónde el conflicto armado afectó de manera diferenciada a los niños, niñas y adolescentes.
En el conjunto de hechos analizados por el tablero se observan, además, diferencias según el sexo. En ambos grupos, el reclutamiento y la utilización constituye la principal modalidad de victimización. Sin embargo, las cifras muestran diferencias en otros repertorios de violencia: mientras entre los niños tienen mayor presencia hechos como los asesinatos selectivos, entre las niñas la violencia sexual adquiere una relevancia particular dentro de los patrones de afectación.
Estas diferencias permiten comprender que los impactos del conflicto armado no han sido homogéneos. Se han configurado de manera diferenciada en función de la edad, el sexo y las dinámicas de violencia presentes en los territorios y contextos de vida de los niños, niñas y adolescentes.
Una generación marcada por los años de mayor intensidad de la violencia
La evolución temporal de las cifras muestra que los hechos victimizantes tuvieron su mayor concentración entre 1996 y 2005. Durante esta década se concentra el 42,99 % del total de víctimas registradas en el tablero.
Estas cifras permiten comprender que la intensificación del conflicto armado durante esos años tuvo consecuencias profundas para toda una generación de niños y adolescentes. Para muchos de ellos, crecer significó hacerlo en medio de la confrontación armada, las amenazas, el reclutamiento, el desplazamiento y otras formas de violencia que transformaron sus entornos familiares, comunitarios y territoriales.
Más allá de identificar un periodo de mayor concentración estadística, estos datos recuerdan que la violencia tiene una temporalidad, pero sus consecuencias pueden permanecer durante toda la vida.
Las afectaciones producidas durante la niñez y la adolescencia pueden transformar las trayectorias de vida, los vínculos y las formas de relacionarse con los territorios.
Por eso, hablar de no violencia también implica reconocer y comprender las huellas que las violencias han dejado, para evitar que aquello que ocurrió sea naturalizado, olvidado o repetido.
La violencia también tiene geografías y afectaciones étnicamente diferenciadas
Las experiencias de victimización también presentan patrones territoriales y étnicos diferenciados. Del total de víctimas registradas en el tablero, 946 corresponden a víctimas indígenas y 1.492 a víctimas negras, afrocolombianas, raizales y palenqueras.
Los datos muestran que estas afectaciones no se distribuyen de manera homogénea en el territorio nacional; negros, afrocolombianos, raizales y palenqueros víctimas presentan una mayor concentración en departamentos de la región Pacífica, mientras que las víctimas indígenas tienen una presencia particularmente significativa en territorios como Cauca y Chocó.
En ambos grupos, el reclutamiento y la utilización aparece como el principal patrón de victimización. Esto evidencia cómo las dinámicas del conflicto armado han afectado de manera particular a comunidades y pueblos cuyos territorios han estado atravesados por la presencia de actores armados y diferentes formas de violencia.
Reconocer estas diferencias resulta fundamental para comprender que las afectaciones del conflicto armado no pueden analizarse únicamente desde las cifras nacionales.
El territorio y la pertenencia étnica también influyen en las formas en que los niños han vivido la guerra y en los recursos comunitarios y culturales desde los cuales han resistido y reconstruido sus vidas.
También hay preguntas pendientes sobre quiénes ejercieron la violencia
Comprender las afectaciones que el conflicto armado produjo en sus vidas, también implica preguntarse por los actores relacionados con los hechos de violencia. La información reunida en el tablero permite acercarse a esta dimensión y reconocer, al mismo tiempo, que aún existen preguntas pendientes para el esclarecimiento de lo ocurrido.
Los datos muestran que 14.652 víctimas corresponden a casos en los que el presunto responsable aparece como desconocido. Esta cifra evidencia que para una parte importante de los hechos registrados no fue posible identificar un actor específico, lo que representa uno de los desafíos que aún persisten en la construcción de verdad sobre las violencias que afectaron a los niños y adolescentes durante el conflicto armado.
Entre los casos en los que existe información sobre el presunto responsable, las categorías con mayor número de víctimas corresponden a las guerrillas, con 10.740 víctimas, y los grupos paramilitares, con 9.640 víctimas.
Estos datos permiten reconocer que la infancia y la adolescencia ha estado expuesta a las dinámicas de diferentes actores armados y a múltiples formas de violencia en los territorios.
Mirar esta información permite comprender que las afectaciones contra los niños no ocurrieron de manera aislada. Estuvieron relacionadas con dinámicas más amplias del conflicto armado, con la presencia y actuación de distintos actores y con las formas particulares en que la violencia transformó la vida cotidiana de las comunidades.
La información sobre los presuntos responsables, así como los casos en los que aún no ha sido posible identificarlos, recuerda que la memoria también implica seguir haciendo preguntas y buscando respuestas sobre lo ocurrido.
Este es un paso fundamental para avanzar en el esclarecimiento de la verdad y comprender las profundas huellas que la guerra ha dejado en sus vidas.
La memoria que transforma: escuchar sus voces.
Pero las cifras no cuentan toda la historia. La memoria histórica también permite acercarse a aquello que piensan, sienten, recuerdan, imaginan y esperan. En un proceso de memoria desarrollado durante 2026 en el Sur de Bolívar, fue posible evidenciar, desde sus propias voces, que los niños y adolescentes tienen experiencias, preguntas, recuerdos, emociones y maneras particulares de comprender lo ocurrido en sus territorios. Cuando se les preguntó ¿qué significa la memoria?, respondieron: “Es recordar”; “Es algo que le ayuda a las personas”; “Es recordar a las personas, pensamientos, recuerdos y lo sucedido en el pasado para no olvidar nuestra identidad”.
Estas respuestas muestran que, para la infancia, la memoria no es únicamente el recuerdo de hechos dolorosos. También es una forma de cuidar la identidad, fortalecer los vínculos con las personas que aman y comprender quiénes son y de dónde vienen. Acercarse a sus memorias requiere, por ello, encontrar caminos que permitan escuchar sus lenguajes y reconocer las múltiples formas en que expresan aquello que sienten, recuerdan, imaginan y esperan.
Crear para expresar, imaginar y acompañar
Los niños y adolescentes no siempre expresan sus experiencias únicamente a través de las palabras. El juego, la imaginación, los dibujos, los cuentos, los personajes y las creaciones artísticas son también formas de lenguaje mediante las cuales pueden comunicar aquello que piensan, sienten y comprenden sobre el mundo que los rodea. Por esta razón, el arte y la creatividad se convirtieron en caminos fundamentales dentro de este proceso de construcción de memoria.
Crear permitió abrir espacios de expresión y diálogo en los que ellos y ellas pudieron imaginar, narrar y compartir sus ideas desde sus propios lenguajes. Acercarse a sus experiencias a través de la creación artística no significa buscar respuestas ocultas en cada dibujo o personaje. Significa, ante todo, reconocer que los niños tienen maneras propias de construir y comunicar sus narrativas y que el arte puede ofrecer un espacio seguro y significativo para ponerlas en circulación. La imaginación permitió acercarse a preguntas profundas sin exigir que los niños relataran directamente aquello que les había ocurrido. A través de personajes, historias y mundos posibles, pudieron hablar también de los miedos, los sueños, las dificultades, la esperanza y la fuerza que reconocen como importantes para seguir adelante.
Palabras que acompañan: otras formas de responder a la violencia
En uno de los espacios desarrollados durante el proceso, los niños participaron en una experiencia de creación inspirada en situaciones y desafíos que pueden atravesar los niños en contextos marcados por la violencia y el desplazamiento.
A través de la imaginación, crearon personajes que pudieran convertirse en nuevos amigos y compañeros de otros niños que estuvieran atravesando momentos difíciles. Estos personajes no solo tenían una apariencia o un nombre. Cada uno fue acompañado por mensajes de aliento, esperanza y fortaleza. La creación permitió que los niños pusieran en palabras aquello que consideran importante cuando alguien enfrenta una situación difícil.
Al imaginar qué le dirían a otro niño para acompañarlo, también fueron reconociendo recursos presentes en sus propias experiencias: la esperanza, la amistad, los sueños, la posibilidad de continuar, el apoyo de otras personas y la confianza en que las dificultades pueden transformarse.









Estas palabras permiten reconocer que los niños y adolescentes no solamente recuerdan las violencias que han atravesado sus territorios. También imaginan otras maneras de vivir y relacionarse. Y esa capacidad de imaginar otros futuros tiene un lugar importante en la construcción de memoria.
Para ellos, la paz tiene significados concretos. Significa poder vivir la infancia plenamente: jugar, aprender, caminar con tranquilidad, compartir con la familia y crecer en un territorio donde la vida sea protegida. Sus propias voces lo expresan:
“Mi sueño es ver a mi país libre del conflicto armado, donde nosotros los niños podamos salir a jugar sin miedo”; “Queremos paz… no queremos que le hagan daño a la gente con las minas”; “Quiero que vivamos felices… que podamos ir a la escuela, correr sin miedo en nuestros campos y caminar por nuestros caminos sin miedo”.
Estas voces permiten comprender que la construcción de paz y de relaciones no violentas también debe partir de sus experiencias y necesidades. Para un niño, la paz no es solamente una idea abstracta ni un acuerdo entre adultos. La paz se experimenta en la posibilidad de salir a jugar sin miedo, asistir a la escuela, caminar por el territorio con tranquilidad, permanecer junto a la familia y construir proyectos de vida.
El Día Internacional de la No Violencia nos invita a pensar que transformar la violencia no consiste únicamente en rechazarla. También implica construir condiciones para que otras formas de relacionarnos sean posibles. Escuchales es una de ellas; reconocer sus memorias, tomar en serio sus preguntas, permitir que expresen sus emociones, garantizar espacios para jugar, crear y participar y reconocer sus sueños son también formas de construir entornos en los que puedan crecer libres de violencias.
Por eso, en este Día Internacional de la No Violencia, sus voces nos recuerdan que construir sociedades donde la violencia no determine la vida cotidiana requiere escuchar a quienes han vivido sus consecuencias, reconocer sus experiencias y permitir que participen en la construcción de los futuros que desean.
Nota metodológica: El Sistema de Información de Eventos de Violencia del Conflicto Armado Colombiano- SIEVCAC documenta casos y víctimas directas o que sufrieron en carne propia el hecho victimizante. Adicionalmente, y en reconocimiento al trabajo institucional del Sistema de Información de Población Desplazada (SIPOD), asumido por el Registro Único de Víctimas (RUV), no se documenta el Desplazamiento Forzado. El corte de la información es: 31 de marzo de 2026.